15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939

miércoles, 25 de febrero de 2009

Obituario: Luis Andrés Edo. Activista anarquista que dedicó su vida a la “Idea” y a la lucha por la libertad





Con la muerte de Luis Andrés Edo a la edad de 83 años en Barcelona, el movimiento anarquista ha perdido a un excepcional militante y original pensador, y yo he perdido a un compañero de armas, un antiguo compinche de celda –y un amigo irreemplazable.

Hijo de un guardia civil, Luis nació en los cuarteles de la “benemérita” en Caspe (Zaragoza) en 1925, pero al año siguiente su familia se trasladó a Barcelona cuando su padre, Román, fue destinado al nuevo cuartel del barrio barcelonés de Sants, donde pasó su infancia, educado por curas y monjas. Más tarde, después de la revolución social del 19 de Julio de 1936, con diez años, Luis se convirtió no sólo en un “niño de las barricadas”, pero también en un “hijo del CENU” (“Consell de l’Escola Nova Unificada”), las escuelas racionalistas que tomaron el testigo de la Escuela Moderna de Francesc Ferrer i Guàrdia fundada en 1901 (y clausurada en 1906). La educación que recibió allí y en las calles de la Barcelona revolucionaria cambiarían su vida.

Luis empezó a trabajar en 1939, a los 14 años, limpiando maquinaria entre otras tareas para la RENFE, donde dos años más tardé pasó a aprendiz de maquinista, y en 1941, con 16 años, se afilió a la clandestina CNT.

Estuvo en la RENFE hasta 1946, cuando después de completar su aprendizaje a los 21 años, fue arrestado y pasó un pequeño tiempo en prisión acusado de “robar patatas” de un tren, como parte de la campaña de “redistribución de alimentos” de la CNT en aquellos años de terrible hambruna. Cuando salió, pasó a trabajar en el cristal, fabricando termómetros, un trabajo que le
causaría graves y permanentes problemas de salud al ingerir mercurio y ácido fluorhídrico.

Luis fue llamado a filas en octubre de 1947 para iniciar su servicio militar, pero para diciembre ya tenía bastante del ejército de Franco y desertó, cruzando clandestinamente la frontera francesa, vestido todavía con uniforme militar. Volvió a Barcelona en 1952 después de una fuerte represión sobre la CNT en el exilio por parte de las autoridades francesas. Fue el resultado del atraco frustrado a un tren en Lyon el año anterior, con tres víctimas mortales y nueve heridos. Luis no formó parte del robo, pero la policía francesa se dedicó sistemáticamente a hacer la vida imposible a todos los exiliados anarquistas.

De vuelta en España, Luis fue arrestado con cargos por deserción en agosto de 1952 y no fue liberado hasta octubre de 1953, cuando fue reincorporado a filas –para desertar de nuevo a principios de 1954. Arrestado de nuevo, pasó seis meses en las mazmorras del infame castillo de Figueres, después de lo que –como tantos otros- fue hacia un exilio permanente en Francia, donde se dio en cuerpo y alma al movimiento de resistencia antifranquista libertario.

En París, en 1955, Luis se relacionó muy de cerca con Laureano Cerrada Santos, Otro antiguo empleado de RENFE y figura clave en la resistencia antinazi durante la Segunda Guerra Mundial y en las redes de fugas y evasiones. Cerrada fue también un as de la falsificación y una figura influyente del “demimonde” criminal francés, especialmente en los “milieux” parisinos y marselleses. Cerrada fue sin duda una de las personalidades más problemáticas, enigmáticas y misteriosas de la diáspora anarquista española. Fue Cerrada quien, en 1947, compró una lancha motora Vedette de la armada norteamericana para el transporte de armas, propaganda y militantes de Francia a España por parte del comité de defensa de la CNT; también compró el avión utilizado para el ataque aéreo al yate de Franco en San Sebastián en 1949. Pero después del intento de robo en 1951 en Lyon, Cerrada fue expulsado y marginado por la organización de la CNT oficial por “desacreditar a la organización por sus conexiones criminales”. Cerrada había estado detenido, de hecho, en Francia con cargos por falsificación durante un mes antes del atraco en Lyon. Esto no fue ápice para el Comité Nacional de la CNT en el exilio en Toulouse, que quería deshacerse de los elementos “Apaches” de la organización que amenazaban la legalidad de su plácida existencia en Francia.

En París, su relación con las Juventudes Libertarias le puso en contacto con la mayoría de las otras “caras” más conocidas de la resistencia antifranquista, hombres como Quico Sabaté, el legendario guerrillero urbano, y José Pascual Palacios, de la comisión de defensa de la CNT, el hombre responsable de coordinar a los grupos de acción operando en España y descrito por el jefe de policía de Barcelona, Eduardo Quintela, como el “Enemigo Público Número Uno” de España.

Fue Luis quien organizó una reunión entre “el Quico” y el antiguo general del ejército del PCE “El Campesino” en 1959, bajo petición de éste último, poco antes de la muerte de Sabaté a manos de los servicios de seguridad franquistas. En este periodo en París, trabajó en el Teatro Alhambra-Maurice Chevalier como asistente del pintor de decorados Rafael Aguilera, el famoso artista de Ronda. Lo que poca gente sabía era que Aguilera –un héroe de la Guerra Civil y de la Resistencia, que había sido encarcelado por los nazis- era también responsable del mantenimiento de un importante depósito de armas en París para la comisión de defensa de la CNT. Uno de sus escondites estaba en su taller en la buhardilla del Alhambra.

Cuando no había trabajo que hacer en el teatro, Edo y Lucio Urtubia, un íntimo amigo y protegido de Quico Sabaté, limpiaban y engrasaban esas armas. En una dramática ocasión, Lucio estaba limpiando una vieja pistola Mauser cuando se le cayó de las manos y casi levanta la tapa de los sesos a Luis.

A principios de los 60, Luis era secretario de la Alianza Obrera (CNT-UGT-STV), secretario de propaganda del comité nacional de la CNT, secretario de la federación local de la CNT en París, secretario general del comité peninsular de la FIJL en el exilio, y se mantenía muy cerca, entre otros, de Octavio Alberola, García Oliver y Cipriano Mera en su organización de “Defensa Interior”, la sección clandestina del Movimiento Libertario Español en el exilio (MLE). La función de Defensa Interior era planear y llevar a cabo acciones subversivas teniendo por objetivo el régimen franquista, y matar al propio Franco; fue para ese fin que conocí por primera vez a Luis en París en 1964, antes de dirigirme a Madrid con explosivos plásticos para ese mismo propósito.
Mi siguiente encuentro con Luis fue dos años más tarde, en la prisión de Carabanchel, tras la traición del agente policial Inocencio Martínez. Él y cuatro compañeros más fueron arrestados en octubre de 1966 por la Brigada Político-Social (BPS) –la policía secreta de Franco- y se les acusó de planear el secuestro del jefe de las fuerzas armadas norteamericanas en España, el contralmirante Norman Gilette y, supuestamente, el político argentino exiliado Juan Perón. A él se le acusó también de complicidad en el secuestro en Roma seis meses antes de Monseñor Marcos Ussia, el consejero eclesiástico español en el Vaticano, de 40 años.

Estas acciones se llevaron a cabo bajo los auspicios del Grupo Primero de Mayo, el grupo de acción anarquista autónomo internacional que sucedió a Defensa Interior después de su disolución por los dirigentes de la CNT-FAI de Toulouse a raíz de mi detención en 1964.

Luis y yo compartimos celda en la infame sexta galería de Carabanchel, la de los “políticos”. Yo para entonces acababa de cumplir los veinte años y fue él quien me enseñó a afeitarme. En esa época nos convertimos en grandes amigos y compañeros. Recuerdo con mucho agrado las largas conversaciones que manteníamos cada noche desde el cierre de puertas hasta el apagado de las luces, parecía que tratáramos cualquier tema imaginable bajo la capa del sol. Muchas de estas reflexiones las escribía con letra microscópica sobre papel cebolla que conseguíamos sacar furtivamente de la cárcel. Algunas de estas reflexiones aparecerían 40 años más tarde en su recopilación de ensayos “La Corriente”. Ciertamente, para un joven anarquista cándido y sin experiencia como yo, Luis con su carisma y fuerte personalidad fue el maestro, el mentor, el modelo y el compañero ideal. Fueron unos tiempos interesantes y de gran aprendizaje, que incluyeron dos intentos de fuga organizados por Luis con la ayuda de un grupo de acción de París. Al destaparse el plan, justo antes de su juicio, fuimos separados, transfiriéndome a mí al penal de Alcalá de Henares en el verano de 1967.

Juzgado por un Tribunal de Orden Público civil, algo inusual cuando los anarquistas como yo mismo éramos normalmente encausados bajo la ley militar por “bandolerismo y terrorismo” y juzgados por un tribunal militar, Luis fue condenado a tres años de cárcel por asociación ilícita (pertenencia a las Juventudes Libertarias), seis años por posesión ilegal de armas, y una multa de 25.000 pesetas por posesión de documentación falsa. La sentencia habría sido considerablemente más dura si se le hubiera juzgado en consejo de guerra.

Luis salió de la prisión de Jaén en 1972, habiendo recorrido un amplio espectro de las cárceles de
máxima seguridad de Franco –incluyendo las de Soria y Segovia, donde organizó comités de fuga y montó numerosas huelgas de hambre y motines, por los que pasó muchos meses en celdas de castigo. Arrestado de nuevo en 1974 acusado de asociación ilícita con los GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacional) y complicidad en el secuestro en París del banquero Baltasar Suárez, Luis fue condenado a cinco años de prisión en febrero de 1975, de los que cumplió poco más de dos, siendo excarcelado con la amnistía de la transición postfranquista, a pesar de haber organizado un enorme motín durante su estancia en la prisión Modelo de Barcelona. Fue un periodo de presidio especialmente doloroso al verse separado de su compañera Rosita y de sus dos hijos pequeños Helios y Violeta, que se quedaron en París.

Con Franco muerto, pero con sus cohortes todavía aposentadas en los asientos del poder, Luis jugó un papel clave en la reconstrucción de la CNT en Catalunya y fue uno de los organizadores del Mítin de Montjuïc, el primer encuentro público legal de la CNT desde 1939 –un evento que atrajo a 300.000 personas, pertenecientes en su mayoría a una nueva generación de jóvenes libertarios. Fue también impulsor de la organización de las “Jornadas Libertarias”, un festival anarquista internacional que siguió al Mítin y que durante cinco extraordinarios días de julio convirtió a Barcelona en un escaparate internacional –y en una fiesta- del anarquismo.

Pero el periodo de la transición entre 1976 y 1981 fue también un tiempo de grandes provocaciones por parte de la élite de poder franquista, el Búnker, que se aferraba desesperadamente a su poder y privilegios, y se oponía a ser llevada frente a la justicia por su reino de criminalidad y terror. Éstos y sus nuevos socios socialdemócratas ansiaban desacreditar y anular a los elementos radicales de las crecientes CNT y FAI –el llamado sector “Apache”. Luis estuvo una vez más en el frente denunciando la “Estrategia de Tensión” del Estado Español, que empezó en serio en enero de 1977 con la masacre de cinco abogados de izquierdas en su despacho de Atocha, dejando a cuatro más seriamente heridos, perpetrado por los mismos neofascistas italianos responsables de la similar campaña de terror que tenía lugar en Italia desde 1968.

Estos terroristas y otros paramilitares del SCOE (Servicio de Coordinación, Organización y Enlace) operaban bajo el control de Rodolfo Martín Villa, el ministro de interior fascista de Adolfo Suárez, y de su infame comisario policial Roberto Conesa Escudero. Las manos de Martín Villa y Escudero también se vieron involucradas en el fuego del Scala el 15 de enero de 1978, en que murieron cuatro personas y del que se culpó a la CNT.

Luis fue detenido de nuevo en 1980 y acusado de “formación terrorista” (organizar un grupo terrorista)–convenientemente poco antes del juicio de los acusados por el caso Scala – con el fiscal pidiendo una sentencia de 20 años, pero salió en libertad provisional en agosto de 1981 después del intento de golpe de estado de Tejero. Su caso se cerró definitivamente en 1984 por falta de pruebas.

En los siguientes 25 años –hasta el mismo momento de su fallecimiento y a pesar de la grave enfermedad que padeció durante siete años, que le debilitó seriamente- Luis contó con todo el apoyo de su compañera, Doris Ensinger, con quien compartió su vida después de separarse de forma definitiva de su primera pareja, Rosita, en 1981. Luis y Rosita se habían separado en 1976, cuando él no quiso volver a París en un momento tan crucial para la historia de España, mientras ella y sus hijos a su vez se negaban a vivir en Barcelona. Luis y Doris empezaron su relación en 1978, viviendo en pareja desde el día en que salió de la cárcel en agosto de 1981. Luis Andrés Edo fue siempre un incansable activista y un motor intelectual para el movimiento libertario internacional, constantemente provocando debate y desarrollando nuevas ideas antiautoritarias. Suya fue la voz –la consciencia, si se quiere- de los que llamaba con orgullo “el sector Apache”, defendiendo los principios anarquistas de la CNT y luchando sin tregua por la restitución del patrimonio y bienes requisados por los franquistas en 1939, y por la justicia para las víctimas del franquismo, en especial respecto al caso Delgado y Granado, los dos jóvenes anarquistas asesinados al garrote en 1963 por un crimen que no cometieron. Para al menos dos generaciones de jóvenes anarquistas españoles que lo conocieron, Luis Andrés Edo fue sin duda el modelo de inspiración de la época postfranquista. Fue para el movimiento antifranquista libertario clandestino lo que Jean Moulin fue para la resistencia francesa.

En 2002 Luis publicó “La Corriente” (originalmente titulado “El pensamiento antiautoritario”), una antología de sus ensayos en la prisión, donde desarrolla sus ideas sobre el pensamiento y la acción. En 2006 publicó sus memorias: “La CNT en la Encrucijada. Aventuras de un Heterodoxo”, donde traza la trayectoria de su extraordinaria vida de militante.

Aunque la muerte de Luis ha dejado para aquellos en cuyas vidas entró un enorme sentimiento de pena y de pérdida, también ha dejado un valioso legado para las generaciones presente y futuras, su memoria y su ejemplo –“Écrasez l’Infâme!”. Stuart Christie

*(Traducido por David Ferrer Revull)

Luis Andrés Edo, anarcosindicalista, nacido el 7 de noviembre de 1925; fallecido el 14 de febrero de 2009

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