15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939


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viernes, 26 de junio de 2015

Emilio Silva: “Es gravísimo que todavía haya víctimas que son ignoradas por el Estado”

 
Después de las declaraciones del minsitro del interior en Hoy por Hoy, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica va a presentar a la Fiscalía un informe sobre posibles humillaciones a víctimas de la dictadura por miembros del PP
 
Matilde Suárez / Irene Escudero -  Madrid 25/06/2015 -
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha anunciado que va a presentar ante la Fiscalía un informe para que proceda contra varios miembros del PP y contra el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por supuestas "humillaciones a las víctimas de la dictadura" franquista. Este informe que se presentará la semana que viene, contiene las situaciones, que a su entender, las víctimas de la dictadura han sido humilladas por cargos públicos del PP. Emilio Silva, presidente de la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica.
 
"Tampoco queríamos mezclar ésto con el tema Zapata", empieza explicando. Pero el cúmulo de declaraciones de políticos, les ha llevado a dar el paso. Porque viniendo de "un miembro del Gobierno, que está discriminando a unas víctimas que merece la protección del Estado ante algo que puede parecer humillante", lo de esta mañana les ha parecido "excesivo" y denota, según sus palabras, "que tenemos un ministro de Interior con una baja cultura de los derechos humanos".
 
No querían mezclar la memoria histórica con el caso de los tuits de Zapata, pero según Silva el caso tiene "la misma base delictiva" porque se cuestiona "si todas las víctimas de delitos violentos tienen los mismos derechos". El hecho, para la Asociación, es que el Estado "atiende a unos dependiendo del discurso del verdugo" y mientras "las víctimas de un verdugo que quería unir España eternamente no les hago caso, pero si es uno que quiere romperla, sí".
 
"Si el Estado atiende a uno dependiendo el discurso del verdugo"... "No puede ser que a gente mayor que lo único que quiere es morirse en paz habiendo enterrado a sus padres tengamos que soportar no sólo estos insultos, sino las mentiras". Se refiere a mentiras como las de Rafael Hernando cuando en un debate televisivo dijo que los parientes de las víctimas del franquismo sólo se acuerdan de sus familiares cuando hay dinero por delante. Y esas no han sido las únicas declaraciones.
 
La memoria histórica no ha sido una prioridad para este Gobierno. Mariano Rajoy, como recuerda Silva, dijo que "la ley de memoria histórica no le importaba a nadie" y así estaba "llamando nadie a miles de personas." Y este año, cuando se cumplen cuarenta años del fin del franquismo, dice Silva que "sería bonito que el pleno del Congreso condenara toda la violencia del franquismo". Que establezca "un límite que desde la política no se pueda rebasar".
 
"A diferencia de otros países, en España hay una baja cultura de los derechos humanos que permite que alguien pueda ser o autodenominarse demócrata y no antifranquista", cuando en otros países la cultura antifascista está incorporada en todos los ámbitos. "Un Estado democrático tiene que atender a todas las personas independientemente del carnet que lleven a la cartera", se queja el presidente de la Asociación Para la Recuperación de la Memoria Histórica porque "es gravísimo que cuarenta años después de haber muerto Franco todavía haya víctimas que son ignoradas por el Estado.
 

domingo, 15 de marzo de 2015

Delmer Berg, el último brigadista del Batallón Lincoln

Berg vive hoy junto a su mujer en la casa que él mismo construyó cerca de Columbia,
en Sierra Nevada. / Abraham Lincoln Brigade Archives (ALBA)

  • Estadounidense de 99 años, cruzó los Pirineos a pie en 1938 para unirse al frente republicano de la Guerra Civil
  • Había crecido en una "familia de granjeros pobres" y la reforma agraria republicana había despertado su simpatía: "Me gustaba la idea de ayudar a España"
  • Unas 40.000 mujeres y hombres de más de 50 países se unieron a las Brigadas Internacionales para combatir el fascismo en Europa


"Había un amplio movimiento en el país y en todo el mundo para ayudar a gente española a combatir el fascismo en España. Poco a poco me convertí en parte de él y se convirtió en parte de mi vida", explica Berg a la Abraham Lincoln Brigade Archives, asociación fundada por los brigadistas a su regreso a EEUU.
 
Berg había crecido en una "familia de granjeros pobres" y la reforma agraria republicana había despertado simpatías en él. "Era un sentimiento muy humano: la idea de que se estaba quitando tierra a los grandes propietarios para dársela a pequeños granjeros. Me dije: ¡Yo quiero ayudar a hacer eso!".
 
Mientras transcurría la guerra, Berg trabajaba fregando platos en un hotel de Hollywood. Cuando vio un cartel de la asociación de los amigos de la Brigada Abraham Lincoln, decidió saltarse la restricción de viajar a España que el Gobierno norteamericano había establecido.
 
Delmer Berg (de pie, segundo por la derecha) junto a otros compañeros del Batallón Lincoln. / Abraham Lincoln Brigade Archives (ALBA)
Delmer Berg (de pie, quinto por la izquierda) junto a otros compañeros del Batallón Lincoln.
 / Abraham Lincoln Brigade Archives (ALBA)
  
Su unidad estuvo destinada en una batería antiaérea en Barcelona, en la defensa de Teruel y en la batalla del Ebro, donde colaboró en la voladura de uno de los puentes (Berg bromea diciendo que Hemingway no tenía ni idea de lo que estaba hablando cuando describió la explosión de Por quién doblan las campanas). Más tarde fue enviado a Valencia, donde fue herido en un bombardeo de la aviación italiana.
 
El 4 de febrero de 1939, dos meses antes de la derrota republicana y el final de la guerra, regresó a Estados Unidos. Entre 1936 y 1939, unas 40.000 mujeres y hombres de más de 50 países abandonaron sus hogares para formar parte de las Brigadas Internacionales y luchar en una guerra extranjera. La mayor parte lo hizo por motivos ideológicos: defender el gobierno democrático de la Segunda República y frenar la expansión fascista en Europa. Alrededor de 2.800 eran estadounidenses. Un tercio de ellos perdió la vida en la contienda.
 
"Para mí es el ejemplo máximo de responsabilidad y libertad", dice Marina Garde, actual directora de ALBA, cuya misión es preservar el legado ideológico del Batallón Lincoln. "Son unos individuos que voluntariamente decidieron viajar a otro continente y poner sus vidas en riesgo por sus ideales".
 
Precisamente a causa de esas convicciones la vida de los supervivientes no fue sencilla en Estados Unidos. En la década de los 50, la filiación comunista de muchos brigadistas les valió el envite de la caza de brujas macartista. "Para ellos éramos una panda de bastardos", dice Berg. "Fueron de un lado para el otro hablando con todo el mundo a quien conocía y con quien trabajaba: estaban buscando a ese "hijo de puta", esa "rata", "traidor"... y toda esa mierda, ya sabes, el macartismo." "Estaban en la lista negra, perseguidos por el FBI y muchos no pudieron ejercer sus profesiones", añade Garde.
Pero desde su California natal Berg siguió compaginando su trabajo en la agricultura con la militancia en diversas causas: fue miembro de la Unión de Campesinos, se hizo amigo de la activista agraria Dolores Huerta, se opuso a la Guerra de Vietnam y se convirtió en el único miembro blanco de la delegación local de la la primera asociación en defensa de los derechos civiles de los negros en América, la NAACP.
 
Berg vive hoy junto a su mujer en la casa que él mismo construyó cerca de Columbia, en Sierra Nevada. Su compromiso político sigue intacto y su estado de salud es estable, aunque tiene dificultades para oír. Tras la muerte el pasado invierno del brigadista John Hovan en Rhode Island, se convirtió en el último veterano americano vivo de la Guerra Civil española (quedan otros cinco brigadistas internacionales, dos combatientes republicanos y tres franquistas)
 
Garde sabe lo que es despedir a un brigadista desde su comienzo en ALBA, que coincidió con la muerte de Matti Mattson, uno de los miembros más longevos del batallón. Era su primer día y la noticia le sirvió para identificar la que sigue siendo la parte más dolorosa de su trabajo: esperar el goteo de llamadas que informan de la desaparición de los supervivientes. Cuando llegue el turno de Berg, será la última vez que suceda.
 
"Yo lo llevo muy mal", dice Garde. "Pero también me doy cuenta de que tengo una gran responsabilidad: preservar y mantener vivo este legado que nos han dejado. Las personas se van, los cuerpos ya no están, pero su legado sí nos queda".
 
Nota: entrevista a Delmer Berg por Maria Opett y Nelson G. Navarrete
 

martes, 1 de julio de 2014

“Los nietos del franquismo ‘heredan’ inconscientemente el sufrimiento de sus padres y de sus abuelos”

Homenaje en el Fuerte de San Cristóbal (Pamplona), prisión por la que pasaron cerca de 5.000 presos republicanos, en mayo de 2014 / Foto: Óscar Rodríguez
 
Elena Cabrera  - El Diario.es - 29/06/2014
  • Clara Valverde le saca los colores al sistema de salud, a los gobiernos y a la sociedad en general por ignorar los problemas psicológicos de los nietos de la Guerra Civil Española
  • Afirma que años de silencio y de esconder las emociones pueden generar en las siguientes generaciones inseguridad, miedo, rabia no canalizada, anorexia o toxicomanía
  • Clara Valverde le saca los colores al sistema de salud, a los gobiernos y a la sociedad en general por ignorar los problemas psicológicos de los nietos de la Guerra Civil Española
Un mes después del golpe de Estado de Pinochet, en Chile ya había organizaciones que prestaban ayuda psicológica a las víctimas de la dictadura y a sus familias. En España, la medicina recetada en altas dosis es la del silencio, para prevenir la inquietud de los hijos de aquellos que fueron atravesados por la Guerra Civil, especialmente en los vencidos pero también en los vencedores.
 
¿Y los nietos, los que nacieron en el tardofranquismo y la democracia y vivieron ajenos, como si nada hubiera pasado? Son los herederos de penas y dificultades no resueltas, adiestrados en el no preguntar para no remover, programados para no hurgar. Esquistados psicológicamente, bloqueados emocionalmente. Ataques de ansiedad, inseguridad, miedo, rabia no canalizada, anorexia o toxicomanía pueden leerse en clave de transmisión generacional del trauma. De hecho, se lleva haciendo así desde los años 60 en otras sociedades dañadas por violencias políticas. Salvo en España.
 
Clara Valverde, escritora sobre biopolítica y resistencia, presidenta de la Liga Síndrome de Fatiga Crónica, profesora de enfermería y colaboradora de eldiario.es, ha abordado en Desenterrar las palabras (Icaria, 2014) con claridad y precisión qué nos pasa, porqué nos pasa y qué deberíamos hacer para afrontarlo.
 
¿Cuál es el cuadro de síntomas de una persona traumatizada por las vivencias de sus abuelos durante la Guerra Civil y la Represión franquista?
Los nietos de la violencia política ‘heredan’ o ‘absorben’, a través de la comunicación no verbal, que tiene más fuerza que la verbal, la carga inconsciente del sufrimiento de sus padres y de sus abuelos. La situación se complica para esta generación porque la conexión con la situación original se ha perdido. Esto hace que la generación de los nietos lleve una carga en el inconsciente a la que es más difícil acceder, porque los años de silencio y de comportamientos que han servido para esconder las emociones dificultan la comprensión de las manifestaciones del trauma.
 
Estas manifestaciones son variadas: miedo a hablar directamente a los que están en el poder (jefes o cualquier otra figura de poder), la queja sin acción, la polarización (blanco/negro) y necesitar un enemigo común, confusión, repetición, autoritarismo, fobias, obsesiones, etc.
 
¿Cuál es la diferencia con la generación anterior?
Los hijos aprendieron a callar y a no saber qué hacer con las emociones de sus padres traumatizados. Pero ellos aún tenían alguna conexión a los eventos traumatizantes.
 
¿Cuál sería tu principal crítica al sistema de salud público respecto al tratamiento de los traumas transgeneracionales de la Guerra Civil?
Que no saben que existe la transmisión generacional. ¡Es que ni lo han mirado en Google! No se han formado a los profesionales de la salud mental en este país sobre este tema que es central a todas nuestras vidas y a nuestra salud. ¿Cómo pueden pensar que hemos pasado por un siglo XX tan violento y que no nos ha dejado secuelas?
 
Respecto a la recuperación de la memoria histórica, ¿crees que hay una ausencia de testimonios?, ¿crees que se ha escuchado más a los muertos que a los vivos?
Sí, no hemos oído las historias. Todos tenemos historias de nuestras familias en relación a la violencia política del siglo XX pero, la mayoría de la gente, ni saben las historias de sus propias familias ni las de los otros. Todas esas historias necesitan ser contadas. Los muertos no puede hablar, pero sus hijos y sus nietos, sí.
 
Y los vivos también tenemos que hablar de cómo todos estos años de silencio y miedo nos han afectado, sobre todo a nuestra generación, la de los nietos de la Guerra Civil.
 
El movimiento memorialista trabaja por la recuperación y la reparación. En tu libro nos hablas de la elaboración, que debería ser la base de la reparación. ¿Crees que se viene haciendo la reparación, digamos, sin base?
No se está haciendo nada de reparación. La reparación es cuando los gobiernos piden perdón por lo hecho, reparan con compensación económica, cuando se ocupan de los desaparecidos, cuando dan importancia a toda la historia y al sufrimiento que se ha vivido. Y esto no lo están haciendo los gobiernos.
 
El movimiento memorialista está haciendo lo que puede: intentando que se sepa sobre la historia, intentando que se abran las fosas. Pero no tienen los recursos ni el apoyo ni de los gobiernos ni de la sociedad. Es una vergüenza. Lo poco que se ha hecho en este país ha sido por el trabajo del movimiento memorialista. Los gobiernos han abandonado al pueblo y han intentado e intentan que se olvide la historia.
 
¿Cuáles serían las diferencias entre elaborar y reparar?
Reparar es, como decía antes, el acto de los gobiernos de ocuparse de que se haga justicia. Da igual cuántos años hayan pasado. Elaboración es el proceso de hacer consciente lo inconsciente que hemos heredado de nuestros padres y abuelos, del trauma transgeneracional de la violencia política del siglo XX. En el último capítulo del libro, mi coautora, Elena Álvarez Girón, y yo damos ideas de cómo hacerlo individualmente y grupalmente.
 
¿Políticas desde arriba habrían servido?
Sí, tendrían que haber empezado políticas de verdad y reparación desde 1978 o antes. Se deberían haber empezado comisiones de verdad y reparación y sobre todo dejar de repetir el mito de que las heridas hay que cerrarlas sin limpiar. Las heridas que no se limpian, se pudren y causan la muerte.
 
¿Cómo afecta la reprivatización de la memoria histórica a la gestión del trauma?
Pues echa más tierra sobre las palabras, sobre los sentimientos, sobre las historias. Nos aleja más de lo que necesitamos hacer y cronifica nuestros síntomas y daños.
 
Contamos aquí el rechazo de la industria turística a la memorialización de los lugares de represión. En tu libro recuerdas las placas en las calles de Colonia delante de las casas de los judíos que se llevaron a campos de concentración. En España tenemos que convivir, en cambio, con otro tipo de placas. ¿Crees que una memorialización sistemática ayudaría a paliar la transmisión generacional del trauma?
Bueno, la memorialización sistemática en sí no paliaría los aspectos nocivos del trauma transgeneracional. Pero es necesario hacerlo. El esconder y negar la historia es peligroso, es injusto y nos lleva a un estado de locura como el que vivimos.
 
En los colegios la Guerra Civil Española se estudia como un conflicto cerrado y luego muchos se dan cuenta de que está muy lejos de cerrarse. ¿Crees que seguirá abierto mientras haya trauma heredado?
Claro. Hay que hablar de cómo somos, de por qué somos así, de lo que aprendimos de nuestros padres y abuelos. Todo lo que callaron y transmitieron por lo no verbal nuestros padres y abuelos nos frena. Necesitamos hablar. Vivimos en un país en el que todo el mundo habla todo el rato pero no se habla de lo que pasó, de todo el sufrimiento y todas las pérdidas que causaron la violencia política. No se habla de lo importante. Se habla por hablar. Se hace ruido. Vivimos con un silencio enfermizo, mortífero.
 
En un momento del libro pones en relación la drogadicción, en especial el uso de heroína inyectada (tan presente en la generación de los hijos y, aunque en menor medida, en la de los nietos) con la transmisión generacional de la violencia del siglo XX en España. ¿Eres la primera que ha establecido esta relación?
Esta relación está en las investigaciones en otros países. En Francia se ha hecho mucha investigación sobre este tema. Y de ahí podemos extrapolar. No hay, en el Estado español, ningún estudio sobre la relación entre la drogadicción y la transmisión generacional del trauma de la violencia política. Ni sobre la drogadicción ni sobre ningún otro síntoma.
 
¿Cómo debería empezar a estudiarse?
Los profesionales de la salud mental en el Estado español primero necesitan saber que existe la transmisión generacional del trauma de la violencia política. Luego necesitan hacer su propia elaboración y formarse sobre este tema. Y luego deberían investigar sobre cómo nos afecta. Esto urge.
 
¿Sabes si existe extrañeza fuera de España ante la falta de estudio del trauma heredado por la Guerra Civil?, ¿hay interés internacional en este aspecto de nuestra historia?
Sí, en casi todos los países del mundo, si no todos, se habla del trauma transgeneracional de la violencia política. Menos en el Estado español. Hay mucho interés sobre lo que no se está haciendo en España y por qué. En congresos internacionales sobre este tema se habla de cómo no se habla en España de esto. El problema es que en España no hay interés. Y eso explica mucho de cómo somos ahora y cómo aguantamos tanto maltrato y abuso de nuestros gobiernos.
 
En otros países se habla de que en el Estado español han pasado 75 años desde el fin de la Guerra Civil y casi 40 desde la muerte de Franco y que aún la gente no sabe que están afectados por la transmisión generacional.
 
Necesita nuestra sociedad que se promuevan terapias para el diálogo como las del psicólogo e investigador Dan Bar-On. ¿Habría alguien dispuesto a hacerlo?, ¿quién debería hacerlo?
Yo ya lo he hecho en talleres. Creo que hay gente dispuesta. Todos y todas deberíamos hacerlo. Tú y yo y los que lean esto. Sobre todo no esperar a que venga alguien a organizárnoslo, como se tiende a hacer en este país. Esperar a que otro lo haga. No, tenemos que hacerlo. Nuestra vida depende de esto.
 
¿Y qué pasa con los hijos de los nietos? ¿El trauma generacional puede pasar también a bisnietos?
Si los nietos, que son la generación más dañada mentalmente en la transmisión generacional del trauma de la violencia política, siguen negando sus historias, sus manifestaciones y sus síntomas, pues sí, pasarán el trauma a sus hijos.

domingo, 25 de mayo de 2014

Julián Casanova: "Están utilizando la Historia al servicio de la política"




CADENA SER

El Ayuntamiento de Pamplona tiene previsto inaugurar el 23 de mayo una exposición homenaje al regimiento América 66, unidad militar que participó en los llamados sucesos de Valdediós, donde 14 enfermeras fueron violadas y asesinadas, una niña de 15 años y 4 celadores del hospital. Todos los grupos políticos representados en el consistorio han pedido su retirada, excepto UPN y PP y el registro municipal acaba de recibir más de 20.000 firmas en contra de esta exposición. Hablamos sobre este hecho con Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

martes, 25 de febrero de 2014

Familiar de víctimas del franquismo: "Cuando mataron a mi padre lo primero que hicieron fue quedarse con sus tierras"

laSexta.com
Gonzo ha estado con uno de los muchos españoles cuya única esperanza de conseguir justicia está en un juzgado de Buenos Aires. Josefina Lamberto tenía 7 años cuando  un grupo de falangistas y requetés entraron en su casa para llevarse a su padre y a su hermana de 14 años. Nunca más volvieron a verlos. Durante la dictadura sufrió hambre y en democracia sufrió la indiferencia de las autoridades.

lunes, 27 de enero de 2014

“El nuevo Código Penal acerca al enfermo mental a la Ley de Peligrosidad que llenó manicomios franquistas”

-"En el proceso de reparación y dignificación que supone la Memoria histórica hay que incluir a los olvidados entre los olvidados: los locos".
-"Entre los 12.000 internos de los manicomios franquistas había una proporción de no enfermos, republicanos represaliados, que en el Miraflores de Sevilla rondaba el 5-10%"
 


sábado, 12 de octubre de 2013

“Ejecuciones, mutilaciones, violaciones”, así fue la Conquista de América


El conquistador Hernando de Soto torturando a los jefes nativos de Florida
Entrevista con Antonio Espino autor de "La conquista de América"

El confidencial.com - Javier Zurro 12/10/13
Masacres, asesinatos, amputaciones de manos y pies, heridas curadas con aceite hirviendo, violaciones… semejantes crímenes parecen sacados de una mente perturbada. Sin embargo esto era el día a día en las batallas que tuvieron lugar durante la conquista de América. Un periodo de nuestra historia que tiende a mitificarse obviando sus pasajes más oscuros. El catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Historia Militar, Antonio Espino López, según cuenta a El Confidencial, propone una mirada sin prejuicios de la colonización hispana en su libro La conquista de América: Una revisión crítica (RBA Ediciones). En su obra, Espino se sirve de los testimonios dejados en las numerosas crónicas de Indias  para describir con precisión las armas, tácticas, batallas y sangrientas prácticas que 'héroes' como Hernán Cortés llevaron a cabo.

¿Cuándo surge su interés por revisitar la conquista de América?
Desde siempre me he preocupado especialmente por cuestiones relacionadas con la historia de la guerra. Poco a poco fue surgiendo el interés por explicar mejor a mis alumnos las estrategias y tácticas militares empleadas en la conquista de América y ello me llevó a releer un número importante de Crónicas de Indias. Allí descubrí numerosos testimonios de las técnicas utilizadas para someter a las poblaciones aborígenes, todas ellas basadas en el terror, la crueldad y la violencia extrema. Una realidad muchas veces obviada por otros historiadores.

¿Por qué se tiene mitificada la conquista de América por parte de, sobre todo, la ficción?
Por un puro y simple desconocimiento histórico. Aquellos que se dedican a ello pueden conocer algunos datos, pueden tener algunas nociones, pero carecen habitualmente de una perspectiva historiográfica del asunto. Y, en buena medida, los culpables somos los historiadores, claro.

Por una cuestión de patriotismo mal entendido siempre se ha negado cualquier exceso cometido en América ¿En qué son culpables los historiadores?
Una amplia mayoría, hasta hace muy pocos años, apenas se había atrevido a mostrarse crítica con el imperialismo hispano en las Indias, en América. Hay que tener en cuenta que, durante mucho tiempo, se había considerado que mostrarse crítico con las hazañas hispanas era sinónimo de ser un mal español, me atrevería a decir; de hacerle el juego a todos aquellos que habían fomentado la famosa “leyenda negra”. Me da la sensación que, por una cuestión de patriotismo mal entendido, siempre se ha negado cualquier exceso cometido en América o se ha querido justificar como una típica “acción de guerra” que, además, en el caso que nos ocupa duró muy poco tiempo.

¿Cree que existe miedo a reconocer la crueldad que usted describe en su libro?
En realidad todo el mundo es más o menos consciente de que tenemos una factura pendiente con los descendientes de las poblaciones aborígenes. Pero no sólo los españoles, sino todas las potencias europeas imperialistas en las épocas moderna y contemporánea. No hay que tener miedo a la hora de reconocer que cualquier imperialismo es expansionista y agresivo por definición, y prácticamente todos ellos usaron de la crueldad. Lo mejor es tenerlo claro, estudiarlo y aceptarlo para encarar cualquier crítica que se pueda hacer. No somos ninguna excepción. No somos ni mejores ni peores que los demás. Hay que entender este tipo de realidades, conocerlas y procurar erradicarlas en nuestro presente y en el futuro.

Nuestros conquistadores muchas veces son mostrados como héroes
Una vez más, esa imagen es fruto del desconocimiento o la falta de reflexión. Es fruto de la idea tan generalizada de que los aborígenes ganaron mucho con la presencia hispana en sus tierras. Por lo tanto, si a la larga resultaron beneficiados, las “molestias” causadas eran asumibles y, en el fondo, poco importantes. Por otro lado, los conquistadores siempre se presentaron a sí mismos como héroes, sus ejemplos eran los antiguos hacedores de imperios: Alejandro Magno, Julio César… Los intelectuales de la época jugaron un papel importante transformando sobre todo a Hernán Cortés, y en menor medida a Francisco Pizarro, en nuevos héroes a la altura de los mencionados. Esa imagen fascinó y convenció a lo largo de los años, sobre todo en un país en el que no hubo grandes “héroes” a partir del siglo XVII.

¿Existe algún conquistador que destacara por su compasión?
Yo diría que nos encontramos en general con personas que utilizan la crueldad sólo cuando era necesario, el problema es que lo fue muy a menudo teniendo en cuenta las características de la conquista hispana de las Indias: contingentes hispanos muy reducidos, necesidad de imponerse sobre grandes poblaciones aborígenes, necesidad de demostrar firmeza ante los amerindios aliados…

¿Considera que fueron excesivas las medidas que se tomaron?
Las medidas que se tomaron fueron muy duras. La conquista de América fue un proceso terrible, muy alejado de la imagen idílica que habitualmente se tiene. No fue en absoluto un conflicto de baja intensidad. Fue una guerra muy dura bajo el paraguas jurídico-religioso del derecho hispano a su presencia en aquellas tierras con el único interés por la civilización y la evangelización de sus habitantes, cuando más bien lo que se escondía era un deseo brutal por obtener riquezas. Como se ha afirmado, la codicia fue el verdadero motor de la conquista. Leyendo numerosos testimonios de la época es evidente que fue así.

Todo el mundo es más o menos consciente de que tenemos una factura pendiente con los descendientes de las poblaciones aborígenes¿Cree que la conquista del territorio podía haberse llevado a cabo de una manera menos sangrienta?
Sinceramente, creo que no. Creo haber demostrado en mi libro que existió toda una tradición bélica a la hora de enfrentarse a un enemigo diferente, distinto, al europeo. En sus razzias en el norte de África, en la guerra de Granada, en la conquista de Canarias y en los primeros años de presencia hispana en las Antillas (y Panamá), los españoles fueron perfeccionando unas formas de enfrentarse a dichas poblaciones que culminarían en las conquistas de México y Perú. Se trataba de usar el terror para imponerse de manera contundente a un enemigo difícil que podía, en un momento dado, complicar mucho las cosas.

¿Culturalmente cree que la colonización fue positiva?
Claramente, de la atomización cultural aborigen imperante antes de 1492 se pasó a una cierta uniformidad cultural, pero una y otra vez se nos quiere dar a entender que sólo por la adquisición de un idioma europeo el beneficio obtenido puede justificar cualquier exceso cometido, y hay quien duda de que se cometieran excesos. En el caso de América, el etnocidio cultural cometido durante y después de la etapa colonial hispana es evidente.

Respecto a ese tema Carmen Iglesias, miembro de la RAE, declaraba hace poco que A veces, la leyenda negra predomina, pero les dejamos una herramienta de unidad como es el español”. ¿Qué opina de ese punto de vista?
Es la típica reacción de aquel que, conociendo los muchos excesos cometidos, tiene que buscar una justificación adecuada. Y el idioma, por lo que vemos, es esa justificación. Sería algo así como la herencia amable recibida.

¿Cuántas tribus indígenas pudieron perderse o esclavizarse?
No soy especialista en etnología y, por lo tanto, no puedo ofrecer respuestas concretas. Lo que está claro es que numerosos grupos humanos sufrieron mucho con las guerras de conquista: hubo no sólo matanzas, sino también desplazamientos humanos importantes y ello tuvo consecuencias. Dicha circunstancias alteraban los equilibrios de poder en diversas regiones y todo ello tenía sus repercusiones en forma de nuevos conflictos. También es conocida la táctica hispana de usar los conflictos interétnicos en su provecho: se obtenían indios aliados y se les incitaba a la lucha contra sus enemigos aborígenes. Es de sobra conocido como poblaciones enteras en las islas Bahamas, La Española (Haití y República Dominicana actuales), en la costa de la actual Venezuela, en Panamá, en Ecuador y Colombia actuales, etc., resultaron muy mermadas.

Por otro lado, si bien la Monarquía procuró evitar en la medida de sus posibilidades la esclavitud del indio, lo cierto es que casi todas las poblaciones aborígenes sufrieron un trato equivalente al de la esclavitud

En el libro se citan muchas fuentes, basadas en testimonios, pero muchas de ellas se contra dicen en las cifras, ¿qué es más normal en los documentos históricos la exageración o el esconder los hechos reales?
Siempre hay exageraciones a la hora de presentar, por ejemplo, los efectivos del enemigo, porque de esa manera justificamos y magnificamos no sólo la victoria conseguida, sino también las medidas terribles que se hubiesen podido tomar. Por otro lado, he detectado algunos casos en los que hubo una clara voluntad más que por esconder, por reducir a la baja las consecuencias de determinadas conductas basadas en la crueldad, en el terror. El problema es que numerosos historiadores de las últimas décadas, tanto españoles como extranjeros, han exhibido una cierta voluntad por “maquillar” mediante el lenguaje utilizado algunos pasajes de la conquista bastante conflictivos. No me atrevería a hablar de autocensura, pero estaríamos en el límite de la misma. Por otro lado, creo haber detectado entre algunos hispanistas un verdadero esfuerzo por justificar la conquista hispana de América de la mejor forma posible, dado que eran muy conscientes de los excesos cometidos por la denominada “leyenda negra”, un conjunto de opiniones que, en general, se caracterizan por ser muy burdas intelectualmente hablando.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Cazarabet conversa con... Sandra Souto Kustrín

Autora del libro "Paso a la juventud. Movilización democrática, estalinismo y revolución en la República Española" (Universitat de València)

Sandra Souto Kustrín (IH, CCHS-CSIC) es doctora en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (2000) y científica titular en el Instituto de Historia del CSIC donde fue también contratada del Programa Ramón y Cajal. Ha realizado numerosas estancias de investigación en centros de reconocido prestigió internacional, entre las que destaca su larga vinculación al Cañada Blanch Centre for Contemporary Spanish Studies de la London School of Economics and Political Science (LSE, Reino Unido), del cual es actualmente associate fellow. Es autora de «Y ¿Madrid? ¿Qué hace Madrid?». Movimiento revolucionario y acción colectiva (1933-1936) (2004), libro que ha tenido un gran impacto y que ha recibido muy buenas valoraciones por parte de los máximos especialistas en la historia de la Segunda República Española. Desde esta investigación, ha centrado sus estudios en la historia sociocultural y política de la juventud y de los movimilentos juveniles en Europa y en España en la época contemporánea, temas sobre los que tiene ya numerosas colaboraciones en revistas como The European History Quarterly, Memoria e Ricerca, Ayer o Historia Actual. Ha sido también la editora del número monográfico «Ser joven en la Europa de entreguerras. Politica, cultura y movilización» (Hispania, 2007). 


- Sandra, ¿cómo era la juventud en los años treinta, sobre todo, nos referimos a la juventud española?
- En general, se considera que en todo el periodo comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, en los años treinta, la juventud europea, incluida la española, estuvo más politizada que en otros periodos anteriores y posteriores de la historia –estoy pensando, por ejemplo, en los años cincuenta del siglo XX.
Y fue en el periodo de entreguerras y, especialmente, en los años treinta cuando las organizaciones juveniles adquirieron por primera vez un importante desarrollo e independencia con respecto a los adultos, hasta el punto de que los jóvenes se pueden considerar la base de movimientos sociales nuevos como el fascismo y el comunismo. En España, el fascismo español, representado por Falange Española, estuvo principalmente conformado por jóvenes y se ha destacado el papel de los jóvenes en la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), por ejemplo.

- En aquellos días, ¿cómo eran las juventudes obreras?
- Una pregunta muy general y compleja y que, como la anterior, tiene muchas perspectivas de análisis. Dado que en la anterior me he centrado en los temas político-organizativos, voy a intentar comentar otros aspectos en ésta. Con menos acceso a la educación y menos derechos sociales y políticos que en la actualidad,  la juventud se vio más afectada por la crisis económica y el paro mientras que sus posibilidades de acceso a diferentes formas de ocio eran menores. También hay que decir que había importantes diferencias entre el mundo urbano y el rural y entre los hombres y las mujeres jóvenes. Mientras que en las grandes ciudades podían ya tener acceso al cine o a instalaciones deportivas, y, en cierta medida, las jóvenes tenían más libertad, en el mundo rural, aparte de que las jornadas de trabajo eran mayores, había menos posibilidades de ocio y una mentalidad aún más tradicional en cuanto a las relaciones y roles de género. 

En este contexto, en toda Europa, no solo en España, las actividades que desarrollaban las organizaciones juveniles obreras, como excursiones, fiestas o “escuelas de verano”, se convirtieron en muchos casos en lo más parecido a unas vacaciones que tenían los jóvenes obreros y la convivencia conjunta de hombres y mujeres en dichas “escuelas” en una novedad que, en algunos casos, también enfrentó a las organizaciones juveniles obreras con sus respectivas organizaciones de adultos.

- Nos puedes explicar cómo “se tomó” la juventud española la II República. ¿Lo definirías como un período de renovada ilusión?
- Las reformas económicas, laborales y sociales- especialmente educativas- favorecieron a los jóvenes, aunque hay que decir que la Constitución republicana estableció el derecho de voto a partir de los 23 años, frente a los 21 que pedían los jóvenes, queriendo “acercarlo” a la edad en que estaba establecido el servicio militar, mientras que, según la ley de asociaciones de 1932, los menores de 21 años no tenían derecho a ser miembros de las direcciones de los sindicatos, a lo que se opuso, por ejemplo, la juventud socialista. Ya durante la guerra civil, todas las organizaciones juveniles pidieron la reducción de estos límites de edad, sin lograrlo, a pesar de que, aparte de los muchos casos de milicianos voluntarios muy jóvenes, con la constitución del Ejército Popular se restableció el servicio militar y los  jóvenes eran llamados a filas a los veinte años.

En general, la democratización de la política producida con la proclamación de la república favoreció  la organización de los jóvenes y su movilización, aunque la idea de “renovada ilusión”, en él ámbito de las organizaciones juveniles depende de sus posiciones políticas y de la misma evolución de la república: en las juventudes socialistas y republicanas se puede hablar de desilusión a partir de las elecciones de noviembre de 1933 y los sucesivos gobiernos de centro-derecha, mientras que para los jóvenes comunistas y libertarios era imprescindible ir más allá de la república y rápidamente, y, como es de imaginarse, la república en si misma, democrática y laicista, no “ilusionaba” ni a los jóvenes monárquicos ni a los católicos.

- ¿Podríamos definir y/o afirmar que la juventud siempre responde igual a la crisis? ¿Cómo ves, aquí y ahora en el presente, a la juventud ante la presente crisis que nos está exterminando socialmente....?
- Creo que a la primera pregunta te respondería que no. Ni siquiera las respuestas de la juventud como grupo social a las crisis –al menos en la crisis de la Europa de entreguerras, no solo en la de la República Española- son homogéneas, sino que desde ella se plantearon diferentes propuestas para superarla. La juventud como grupo de edad muestra las distintas diferencias sociales, económicas, ideológicas y culturales presentes en todas las sociedades por lo que dentro de ella surgen diferentes proyectos, incluso enfrentados entre sí. Lo que sí es cierto es que en la época contemporánea los movimientos juveniles parecen haber cobrado fuerza en los momentos de crisis, económica, social y/o política, y  que la participación de la juventud en la conflictividad en este tipo de periodos ha sido importante y hasta fundamental en algunos casos. Probablemente se relaciona más que con un fenómeno “biológico” o “psicológico” con el hecho de que los jóvenes suelen verse más afectados por las crisis y/o los cambios por la etapa de su vida en la que están, en un sentido social y cultural: la crisis económica de los años treinta, como la actual, afectó principalmente a los jóvenes, porque los gobiernos europeos de entonces también recortaron los presupuestos para la educación, muchas familias tuvieron que retirar a sus hijos de los centros educativos por falta de medios y los jóvenes fueron los más afectados por el desempleo, con lo que vieron peligrar su futuro y buscaron soluciones nuevas a los problemas en los que se hallaban inmersos.

- Háblanos un poco, acerca al lector de El Sueño Igualitario cómo ha sido tu estudio en torno a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU)
- El estudio en torno a la JSU, al igual que en torno a la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL), se ha desarrollado a partir de numerosa documentación no conocida anteriormente que muestra en ambos casos su importante papel en la movilización de los jóvenes y, en el caso de la JSU, también la lentitud y dificultades del proceso de unificación y  consolidación de la organización, y las limitaciones y problemas de aplicación de las diferentes políticas que desarrolló durante la guerra. Permiten también analizar de forma más matizada la evolución de sus conflictos internos –tanto en el ámbito nacional como internacional- hasta su expulsión de la Internacional Juvenil Socialista (IJS) tras el fin de la guerra civil. También hay que decir que su inclusión en la IJS desde abril de 1937, mientras decía oficialmente mantener “sus simpatías” hacia la Internacional Juvenil Comunista, le permitió tener una gran influencia internacional que solo fue superada por la que tuvo la organización estudiantil, la Unión Federal de Estudiantes Hispanos. 

Pero hay que decir que todas las organizaciones juveniles españolas, por su participación en la lucha republicana, se convirtieron en referentes para sus homólogas extranjeras, aunque en algunos casos, como el de las juventudes libertarias, tuvieran pocas organizaciones similares con las que relacionarse en el ámbito internacional.

- ¿Cómo analizas el “comportamiento” de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL)?
- La FIJL se conformó como una verdadera organización juvenil de masas durante la guerra, ya que, creada en 1932, su desarrollo antes del comienzo del conflicto era menor que el de las juventudes socialistas o comunistas. Esto la llevó a tener muchos enfrentamientos con las otras organizaciones anarcosindicalistas, dado que por primera vez los jóvenes libertarios reivindicaron su “independencia” frente a los “adultos”. Destaca que durante la guerra asumió la reivindicación de la ampliación de los derechos sociales y políticos de los jóvenes desde los 18 años, reivindicación que tenía su origen en las juventudes socialistas y comunistas. Por otra parte, las mismas formas organizativas de las que partían las juventudes libertarias también dificultaron su desarrollo e influencia durante la guerra. Su dirección estatal no podía tomar decisiones sin consultar a las organizaciones regionales y provinciales mediante referendos, lo que, con las dificultades del conflicto bélico, hizo que, en muchos casos, sus decisiones se produjeran con “retraso”: por ejemplo, cuando finalmente acordaron aceptar cargos en las milicias después de un debate interno de meses, ya se estaba yendo hacia la conformación del Ejército Popular. 

Y en lo que era una clara competencia por el control de la juventud que, no hay que olvidar, era el grueso del ejército republicano, también se produjo una imitación de las formas organizativas de la Juventud Socialista Unificada, como muestran la actuación de las FIJL en el ejército o sus debates internos sobre la creación de una organización juvenil femenina libertaria.

- La izquierda, sea más o menos adulta….sea más o menos joven siempre ha viajado en el debate. ¿Cómo lo ves?
- Tanto en el ámbito político como en el científico el debate es imprescindible para “avanzar”, y en gran medida este debate es inherente a la naturaleza de la izquierda por sus propias formas organizativas internas, como muestra el caso de las juventudes libertarias que he comentado antes. Pero este debate hay que mantenerlo dentro de unas mínimas formas –pacíficas,  educadas,…- que en algunos casos se perdieron entre los jóvenes –y entre los menos jóvenes- durante la guerra civil, como muestran, por ejemplo, los enfrentamientos producidos entre las organizaciones juveniles en Aragón o en Cataluña que se analizan en el libro. Relacionando el ámbito político con la historia, creo que el libro –debido a la abundante documentación localizada y utilizada- no apoya ninguna de las visiones más “militantes” mantenidas desde diferentes organizaciones actuales, herederas o que se consideran herederas de las existentes durante la República y la guerra. Pero, tanto frente a las historias militantes como frente a la idea de que todo es relato y valen todas las interpretaciones, hay que decir, parafraseando al historiador británico Eric Hobsbwam, que la historia “es un arte que no inventa”, sino que analiza los datos encontrados: los historiadores tenemos que intentar limitar nuestra subjetividad y “averiguar de donde venimos”, nos gusten o no nos gusten los resultados. En último término, todos los actores sociales pueden, y  quizá habría que decir que deben, aprender de sus errores.

- Estoy últimamente hablando mucho de la mujer en estos períodos de preguerra, de guerra civil y de posguerra. Durante la investigación y los estudios para llevar a cabo este libro, “PASO A LA JUVENTUD”, con qué testimonios o cosas curiosas te has encontrado?
- Me ha resultado destacable principalmente la importante movilización de la mujer joven. Es también novedoso que la documentación existente muestra que esta movilización se vinculó a las organizaciones juveniles y no a las organizaciones femeninas “adultas” (la Agrupación de Mujeres Antifascistas o Mujeres Libres), frente a lo que se había planteado hasta ahora. Testimonios y datos significativos me han parecido también los que muestran que la idea de “subordinación” de la mujer o de que su acción debía centrarse en “actividades tradicionalmente femeninas” estaba presente también entre los jóvenes -incluidas las mismas mujeres jóvenes- aunque estas actitudes eran más generalizadas en ambientes rurales y/o con menor nivel educativo. Es interesante también la utilización de imágenes de la mujer joven y a las mismas jóvenes para movilizar a los jóvenes en el frente, aunque hay que decir que esto también se llevó a cabo en los países europeos participantes en las dos guerras mundiales durante ambos conflictos bélicos.

- Siempre ha surgido la pregunta de qué era prioritario: hacer la guerra o la revolución. ¿Qué conclusiones has sacado como fruto de la realización de este trabajo?
- La política de guerra sin revolución se suele identificar con los comunistas por la importancia que adquirieron éstos durante la guerra civil, aunque era mantenida también por la mayoría del Partido Socialista y por los partidos republicanos y sus juventudes. Y aunque  en el caso de los comunistas dicha política estuvo lastrada por la influencia del estalinismo, se basaba en un análisis realista de las divisiones sociales existentes en la España que quedó en poder del gobierno legítimo y de la actitud de las grandes potencias y lo que ambas suponían para las posibilidades militares de la República. Hay que decir también que entre los jóvenes sólo la Juventud Comunista Ibérica del Partido Obrero de Unificación Marxista mantuvo estrictamente, por decirlo de alguna forma, la idea de hacer la revolución durante la guerra, mientras que en las juventudes libertarias hubo un gran debate interno –una clara muestra es la idea expresada por los jóvenes libertarios andaluces  tras la caída de Málaga, en febrero de 1937, de que los anarquistas catalanes estaban “jugando” a hacer la revolución porque no tenían un frente bélico cerca-, y la negativa evolución de la guerra fue modificando sus posiciones. Se puede decir que ya en 1938 lo que buscaban prácticamente todos era la supervivencia en unas mínimas condiciones de libertad y dignidad.

- ¿Cómo fue el “captar” a los jóvenes, una vez ya inmersos en la Guerra Civil?
- La captación de la juventud se vio dificultada por la presencia mayoritaria de los jóvenes (hombres) en el ejército, lo que llevó, especialmente a las organizaciones juveniles más grandes –la JSU y la FIJL- a crear estructuras propias dentro del Ejército Republicano, aunque desde el gobierno se buscara “despolitizarlo”. En la retaguardia, se caracterizó por una mayor presencia de adolescentes y jóvenes hombres menores de veinte años y de mujeres jóvenes. Así, por ejemplo, tanto en las juventudes libertarias como en la organización estudiantil –la Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH) - se destacó que eran mujeres jóvenes y adolescentes los que mantenían gran parte de sus secciones en la retaguardia. La organización estudiantil, además, cobró un  gran desarrollo en los institutos de enseñanza media frente a su situación antes de la guerra, cuando era una asociación fundamentalmente universitaria: quizá de eso derive que optara durante el conflicto por usar su “nombre oficial” de UFEH frente al de Federación Universitaria Escolar (FUE) que era el más popular desde su creación en 1927.

- ¿Cómo fue el tema de la solidaridad internacional por parte de los jóvenes?
- Aunque poco conocida hasta ahora, más allá de algunos datos sobre la relativa juventud de los miembros de las Brigadas Internacionales, la movilización juvenil internacional a favor de la República fue muy importante tanto en países de Europa occidental, como americanos, en China o la India. Adoptó formas muy diversas –desde la realización de manifiestos, la recogida de firmas para entregar a sus gobiernos respectivos y hasta a la Sociedad de Naciones (la antecesora de la actual ONU), el envío de dinero a la España republicana o la compra y envío de material sanitario, alimentos o ropa…- Se realizó a través de comités de coordinación de organizaciones juveniles para ayudar a España en que participaron organizaciones de variadas tendencias políticas y religiosas y que se relacionaron de diversas formas con las organizaciones juveniles españolas y con los diferentes comités de coordinación entre éstas que se desarrollaron. Destaca también el papel de las organizaciones internacionales ya existentes, como la Internacional Juvenil Socialista y la Comunista, pero también, por ejemplo, la YMCA, Young Men’s Christian Association. Y aún más desconocida es la participación de las organizaciones juveniles españolas en los dos congresos internacionales de la juventud por la paz que se celebraron bajo el auspicio de la Federación de Asociaciones pro Sociedad de Naciones, uno en Ginebra en 1936 y el segundo en Nueva York en 1938 y el “reconocimiento” que en ellos lograron.

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