15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939


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domingo, 11 de diciembre de 2016

El padre de Caín. Otra vergonzosa serie en Tele-5

“El cuartel de Intxaurrondo fue el mayor centro de torturas de Europa occidental”


Redacción. LQSomos. Noviembre 2016
La miniserie que va a estrenar Telecinco, El padre de Caín, no será ficción. Será propaganda fascista de la más dura que hayamos visto, un lavado de cara a Intxaurrondo.

Después de la vergonzosa hagiografía del filonazi Serrano Suñer, Tele 5 lleva a las pantallas El Padre de Caín, una miniserie sobre las vicisitudes de un guardia civil en Intxaurrondo en los años 80, basada en la novela homónima de Rafael Vera, un delincuente que justifica a otros delincuentes y sus “patanegra”.

Rafael Vera fue acusado por el secuestro de Segundo Marey y por malversación de fondos públicos para financiar los GAL, y esta afirmación no es que lo diga ningún extremista-radical-antisistema. Fue condenado a diez años de cárcel por el Tribunal Supremo por el secuestro de Segundo Marey, de
 los que apenas cumplió tres meses y volvió a ser condenado por malversación de fondos (ROBAR 3,8 millones de euros) a otros siete años de prisión, que también se quedaron en nada, como corresponde a un fiel colaborador y protegido del Estado, a pesar de estar ligado al siniestro y terrorista GAL.

Para quienes han (hemos) sufrido terribles torturas en el cuartel de Intxaurrondo y siguen esperando la verdad y la justicia, como la espera la familia de Mikel Zabalza, un joven muerto en sospechosas circunstancias a manos de los mismos guardias civiles que dos años antes habían enterrado en cal viva a Lasa y Zabala, nos parece una tomadura de pelo, pero de muy mal gusto.

El poder de la televisión para manipular sigue siendo tristemente sorprendente, después de la serie sobre el criminal asesino nazi-fascista Serrano Suñer, preparan la revisión (interesada) de una época criminal de asesinatos, “maletines” y tráfico de drogas para dulcificar lo que fue la cruda realidad.

egin-caso-zabalza-loquesomos 



domingo, 18 de octubre de 2015

Arabia Saudí: ¡Urgente! joven puede ser ejecutado en cualquier momento

Firmar

Amnistia Internacional  2/10/15
Ali al-Nimr, fue condenado a muerte por un delito que presuntamente cometió cuando tenía 17 años.
Ali Mohammed Baqir al-Nimr, que se había "confesado" culpable de delitos cometidos cuando tenía 17 años, ha agotado todas las vías de apelación, y podrá ser ejecutado en cuanto el rey ratifique la condena. 

Ali al-Nimr fue condenado el 27 de mayo de 2014 por delitos como participar en manifestaciones contra el gobierno, atacar a las fuerzas de seguridad, estar en posesión de una ametralladora y cometer robos a mano armada. El juicio fue flagrantemente injusto y basado en "confesiones" que, según afirma el joven, le fueron extraídas mediante tortura. Le negaron su derecho a reunirse con su abogado para responder a los cargos presentados inicialmente contra él y posteriormente le negaron el derecho a apelar contra la condena a muerte. 

Ali al-Nimr es uno de los al menos siete activistas musulmanes chiíes de Arabia Saudí condenados a muerte en 2014 tras las protestas que han tenido lugar en la Provincia Oriental del reino desde 2011.

Arabia Saudí es uno de los principales verdugos del mundo. En lo que va de año ha ejecutado al menos a 134 personas, de las cuales casi la mitad habían sido condenadas por delitos que no entraban en la categoría de "los más graves delitos" para los que el derecho internacional permite imponer la pena capital. Por ejemplo, es uno de los países donde se ha registrado un mayor número de ejecuciones por delitos relacionados con drogas: al menos 42 en 2014 y 58 hasta agosto de 2015. 

También sigue condenando a muerte y ejecutando a personas por delitos cometidos cuando eran menores, y a personas con discapacidad intelectual, lo cual viola el derecho internacional. 
¡Actúa!

domingo, 16 de noviembre de 2014

De cómo las modas normalizan un símbolo nacionalsocialista y los ignorantes lo visten

 
El logo de una de las marcas de ropa mas de ¨moda¨ (BOY London) es literalmente un símbolo nazi.
 
RSA Madrid - 13 noviembre 2014
Ese hombre que se ve allí, es un veterano de 92 años de Noruega, que fue torturado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

La imagen superior es la imagen del logotipo de “Boy London”, que es tan popular ahora.

Luego, la imagen debajo, es un símbolo conocido que se utiliza por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Ahora todos pueden pensar en lo que realmente están usando, mucha gente esta paseándose por la calle, con el águila del Tercer Reich en el pecho, todo ello por moda e ignorancia.
 
 

jueves, 30 de octubre de 2014

Justicia Universal: quince colaboradores del régimen franquista ¡a declarar!

El Fiscal Federal Ramiro González
Redacción/Agencias. LQSomos. Octubre 2014
La “Querella Argentina” avanza día a día, el fiscal Ramiro González pide que se cite a indagatoria a 15 ex funcionarios de la dictadura franquista, entre ellos figuran cinco ex ministros del dictador.
 
El fiscal federal Ramiro González pidió citar a declaración indagatoria a 15 ex funcionarios del gobierno del dictador y genocida Francisco Franco, en la causa que investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos en el estado español y que lleva adelante la juez federal María Servini de Cubría en base al principio de “justicia universal”. González sugirió también a la jueza evaluar “la viabilidad” de abrir una investigación para que se aplique el protocolo con que se investiga la apropiación de niños durante el terrorismo de Estado en la Argentina para los casos que eventualmente existieran en España.
 
El fiscal también impulsa que se pidan medidas de prueba referidas al rol de la Iglesia española en el franquismo. Además, pidió librar orden de detención y extradición para tomar declaración indagatoria a Abelardo García Balaguer, por el caso de una de las víctimas, María Flor de Lis Díaz Carrasco.
 
La jueza deberá decidir si hace lugar a las medidas pedidas por la fiscalía. González solicitó a la magistrada librar un exhorto a España para que se remita “copia autenticada de toda la documentación, tanto los archivos oficiales como los reservados, existentes respecto de la detención, tortura y fusilamiento” del ex Presidente del gobierno catalán Lluís Companys i Jover, entre otras medidas de prueba sobre lo ocurrido con la víctima.
 
Las medidas fueron sugeridas en un extenso dictamen elaborado tras una visita a España junto con la jueza, donde se tomaron declaraciones testimoniales y se recopiló información. “Los acontecimientos materia de investigación consisten en hechos atroces de lesa humanidad/genocidio entre los que se encuentran torturas, homicidios, desapariciones forzadas de personas y sustracción de menores, privación ilegal de la libertad calificada por la imposición de torturas y demás ilícitos que se desprenden de las presentaciones efectuadas habrían tenido ocasión, de manera aproximada, durante el período comprendido entre el 17 de julio de 1936 y 15 de junio de 1977″, sostuvo González.
 
El 15 de junio de 1977 fueron las primeras elecciones parlamentarias libres y pluralistas en España desde el 16 de febrero de 1936, recordó el fiscal. González pidió la declaración indagatoria por existir “estado de sospecha” del ex ministro de la Presidencia del franquismo Antonio Carro Martínez, del ex vicepresidente Licinio de la Fuente, del ex ministro de Hacienda Antonio Barrera de Irimo y del ex de Justicia José María Sánchez-Ventura Pascual. También del ex ministro de la Presidencia Alfonso Osorio García, del ex integrante del Consejo de Guerra Carlos Rey González, del capitán de Policía Jesús Quintana Saracíbar, del ex juez Antonio Troncoso de Castro y de siete policías más: Jesús González Reglero, Ricardo Algar Barrón, Félix Criado Sanz, Pascual Honroado de la Fuente, Jesús Martínez Torres, Benjamín Solsona Cortés y Atilano del Valle Oter.
 
Además, estimó que “se debería determinar la existencia de procesos en el Reino de España donde se investiguen los hechos por sustracción, retención y ocultación de menores” denunciados en la causa.
 
“Habría que solicitar al Vaticano que remita toda la información que obre en sus registros respecto de la participación de la Iglesia Española en la creación de la cárcel de Zamora”, consideró el fiscal entre otras medidas de prueba pedidas.
 
Pidió además que se ordenen exhumaciones en fosas comunes de cementerios españoles en busca de familiares de querellantes en la causa. Y concurrir en persona junto a la jueza al Castillo de Montjuic, en Barcelona, para “conocer el lugar donde se llevaron a cabo parte de los hechos de los que fuera víctima” el ex presidente catalán Lluis Companys I Jover “junto a miles de personas” y obtener “información al respecto”.
 
Algunas “perlas” de estos nuevos imputados:
 
Antonio Carro Martínez (Lugo, 1923)
Firmó la sentencia de muerte que ejecutó por garrote vil al anarquista Salvador Puig Antich el 2 de marzo de 1974. Doctor en derecho, fue el último ministro de la Presidencia que tuvo el Gobierno de la dictadura (cargo que mantuvo de enero de 1974 a diciembre de 1976). Como tal, firmó también las últimas condenas de muerte que ordenó el régimen, y que ejecutaron por fusilamiento, el 27 de septiembre de 1975 en Madrid, Barcelona y Burgos, a José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui Etxebarria.
 
También ha sido profesor en la Universidad de Madrid y letrado en el Consejo de Estado. Se mantuvo en política como diputado en la Legislatura Constituyente de España (1977-1979) y a lo largo de cuatro legislaturas más como diputado electo del PP en la provincia de Lugo. Algunas de las víctimas del franquismo que se han querellado contra él son Merçona Puig Antich; María Vitoria Sánchez Bravo Xolla; Flor Baena Alonso, Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar, Pablo Mayoral Rueda y Fernando Sierra Marco.
 
- Licinio de la Fuente ( Noez, Toledo, 1923)
Al igual que Carro Martínez, firmó la sentencia de muerte de Puig Antich mientras era vicepresidente del Gobierno de Carlos Arias Navarro, puesto que tuvo entre 1974 y 1975. De 1969 a 1975 fue también ministro de Trabajo. Después se convertiría en uno de los fundadores de Alianza Popular y del Partido Popular (PP), antes de desembarcar en el ámbito privado y convertirse en consejero de hasta siete empresas (Dragados y Construcciones, Banco Central Hispano Hipotecario, Banco Gallego, Banco de Granada, Banco Internacional del Comercio, Española del Zinc, Ibermutua). Merçona Puig Antich se querella contra él.
 
- Antonio Barrera de Irimo (Ribadeo, Lugo, 1929)
Antes de dimitir como vicepresidente segundo del Gobierno franquista en 1974, firmó la sentencia a muerte de Salvador Puig Antich. Un año antes se desempeñó como ministro de Hacienda, siempre con Carlos Arias Navarro como presidente. Se licenció en Derecho y Economía. Su trabajo en la esfera privada comenzó a desarrollarse antes de llegar al Gobierno. Fue presidente de Telefónica de 1964 a 1973. En la actualidad, es vicepresidente de Unión Fenosa, consejero de Bull S.A, y presidente de Autogrill España. Su nombre figura en la querella presentada por Merçona Puig Antich.
 
- José María Sánchez-Ventura Pascual (Zaragoza, 1922)
A los cuatro meses de ser nombrado ministro de Justicia, en marzo de 1975, firmó la sentencia de muerte de los últimos cinco fusilados del franquismo, ejecutados el 27 de septiembre de 1975 (mencionados arriba). Licenciado en Derecho, ocupó varios puestos de relevancia antes de llegar al Ejecutivo franquista. De 1958 a 1961 dirigió el Colegio Mayor Universitario San Pablo, de Madrid. Entre 1966 y 1970 fue Delegado del Gobierno en el Canal de Isabel II de Madrid. En 1967, además, estuvo al frente del Consejo de Administración del periódico Informaciones. Está inculpado en los testimonios de Flor Baena Alonso. María Victoria Sánchez Bravo, Manuel Blanco Chivite, Pablo Mayoral Rueda, entre otros.
 
- Alfonso Osorio García (Santander, 1923)
Fundador de la UDE y diputado de la UCD, fue Ministro de la Presidencia durante el primer Gobierno de la monarquía, (diciembre de 1975-julio de 1976, con Arias Navarro). Licenciado en Derecho, y tras ser Subsecretario de comercio en 1965 y presidente de RENFE en 1968, fue vicepresidente de la petrolera British Petroleum en España. Los años que no estuvo en el Gobierno, entre 1965 y 1990, fue presidente de PETROMED. Se lo considera responsable, junto con otros, de la matanza de Vitoria del 3 de septiembre de 1976, que terminó con la vida de cinco personas. Está imputado en las querellas de Andoni Txasco y José Luis Martínez Ocio.
 
- Antonio Troncoso de Castro (Vitoria, 1941)
Diplomado en Derecho Penal Militar, fue Coronel Auditor del Cuerpo Jurídico Militar, Ex fiscal del Tribunal Supremo, Ex vocal del Tribunal Marítimo Central y abogado del Ilustre Colegio de Madrid. Durante la dictadura, fue vocal ponente del Consejo de Guerra Sumarísimo 31/69 que se aplicó contra 16 miembros de ETA acusados del asesinato de tres personas, en lo que se conoció como el Proceso de Burgos, en diciembre de 1970. Además participó en varios consejos de guerra y causas militares que enjuiciaron a opositores antifranquistas entre 1963 hasta el fin del régimen.
 
Como vocal ponente de los consejos de guerra, estaba encargado de asesorar jurídicamente al Tribunal y de redactar la sentencia. Ante el Proceso de Burgos, sentenció con dos condenas de muerte a Eduardo Uriarte Romero, Jokin Gorostidi Artola y Xabier Izko de la Iglesia; Mario Onaindia Natxiondo, Xabier Larena Martínez y Unai Dorronsoro Ceberio fueron sentenciados a una pena de muerte; y Jon Etxabe Garitacelaya y Enrique Guesalaga Larreta, a 50 años cada uno. Estos dos últimos son los que contra él se querellan.
 
También figura en las querellas de Ignacio García Arramberri y Jon Arrizabalaga Basterretxea, que fueron juzgados en el proceso 28/69 que sentenció a muerte al hermano de este último, Andoni, y de Alberto Gabikagogeaskoa Mentxaka, Josu Naberan Naberan y Javier Amuriza Zarraonoindia, enjuiciados a su vez en el proceso 66/69 (el llamado proceso a los curas vascos).
 
- Carlos Rey González
Como vocal del Consejo de Guerra que juzgó a Puig Antich, fue el único redactor de la sentencia a muerte por garrote vil que sentenció al antifranquista. Hoy es abogado en Barcelona, y ha representado a la presidenta del PP en Catalunya, Alicia Sánchez Camacho, en el caso de espionaje político de la agencia Método 3, ya archivado. Contra él ha testimoniado Merçona Puig Antich.
 

martes, 13 de mayo de 2014

Felipe González: El rey de las cloacas entra en campaña

Las imagenes de este artículo han sido sustituidas por otras más representativas según criterio de ABF

Rafael Narbona
El ex Presidente Felipe González se ha manifestado a favor de una coalición entre el PP y el PSOE: “Si el país lo necesita, lo deben hacer”. Imagino que el principal fontanero de la Transición se expresó de la misma manera cuando se entrevistó con Manuel Fraga para obtener su apoyo en la guerra sucia contra ETA. Al parecer, Fraga le contestó que aprobaba su estrategia y que jamás afearía su decisión. El responsable de la masacre de Vitoria-Gasteiz y los asesinatos de Montejurra ya estaba familiarizado con el terrorismo de estado y no le importaba mancharse las manos de sangre una vez más. Felipe González agradeció su colaboración y ordenó que comenzaran los atentados, tal vez con el conocimiento de la Casa Real, pues el CESID siempre informaba en primer lugar a Juan Carlos I y parece improbable que desconociera una operación cocinada en la cúpula del poder. El ex policía José Amedo siempre ha afirmado que González fue el creador de los GAL y que levantaba el pulgar cada vez que le informaban de un asesinato. Creo que ese gesto refleja la magnitud de su miseria moral como político y ser humano.


En 1982, Felipe González capitalizó los votos de la izquierda. Nadie imaginaba que aplicaría un durísimo ajuste económico, basado en una feroz reconversión industrial, la creación de los contratos basura, el recorte de las prestaciones de desempleo, la legalización de las empresas de trabajo temporal y el fin de las subvenciones de ciertos medicamentos prescritos por la Seguridad Social (el famoso “medicamentazo”). Incumpliendo sus promesas electorales, Felipe González consiguió la plena integración de España en la OTAN y envió tropas a la Primera Guerra del Golfo en 1991, prestando bases y aeropuertos para los bombardeos de Irak, donde murieron al menos 5.000 civiles y unos 30.000 combatientes iraquíes, casi siempre aniquilados por la maquinaria bélica norteamericana sin ofrecerles la oportunidad de rendirse. Los escándalos de corrupción, el encarcelamiento de los insumisos al Servicio Militar y a la Prestación Social Sustitutoria (casi siempre en régimen FIES, creado en 1989 por Antoni Asunción, Ministro de Interior), la dispersión penitenciaria y el terrorismo de Estado completan un cuadro desolador que malogró los sueños de un socialismo real y revolucionario. No está de más recordar los casos de Lasa y Zabala, ambos de veinte años, secuestrados en Francia, torturados en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo y asesinados a sangre fría por los agentes Enrique Dorado y Felipe Bayo, cumpliendo órdenes directas del general Galindo y el socialista Julen Elgorriaga, Gobernador Civil de Guipúzcoa. También hay que incluir en el catálogo de infamias del gobierno de Felipe González la muerte de José Manuel Sevillano Martín, militante del GRAPO que mantuvo una huelga de hambre de 175 días, pidiendo el fin de la dispersión penitenciaria. Enrique Múgica, Ministro de Justicia, declaró que “la huelga de hambre era ficticia” y que se mantendría la dispersión “por justa y necesaria”. Cuando falleció Sevillano, extenuado tras dos infartos y horribles sufrimientos físicos y psíquicos, se prohibió a su mujer y a su hija Aida que se despidieran de sus restos mortales.


En los ochenta, la tortura era el procedimiento ordinario de las Fuerzas de Seguridad del Estado, según los testimonios del prestigioso antropólogo Francisco Etxeberria. No se torturaba tan solo a los militantes de ETA. El simple chorizo que robaba un radiocasete también sufría malos tratos en las comisarías de la Policía o en los cuarteles de la Guardia Civil. Sería injusto atribuir a Felipe González la implantación de un método que se había aplicado sistemáticamente desde la primera hora de la sublevación militar de 1936. Lejos de acabar con esa lacra, Felipe González proporcionó nuevos instrumentos para perpetuar la tortura. La Ley Orgánica 9/1984 –aún vigente- estableció un período de incomunicación de cinco días prorrogables hasta trece. En ese tiempo, el detenido no puede hablar con un abogado ni con un médico de su elección y ni siquiera su familia es informada de su paradero. Se puede hablar de un secuestro o desaparición temporal que se ha empleado para torturar con impunidad. Las víctimas de esa aberración jurídica han soportado suplicios tan inhumanos como la bañera, la bolsa, la barra, el quirófano, el misionero, la privación de sueño, los abusos sexuales y los simulacros de ejecución. La Fundación Euskal Memoria estima que cerca de 10.000 vascos han sido torturados en los últimos 50 años. Sólo entre 1978 y 1988 se detuvo a 7.370 y el 40% denunciaron torturas. Desde entonces, se han producido otros 1.700 casos.

Julio de 2012 manifestación de los mineros en Madrid
Al declararse partidario de un pacto de estado entre el PP y el PSOE, Felipe González se ha quitado definitivamente la careta, evidenciando que no cree en la democracia ni se inquieta por el sufrimiento de la clase trabajadora. Desde que comenzó la crisis, se han recortado libertades y derechos, empujando a la pobreza a millones de personas, niños incluidos. Desahucios, malnutrición infantil, bajada de salarios, paro masivo, brutalidad policial, exclusión sanitaria de los inmigrantes sin papeles, leyes represivas que limitan la libertad de expresión, el derecho de manifestación o el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, privatización encubierta de la sanidad y la educación, supresión de becas y servicios sociales. Durante el gobierno de Mariano Rajoy, se han destruido más de un millón de puestos de trabajo y se ha promovido el empleo basura, que permite explotar al obrero y rescindir los contratos al antojo de los empresarios. Se han socializado las pérdidas de la banca y se ha amnistiado a los grandes defraudadores, sin adoptar medidas para combatir el colosal fraude fiscal (72.000 millones de euros al año). Emilio Botín ha felicitado a Mariano Rajoy y el IBEX 35  no oculta su regocijo. La Troika también se muestra complacida, pero exige nuevos recortes para cumplir el pacto fiscal que ha fijado para 2020 unos objetivos (reducir la deuda al 60% del PIB, contener la inflación en un 3%) que implicarán un gigantesco recorte de 400.000 millones de euros. Dicho de una forma sencilla: ha prevalecido la inhumanidad y la barbarie. Felipe González apuesta por continuar en esa dirección. Su actitud solo corrobora que la Transición fue un cuento y que desde entonces sufrimos los abusos de un régimen cada vez más intolerante y represivo.

La abstención activa es un recurso legítimo, pero no creo que invierta el curso de la historia. La sociedad debe seguir el ejemplo de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y luchar por sus derechos, sin dejarse intimidar por una policía con barra libre para aporrear, humillar o multar a los activistas sociales. La historia juzgará a Felipe González y, si es justa, no será benévola. Personalmente, creo que debería acabar en el banquillo de la Corte Penal Internacional, acompañando a José María Aznar, su viejo antagonista. Ambos se implicaron en guerras inmorales e ilegales y han tolerado y promovido la tortura. Así los prueban las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y los informes de Amnistía Internacional, por citar solo dos ejemplos. Si el PP y el PSOE pactan, se confirmará que la soberanía popular solo es un principio retórico y no una realidad. Podremos hablar de dictadura sin exagerar un ápice. Mientras el pueblo trabajador sufre lo indecible, los canallas que nos gobiernan se marcharán de crucero en una nueva versión del Azor (el célebre yate del Generalísimo), felices de haber obrado el milagro de transformar el franquismo en autoritarismo parlamentario. La historia de España ha dibujado un bucle y ni siquiera tenemos a un Miguel Hernández, apilando versos llenos de rabia y esperanza:

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Si la Audiencia Nacional leyera esta estrofa, ordenaría a la Guardia Civil que detuviera al poeta. Nada ha cambiado en la España negra y cainita que combina la mitra, la toga y el tricornio para acallar el viento del pueblo.

domingo, 4 de mayo de 2014

Horror en Roquetas - 9 de Mayo de 1981

Juan Mañas Morales (24 a.), Luis Montero García (33) y Luis Manuel Cobo Mier (29)
 
Tres jóvenes trabajadores santanderinos se trasladan en coche hasta Andalucía para asistir a la primera comunión del hermano de uno de ellos.

Durante el trayecto son confundidos con tres militantes de ETA (que había atentado contra militares ese día, desatándose la cacería antiterrorista) por una persona que acababa de ver las noticias. La cacareada "colaboración ciudadana".

Apuntó la matrícula del coche donde iban los tres jóvenes, que ignoraban que acababan de dictarse sus sentencias de muerte, y avisó a la Guardia Civil. 

El resultado no se hizo esperar: el 9 de mayo varios picoletos detuvieron a los tres jóvenes en Roquetas de Mar (Almería) y, tras llevarlos a una casa abandonada, los torturaron con tal saña y crueldad que en pocas horas eran los tres cadáveres atrozmente mutilados.

Dándose cuenta del error, procedieron a camuflar el crimen, para lo cual metieron los cadáveres en el coche para, a continuación, prenderle fuego.

El procedimiento judicial estuvo repleto de irregularidades, y sólo gracias a la entrega y coraje del abogado que representaba a las familias de las víctimas, Darío Fernández, quien recibió múltiples amenazas de muerte y tuvo incluso que vivir oculto en una cueva, se logró que tres de los once guardias civiles implicados fuesen condenados por torturas y homicidio, que no asesinato. 

El principal encausado, el entonces teniente-coronel Carlos Castillo Quero, recibió una sentencia de 25 años de prisión; el teniente Manuel Gómez Torres otra de 14 años, y finalmente el guardia Manuel Fernández Llamas fue condenado a 12 años. 

Ninguno pasó en prisión ni un año y, por supuesto, con enormes privilegios y prebendas. Entre otras, nunca dejaron de percibir suculentas sumas de dinero procedentes de los fondos reservados.

viernes, 25 de abril de 2014

La transición no terminó con el franquismo, lo camuflo. Alfredo Grimaldos en “El otro País"

Publicado en ¡¡ Hasta la victoria final !! 25/4/14
Son los propios franquistas quienes diseñan el cambio y se reparten los papeles en la obra que ellos mismos dirigen. 38 años después parece claro

El franquismo no es una dictadura que finaliza con el dictador, sino una estructura de poder específica que integra a la nueva monarquía”, escribe José Acosta Sánchez en su libro “Crisis del franquismo y crisis del imperialismo” (1). Y efectivamente, durante la Transición nunca se llega a producir una auténtica ruptura democrática, un corte histórico significativo con el Régimen del Caudillo. En ningún momento se aborda la depuración del aparato de Estado. Políticos que desarrollaron una carrera muy notoria durante la dictadura son los encargados de dirigir el cambio. Y en ese proceso de adaptación de las estructuras franquistas a los nuevos tiempos, policías, jueces y militares continúan siendo los mismos.

Los mandos del Ejército que  ejercieron de oficiales con Franco incorporan nuevas estrellas a sus bocamangas al amparo de la Monarquía, los implacables jueces del Tribunal de Orden Público prosiguen su ascenso en los nuevos tribunales de excepción que surgen, y los torturadores de la antigua Brigada Político-Social mantienen sus siniestras trincheras en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. El habitual “aprobado por aclamación” de las Cortes franquistas se sustituye por el sacrosanto “consenso” y el silencio oficial continúa apoderándose de muchos asuntos esenciales de la vida política.

Series hagiográficas de televisión, numerosos libros e infinidad de suplementos impresos se encargan de mitificar la mentira y tergiversar los hechos históricos, otorgando un protagonismo estelar, el de incuestionables padres de la democracia, a turbios personajes cuyas elocuentes biografías también quedan convenientemente maquilladas. Pero los verdaderos protagonistas de la Transición no son los políticos profesionales, sino los detenidos y torturados, los miles de encarcelados y, sobre todo, los luchadores muertos.

Ya en 1977, el dibujante Carlos Giménez encabeza una de sus rotundas historias gráficas, publicada en la revista El Papus, con un título que hoy conserva absoluta vigencia: “Recuerda”. La doble página comienza  con una viñeta en la que los carteles electorales se enseñorean de la calle, mostrando a políticos sonrientes bajo el lema: “los hombres que hacen posible la democracia”. En los dibujos posteriores se pueden ver un fusilamiento, el interrogatorio de un detenido destrozado por la tortura, una galería de presos políticos, el asesinato de un joven, que es acribillado por la policía mientras realiza una pintada, y a manifestantes reclamando “amnistía y libertad”. En la última viñeta, “los hombres que hacen posible la democracia” ya han cambiado: no aparecen las caras sonrientes de los políticos, sino las víctimas de la represión.

La crónica de los primeros años de la Transición publicada en El Papus constituye una de los más certeros análisis de ese momento histórico que han quedado impresos. Para intentar acabar con la lucidez de sus cronistas, un grupo de extrema derecha hace explotar una bomba en la redacción de la revista, en 1978, asesinando a Juan Peñalver, conserje del edificio. Varios jueces del antiguo Tribunal de Orden Público franquista, instalados en los nuevos órganos judiciales de la Monarquía, se encargan de amparar a los criminales.

La imagen oficial de la Transición se ha construido sobre el silencio, la ocultación, el olvido y la falsificación del pasado. Una y otra vez se vuelven a dibujar las claves políticas de aquellos años como un juego de mesa, como una especie de partida entre destacados franquistas que, de repente, se transforman en demócratas y tienen que enfrentarse con el “búnker” fascista. En esa opereta, los miembros de la oposición controlada actúan como artistas invitados. Tras contemplar semejante cuadro, parece que la lucha en la calle nunca ha existido. Una y otra vez se renuncia a reivindicar una parte fundamental de la historia reciente: más de cien militantes de izquierda fueron asesinados, entre los años 1976 y 1980, en manifestaciones o atentados. Por la policía, la Guardia Civil y la extrema derecha instrumentalizada desde el poder.

Son los propios franquistas quienes diseñan el cambio y se reparten los papeles en la obra que ellos mismos dirigen. La Transición se convierte en la metáfora  de un interrogatorio policial. Eso que los funcionarios de la Brigada Político-Social sabían hacer a la perfección. Para apuntalar sus planes, los reformistas que ejercen de “policías buenos” piden constantemente sumisa colaboración a los opositores “sensatos”. Con un claro aviso añadido: en caso contrario, pueden intervenir los incontrolados “policías malos”. Y será peor para todos.

Ese sistema de presión resulta muy conocido para todos los detenidos que han pasado por la Dirección General de Seguridad y lo han sufrido. En su estrategia, los cerebros del cambio se sirven de la extrema derecha que asesina en la calle, del búnker político franquista y del miedo al ruido de sables. Y en caso de que algo se les vaya de las manos, utilizan el recurso habitual: la policía y la Guardia Civil. “El peligro de involución” les viene bien para exigir a la oposición que se doblegue una y otra vez, antes de haber llegado a alcanzar sus reivindicaciones mínimas.

Los franquistas con voluntad de perpetuarse en el poder saben que, por necesidad histórica, tienen que cambiar algunos elementos de la estructura política del Régimen, pero sólo están dispuestos a hacerlo después de haber desactivado previamente al enemigo. La dictadura aún puede seguir conteniendo, hasta cierto punto, el empuje del movimiento de masas, pero cada vez con mayor dificultad y a cambio del aislamiento exterior de la clase dominante. Así que muchos de los que han apoyado abiertamente, hasta ese momento, el totalitarismo franquista –desde Fraga o Pío Cabanillas, hasta Suárez y Martín Villa- se van despegando de él para reconvertirse en partidarios de la evolución controlada del propio Régimen.

Poco a poco, acreditados detractores de la democracia y el pluralismo se empiezan a manifestar a favor de iniciar el camino hacia un sistema parlamentario de corte europeo occidental, con partidos y sindicatos legalizados. Pero para llegar a ese punto, primero hay que debilitar a las fuerzas más organizadas de la oposición y al movimiento sindical. Cada paso en el proceso de apertura tiene que conllevar, necesariamente, una cesión por parte de los opositores que aspiren a participar en el nuevo juego. Y las reglas las imponen ellos, los franquistas. La consigna está clara: reformar el Régimen, pero impedir a toda costa que se produzca una ruptura. Eso podría acabar con los propios intereses de futuro de quienes apadrinan el cambio.

En 1973, el “opositor” monárquico Joaquín Satrústegui, que cuatro años más tarde se convertirá en senador por designación real en las primeras Cortes elegidas en las urnas, declara en Roma: “Esta táctica (sic) no tendría razón de ser si no existiera una oposición reformista, con la ayuda de la cual debemos tratar de controlar y evitar la movilización mayoritaria y la situación que se podría dar después como consecuencia de ella”. Y añade, con claras dotes proféticas: “Hay que domeñar, a costa de lo que sea, a los comunistas, sobre todo, y, más importante aún, hay que integrar a sus dirigentes en nuestro proyecto, para que sean ellos mismos los que controlen y eviten la  violencia de las huelgas y las revueltas estudiantiles, sobre las que tienen una gran autoridad e influencia. Hay que evitar a toda costa que se proclame la República de nuevo”.

Carrillo entiende perfectamente este mensaje y pronto acaba aceptando la Monarquía y haciendo de policía desmovilizador en su importante área de influencia. Por orden de su secretario general y por primera vez en la historia, las bases del PCE se ven obligadas a enarbolar la bandera de la monarquía borbónica, la misma que presidía los consejos de guerra franquistas, y también a enfrentarse con quienes se empeñan en seguir esgrimiendo la enseña tricolor. En más de una ocasión se puede ver a curtidos militantes comunistas cumplir esa insólita y amarga misión con los ojos empañados: “Por favor, compañero, vamos a intentar que no haya problemas... Tengo que hacer esto por disciplina de partido, entiéndelo”.

La Revolución de los Claveles portuguesa del 25 de abril de 1974 constituye una llamada de atención fundamental para los franquistas con mayor visión de futuro. Un hombre del búnker, Utrera Molina, ministro Secretario General del Movimiento en esa fecha y hoy suegro del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, confiesa a Victoria Prego en un capítulo de la serie sobre la Transición que la periodista elaboró para TVE: “Yo juzgué que había que tomar nota y anticiparse. O una de dos, o vigorizábamos nuestras instituciones y las modernizábamos, poniéndolas al día, o perderían definitivamente su espacio de futuro”.

En su libro “De Franco a Juan Carlos I” (2), José Luis Mendizábal señala que una de las condiciones básicas de la reforma es la de “recuperar  para esta singular derecha democratizadora el mayor número de servidores del aparato del Estado franquista. Y lo cierto es que, durante la Transición, las nuevas instituciones que van surgiendo coexisten con organismos engendrados por el franquismo. Y los personajes que han hecho carrera en éstos se trasvasan con toda naturalidad a los primeros. La alta burocracia, los jueces, la policía y los mandos militares permanecen en sus puestos. Y con ellos, una gran cantidad de hábitos antidemocráticos y de mecanismos represivos. Se mantienen los servicios secretos del fascismo, dirigidos por funcionarios que han hecho toda su carrera dentro de ellos, cambiándolos sólo el nombre. Y continúan espiando, sin ningún tipo de control, las conversaciones telefónicas y la correspondencia”.

Otro de los rasgos significativos del proceso de fabricación política de una derecha parlamentaria, a partir del franquismo de camisa azul, es la promoción simultánea de una extrema derecha violenta y golpista, sobre cuyas espaldas van a reposar todas las culpas del fascismo durante la Transición. Pero incluso en este caso, sin que tampoco se deriven  responsabilidades penales para los ultras por sus actos criminales, salvo en muy pocos casos. Policías y jueces les echan una mano. De ese modo, los “policías malos” de este gran montaje son, “exclusivamente”,  un puñado de locos marginales, encuadrados en grupos de fanáticos franquistas. Eso sí, dirigidos por los funcionarios policiales del antiguo régimen, que se perpetúan en la Transición, y por los servicios de información surgidos del propio aparato franquista. Los ultras asumen a la perfección su papel criminal y llevan a cabo decenas de asesinatos desde 1976 hasta 1980. La mayor parte de ellos quedan impunes.

Durante ese periodo, el movimiento popular afronta constantes y peligrosos pulsos en la calle, enfrentándose contra las fuerzas policiales para conseguir la ruptura democrática. Pero los franquistas renovados tienen claro que para que triunfe la reforma controlada hay que acabar con la resistencia organizada y buscan establecer un “consenso” con las direcciones de los grupos que tiene mayor influencia en la izquierda. No obstante, no les resulta fácil la tarea de desmontar las estructuras populares que se han ido creando durante los últimos años del franquismo, políticas, vecinales y sindicales, ni siquiera con el apoyo de tan acreditados colaboradores. La lucha por la amnistía y la ruptura sigue movilizando a un sector importante de la oposición.

La liquidación de los movimientos populares está en el origen de la partitocracia corrupta que se acaba imponiendo y que ahora está llegando a su máximo nivel de podredumbre. El sistema electoral diseñado y el propio funcionamiento del Congreso de los Diputados contribuyen decisivamente a provocar un corte entre los políticos profesionales y sus votantes. Eduardo Haro Tecglen, en su columna de El País, el 12 de mayo de 2004, escribe: “La ley D’Hont favorece los grandes partidos y disminuye los pequeños; es contraria al pluralismo y se adoptó para continuar el franquismo a base de dos partidos únicos”.

Las exigencias básicas de la Junta Democrática, organismo unitario presentado en París en 1974, con el auspicio del PCE, van perdiendo brío sólo dos años después de su creación, a medida que la Transición avanza. Se renuncia a la “formación de un gobierno provisional”; la “amnistía total” se consigue gracias a manifestaciones populares convocadas sin el apoyo de los partidos mayoritarios de la oposición, en las que  las calles se tiñen con la sangre de muchos jóvenes estudiantes y obreros; la “independencia judicial” se olvida para siempre y, por supuesto, no se vuelve a plantear uno de los puntos clave de la plataforma reivindicativa de la Junta: la “celebración una consulta para elegir la forma de Estado: monarquía o república”. Queda sellado un pacto en el que se acuerda no remontarse a la guerra civil y a los años de represión posteriores, se pretende enterrar la memoria histórica del periodo republicano y la ilegitimidad originaria de la monarquía juancarlista.

Los atentados de la extrema derecha y las amenazas de golpe son una constante durante la Transición. El fantasma de la involución convierte en “salvadores” del proceso de cambio a los franquistas reformistas y al Rey. García Trevijano, uno de los fundadores de la Junta Democrática, en su libro “El discurso de la república”, escribe: “Cuando se propaga el temor social a un peligro inexistente es porque la clase o el partido gobernante están en peligro real de perder el poder. Y echando sobre el pueblo el miedo propio consiguen una nueva legitimación para seguir dominándolo. Esto sucedió al final de la dictadura, con la cínica propaganda de un peligro irreal de guerra civil, para justificar el consenso moral de la transición contra la ruptura democrática”.

Efectivamente, las propias direcciones de los grandes partidos, que ya buscan su propio espacio político concreto, propagan de forma interesada el mensaje de que es necesario el pacto de las fuerzas predemocráticas con el régimen franquista para abortar el supuesto peligro de un nuevo enfrentamiento entre españoles o la instauración de una dictadura militar, cuando aún no se ha terminado la vieja. La Transición democrática se convierte en el silencio de los corderos.

Continúa García Trevijano: “Basta constatar que la clase trabajadora se encuentra hoy más alejada del poder político  y del poder social que cuando murió el dictador, y que el estatus de sus dirigentes ha subido, para saber que el Partido Socialista, el Partido Comunista y los sindicatos sacrificaron esos intereses sociales a la ambición personal de sus aparatos de entrar en el reparto patrimonial de los cargos y presupuestos del Estado, de los que han hecho su modo de vivir. Y todas las ambiciones se basaron, además, en la miserable mentira de la reconciliación nacional entre franquistas y demócratas para evitar una guerra civil imaginaria”.

A partir del referéndum que aprueba la Ley de la Reforma Política, millones de españoles se entregan  con entusiasmo a la tarea de mantener en el poder, en nombre de las nuevas libertades, a las mismas personas que las han reprimido durante muchos años, desde el Movimiento, la policía política, la judicatura, la televisión y la prensa de la dictadura. “Se fundieron en un solo cuerpo, como en el monstruo de las dos espaldas, el rostro atroz de la tiranía y la cara dura de la ambición clandestina. A ese monstruo se le llamó consenso”, concluye García Trevijano.

Los vaivenes que experimentan las trayectorias políticas protagonizadas por los principales diseñadores de la Transición  son casi idénticos. De origen falangista, flirtean con el Opus en el momento oportuno y no les afecta la debacle de MATESA, por su estratégica situación en puestos importantes pero todavía secundarios del sistema. Visten de nuevo la camisa azul y se la quitan justamente cuando la maquinaria franquista chirría por todas partes y se presagia su destrucción. Con juegos de manos tan admirables, esta generación de políticos consigue salvar para el futuro muchas piezas de la estructura del Régimen. Personajes que provienen del franquismo más azul, como Martín Villa y Fraga, han seguido detentando cargos relevantes en la vida pública hasta hace muy poco.

El primer gran acto de consenso “oficial”, después de las elecciones generales de 1977, lo constituye la firma de los Pactos de La Moncloa, que incluyen unos acuerdos de contenido político y otros de contenido económico. Se suscriben el 25 de octubre de 1977. Dentro de la lógica habitual del suarismo, la ceremonia de rúbrica, encabezada por el presidente de Gobierno, es solemnemente retransmitido en directo a través de RTVE. El peso de los acuerdos –en la práctica un plan de estabilización- recae sobre los trabajadores y hay numerosos brotes de contestación (3).

Los Pactos suponen la cesión de numerosas conquistas obreras conseguidas a lo largo de años de lucha. Se fijan topes salariales muy por debajo del aumento del índice del coste de la vida, y además se aplican con carácter retroactivo. También se facilita el despido. Desde entonces, la debilidad del movimiento obrero es cada vez mayor. Aquí se marca el punto de inflexión entre el sindicalismo reivindicativo y la burocratización subsidiada por el propio Estado. Carrillo vende la necesidad de apoyar los Pactos, como siempre, por “el peligro que se cierne sobre la democracia”, y uno de los suyos, Carles Navales, destacado sindicalista del CCOO en el Baix Llobregat, añade años más tarde: “A la clase obrera española hay que reconocerle que priorizara la necesidad de consolidar la democracia, aunque ello fuera a costa de perder muchos puestos de trabajo”. Las cifras son reveladoras: el número de ocupados españoles, 12,5 millones en 1977, desciende continuamente durante los doce años siguientes. José Luis Leal, ministro de Economía de Suárez, también agradece a los dirigentes de la izquierda su labor de neutralización del movimiento obrero, en un artículo publicado en El País, el 25 de octubre de 2002, con motivo del 25 aniversario de los Pactos: “El compromiso de los líderes políticos del momento hizo posible la neutralización política de los previsibles efectos sociales del ajuste económico”.

Se producen paros y manifestaciones en rechazo de los acuerdos y, como es habitual durante la Transición, las intervenciones de la policía provocan numerosos heridos. El día 12 de diciembre muere en Tenerife Jesús Fernández Trujillo, por disparos de la Guardia Civil, durante una jornada de huelga general.

Cada nueva muerte provocada por la ultraderecha o por la represión policial lanza a la gente a la calle y, paralelamente, arroja cada vez más en brazos de los franquistas reciclados a Carrillo y otros representantes de la oposición. La táctica de los reformistas, empeñados en desactivar al enemigo, funciona a la perfección. Al final, no hay ruptura, ni corte histórico, ni depuración de los aparatos represivos. Franco, a través de sus más directos herederos –el Rey, Suárez, Martín Villa...- comanda la Transición. Con la aquiescencia de los políticos opositores, se echa un telón sobre las innumerables víctimas del ilegítimo Régimen surgido del golpe militar del 18 de julio de 1936.

Las claves de la Transición 1973-86 (para adultos). Editorial Península

miércoles, 19 de febrero de 2014

¡Pena de jueces con escrúpulos!

EL PAÍS SEMANAL -  Juan José Millás 16/2/14
Observen cómo da la cara Juan Antonio González Pacheco, Billy el Niño, tras declarar ante el juez. Parece que viene de atracar una gasolinera, una tienda de ultramarinos, un estanco, y podría hacerlo, pues todavía tiene su pistola. Pero atracar no es lo suyo, no le pone, a menos que pudiera torturar después al dependiente, un chico joven al que le mandaría bajarse los pantalones y los calzoncillos para meterle una picana en los testículos. Significa que Juan Antonio González Pacheco, Billy el Niño, sería un mal atracador. Perdería el tiempo metiendo la cabeza en el retrete de la dueña de la mercería.
 
Los atracadores de verdad lo considerarían una peste, porque los atracadores distinguen el trabajo de la diversión, saben dónde se gana la pasta y dónde se ejercita el sexo. Lo cierto es que cada uno disfruta con lo que puede, y el tipo de la foto solo gozaba moliendo a palos a jóvenes indefensos. Le ponías delante a un crío con esposas y se le hacía la boca agua. La ley es el refugio de las psicopatías más repugnantes. Cuando se dan las condiciones objetivas, salen de sus grietas, como ratas enloquecidas, violadores, ladrones, asesinos, verdugos… Unos vienen de la judicatura; otros, de los ejércitos; algunos, como en el caso del tipo de la foto, de la poli. Cuando la dictadura cae, regresan a sus madrigueras, como las cucarachas al encenderse la luz, y viven de las leyes de punto final, de las prescripciones, de las complicidades explícitas o implícitas de los Estados. La alimaña de la foto, ya se ve, ha vuelto a su rendija. ¡Pena de jueces con escrúpulos!

lunes, 17 de febrero de 2014

Paco Etxeberria ...


 
 
14/02/2014
Paco Etxeberria es uno de los forenses más reputados del mundo.
Violan a una mujer brasileña en una comisaría de Bilbao y nadie es condenado. Pese a que la mujer consiguió identificar en 13 ruedas de reconocimiento en las que comparecieron 65 policías al acusado de la violación y ahora absuelto, Valentín González González, algunas de las imprecisiones en sus declaraciones no permiten una sentencia condenatoria.

lunes, 3 de febrero de 2014

El relator de la ONU insiste: España debe juzgar los crímenes del franquismo

El País - Natalia Junquera -  Madrid 3 FEB 2014
Pablo de Greiff, relator especial de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, pidió visitar en primer lugar España para comprobar qué grado de todas las cosas que componen el largo nombre de su cargo tienen aquí las víctimas del franquismo. Y a juicio de sus conclusiones preliminares, que ha presentado esta mañana antes de regresar a Nueva York, no es, ni de lejos, suficiente. El Estado, afirma, debe dejar sin efecto la ley de amnistía, que en la práctica, en España "cumple las funciones de una ley de punto final en tanto que se ha utilizado para archivar prácticamente la totalidad de los casos que llegan ante los jueces".
 
De Greiff ha recordado que en países donde no se han derogado leyes de amnistía, los tribunales han encontrado interpretaciones de esas normas "que no han impedido el procesamiento de los presuntos responsables". Aquí, sin embargo, se invoca constantemente para impedir el acceso de las víctimas de la justicia. El relator ha confesado su "preocupación" por la posición de la Fiscalía de la Audiencia Nacional al denegar la solicitud de extradición a Argentina de los dos presuntos torturadores franquistas José Antonio González Pacheco, Billy el Niño, y Jesús Muñecas Aguilar.
 
El relator, como hace unos meses hicieron sus compañeros del Grupo de trabajo y el Comité de Naciones Unidas contra las desapariciones forzadas, ha insistido en la necesidad de que el Gobierno haga una "política de Estado" para reparar a las víctimas de franquismo, y que lo haga, además, "con urgencia", debido a la avanzada edad de muchas de ellas. En este sentido, recordó que el mapa de fosas - "que no hubiera sido posible sin los esfuerzos de historiadores y asociaciones memorialistas"- recoge hasta 2.382 enterramientos clandestinos que "contendrían los restos de 45.000 personas". El relator ha criticado en estos términos que el Estado hubiera dejado en manos de los familiares la responsabilidad de la localización y apertura de fosas de la Guerra Civil:  "El modelo de privatización de las exhumaciones facilita la indiferencia de las instituciones del Estado".
 
El experto ha comentado que durante los diez días que había pasado en España entrevistándose con miembros del Gobierno, como el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, jueces, defensores del pueblo y víctimas, le había llamado especialmente la atención la "inmesa distancia" entre las instituciones del Estado y las víctimas, en este caso, de los crímenes del franquismo. Nunca en sus 20 años de experiencia, ha destacado, se había encontrado algo parecido.
 
De Greiff también ha comentado que durante su visita había querido ver el Valle de los Caídos, un asunto al que se referirá ampliamente, ha avanzado, en su informe definitivo, que presentará en septiembre. "Las víctimas exigen, y considero que merecen, la reconsideración de este tema", ha dicho, refiriéndose al cambio de significado del monumento que Franco ideó para inmortalizar su victoria. "A día de hoy", lamentó el relator, "no hay nada en el sitio que proporcione algún tipo de información o señalización acerca de la forma en que fue construido (por presos) ni sobre las condiciones bajo las cuales muchos de los cuerpos que ahí descansan fueron trasladados". 
 
El relator también ha instado al Gobierno a anular todas las sentencias de los consejos sumarísimos, una vieja reivindicación de las víctimas que se descartó durante el debate sobre de la ley de memoria histórica entre otras cosas por el temor a que los afectados reclamaran indemnizaciones.
 
Finalmente, de Greiff también ha manifestado su "preocupación" ante la proposición de ley del PP sobre la justicia universal que "limitaría significativamente" la aplicación de este principio en los tribunales españoles.
 
En septiembre, presentará su informe de recomendaciones definitivas para España. Preguntado por hasta qué punto creía que el Gobierno haría caso a Naciones Unidas, ha contestado que él no es ni un "cínico" ni un "romántico". Que se ha cuidado mucho de no cometer "la crueldad" de prometer a las víctimas cosas que no puede prometer o generar expectativas que no vaya a poder satisfacer. "Pero si ellos no se rinden, yo tampoco. La única promesa que he hecho es mi compromiso a seguir velando por el ejercicio de los derechos a la verdad, la justicia y la reparación"
 
 

sábado, 1 de febrero de 2014

La Fiscalía rechaza extraditar a Argentina a 'Billy el Niño' porque según él sus delitos "han prescrito"

El torturador  Antonio González Pacheco
alias 'Billy el Niño'
Título corregido por MJBarreiroLG, original: La Fiscalía rechaza extraditar a Argentina a 'Billy el Niño' porque sus delitos han prescrito
 
EL HUFFINGTON POST / EP  
La Fiscalía española rechaza extraditar a Argentina al exinspector franquista Antonio González Pacheco, alias 'Billy en Niño', acusado de torturas entre 1968 y 1975, con el argumento de que estos delitos han prescrito.
 
En su escrito, el Ministerio Público se basa en el Código Penal franquista de 1973 y argumenta que "el plazo de transcripción, de 10 años" que fijaba este código, ha "transcurrido con creces".
 
Además, la Fiscalía considera que González Pacheco disfruta de arraigo en España, "donde convive con su pareja sentimental y su hija" y "no tiene vinculación alguna, que se conozca, con el Estado que plantea la extradición".
 
El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz citó a declarar el pasado mes de diciembre al exinspector y ordenó la retirada de su pasaporte y la prohibición de salir de España mientras se tramitaba su extradición a Argentina, que les investiga por las torturas que habrían cometido durante los últimos años del franquismo.
 
González, que se negó a ser entregado a las autoridades argentinas, tiene, además, la obligación de realizar comparecer semanalmente en su juzgado o en el más cercano a su domicilio.

sábado, 12 de octubre de 2013

“Ejecuciones, mutilaciones, violaciones”, así fue la Conquista de América


El conquistador Hernando de Soto torturando a los jefes nativos de Florida
Entrevista con Antonio Espino autor de "La conquista de América"

El confidencial.com - Javier Zurro 12/10/13
Masacres, asesinatos, amputaciones de manos y pies, heridas curadas con aceite hirviendo, violaciones… semejantes crímenes parecen sacados de una mente perturbada. Sin embargo esto era el día a día en las batallas que tuvieron lugar durante la conquista de América. Un periodo de nuestra historia que tiende a mitificarse obviando sus pasajes más oscuros. El catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Historia Militar, Antonio Espino López, según cuenta a El Confidencial, propone una mirada sin prejuicios de la colonización hispana en su libro La conquista de América: Una revisión crítica (RBA Ediciones). En su obra, Espino se sirve de los testimonios dejados en las numerosas crónicas de Indias  para describir con precisión las armas, tácticas, batallas y sangrientas prácticas que 'héroes' como Hernán Cortés llevaron a cabo.

¿Cuándo surge su interés por revisitar la conquista de América?
Desde siempre me he preocupado especialmente por cuestiones relacionadas con la historia de la guerra. Poco a poco fue surgiendo el interés por explicar mejor a mis alumnos las estrategias y tácticas militares empleadas en la conquista de América y ello me llevó a releer un número importante de Crónicas de Indias. Allí descubrí numerosos testimonios de las técnicas utilizadas para someter a las poblaciones aborígenes, todas ellas basadas en el terror, la crueldad y la violencia extrema. Una realidad muchas veces obviada por otros historiadores.

¿Por qué se tiene mitificada la conquista de América por parte de, sobre todo, la ficción?
Por un puro y simple desconocimiento histórico. Aquellos que se dedican a ello pueden conocer algunos datos, pueden tener algunas nociones, pero carecen habitualmente de una perspectiva historiográfica del asunto. Y, en buena medida, los culpables somos los historiadores, claro.

Por una cuestión de patriotismo mal entendido siempre se ha negado cualquier exceso cometido en América ¿En qué son culpables los historiadores?
Una amplia mayoría, hasta hace muy pocos años, apenas se había atrevido a mostrarse crítica con el imperialismo hispano en las Indias, en América. Hay que tener en cuenta que, durante mucho tiempo, se había considerado que mostrarse crítico con las hazañas hispanas era sinónimo de ser un mal español, me atrevería a decir; de hacerle el juego a todos aquellos que habían fomentado la famosa “leyenda negra”. Me da la sensación que, por una cuestión de patriotismo mal entendido, siempre se ha negado cualquier exceso cometido en América o se ha querido justificar como una típica “acción de guerra” que, además, en el caso que nos ocupa duró muy poco tiempo.

¿Cree que existe miedo a reconocer la crueldad que usted describe en su libro?
En realidad todo el mundo es más o menos consciente de que tenemos una factura pendiente con los descendientes de las poblaciones aborígenes. Pero no sólo los españoles, sino todas las potencias europeas imperialistas en las épocas moderna y contemporánea. No hay que tener miedo a la hora de reconocer que cualquier imperialismo es expansionista y agresivo por definición, y prácticamente todos ellos usaron de la crueldad. Lo mejor es tenerlo claro, estudiarlo y aceptarlo para encarar cualquier crítica que se pueda hacer. No somos ninguna excepción. No somos ni mejores ni peores que los demás. Hay que entender este tipo de realidades, conocerlas y procurar erradicarlas en nuestro presente y en el futuro.

Nuestros conquistadores muchas veces son mostrados como héroes
Una vez más, esa imagen es fruto del desconocimiento o la falta de reflexión. Es fruto de la idea tan generalizada de que los aborígenes ganaron mucho con la presencia hispana en sus tierras. Por lo tanto, si a la larga resultaron beneficiados, las “molestias” causadas eran asumibles y, en el fondo, poco importantes. Por otro lado, los conquistadores siempre se presentaron a sí mismos como héroes, sus ejemplos eran los antiguos hacedores de imperios: Alejandro Magno, Julio César… Los intelectuales de la época jugaron un papel importante transformando sobre todo a Hernán Cortés, y en menor medida a Francisco Pizarro, en nuevos héroes a la altura de los mencionados. Esa imagen fascinó y convenció a lo largo de los años, sobre todo en un país en el que no hubo grandes “héroes” a partir del siglo XVII.

¿Existe algún conquistador que destacara por su compasión?
Yo diría que nos encontramos en general con personas que utilizan la crueldad sólo cuando era necesario, el problema es que lo fue muy a menudo teniendo en cuenta las características de la conquista hispana de las Indias: contingentes hispanos muy reducidos, necesidad de imponerse sobre grandes poblaciones aborígenes, necesidad de demostrar firmeza ante los amerindios aliados…

¿Considera que fueron excesivas las medidas que se tomaron?
Las medidas que se tomaron fueron muy duras. La conquista de América fue un proceso terrible, muy alejado de la imagen idílica que habitualmente se tiene. No fue en absoluto un conflicto de baja intensidad. Fue una guerra muy dura bajo el paraguas jurídico-religioso del derecho hispano a su presencia en aquellas tierras con el único interés por la civilización y la evangelización de sus habitantes, cuando más bien lo que se escondía era un deseo brutal por obtener riquezas. Como se ha afirmado, la codicia fue el verdadero motor de la conquista. Leyendo numerosos testimonios de la época es evidente que fue así.

Todo el mundo es más o menos consciente de que tenemos una factura pendiente con los descendientes de las poblaciones aborígenes¿Cree que la conquista del territorio podía haberse llevado a cabo de una manera menos sangrienta?
Sinceramente, creo que no. Creo haber demostrado en mi libro que existió toda una tradición bélica a la hora de enfrentarse a un enemigo diferente, distinto, al europeo. En sus razzias en el norte de África, en la guerra de Granada, en la conquista de Canarias y en los primeros años de presencia hispana en las Antillas (y Panamá), los españoles fueron perfeccionando unas formas de enfrentarse a dichas poblaciones que culminarían en las conquistas de México y Perú. Se trataba de usar el terror para imponerse de manera contundente a un enemigo difícil que podía, en un momento dado, complicar mucho las cosas.

¿Culturalmente cree que la colonización fue positiva?
Claramente, de la atomización cultural aborigen imperante antes de 1492 se pasó a una cierta uniformidad cultural, pero una y otra vez se nos quiere dar a entender que sólo por la adquisición de un idioma europeo el beneficio obtenido puede justificar cualquier exceso cometido, y hay quien duda de que se cometieran excesos. En el caso de América, el etnocidio cultural cometido durante y después de la etapa colonial hispana es evidente.

Respecto a ese tema Carmen Iglesias, miembro de la RAE, declaraba hace poco que A veces, la leyenda negra predomina, pero les dejamos una herramienta de unidad como es el español”. ¿Qué opina de ese punto de vista?
Es la típica reacción de aquel que, conociendo los muchos excesos cometidos, tiene que buscar una justificación adecuada. Y el idioma, por lo que vemos, es esa justificación. Sería algo así como la herencia amable recibida.

¿Cuántas tribus indígenas pudieron perderse o esclavizarse?
No soy especialista en etnología y, por lo tanto, no puedo ofrecer respuestas concretas. Lo que está claro es que numerosos grupos humanos sufrieron mucho con las guerras de conquista: hubo no sólo matanzas, sino también desplazamientos humanos importantes y ello tuvo consecuencias. Dicha circunstancias alteraban los equilibrios de poder en diversas regiones y todo ello tenía sus repercusiones en forma de nuevos conflictos. También es conocida la táctica hispana de usar los conflictos interétnicos en su provecho: se obtenían indios aliados y se les incitaba a la lucha contra sus enemigos aborígenes. Es de sobra conocido como poblaciones enteras en las islas Bahamas, La Española (Haití y República Dominicana actuales), en la costa de la actual Venezuela, en Panamá, en Ecuador y Colombia actuales, etc., resultaron muy mermadas.

Por otro lado, si bien la Monarquía procuró evitar en la medida de sus posibilidades la esclavitud del indio, lo cierto es que casi todas las poblaciones aborígenes sufrieron un trato equivalente al de la esclavitud

En el libro se citan muchas fuentes, basadas en testimonios, pero muchas de ellas se contra dicen en las cifras, ¿qué es más normal en los documentos históricos la exageración o el esconder los hechos reales?
Siempre hay exageraciones a la hora de presentar, por ejemplo, los efectivos del enemigo, porque de esa manera justificamos y magnificamos no sólo la victoria conseguida, sino también las medidas terribles que se hubiesen podido tomar. Por otro lado, he detectado algunos casos en los que hubo una clara voluntad más que por esconder, por reducir a la baja las consecuencias de determinadas conductas basadas en la crueldad, en el terror. El problema es que numerosos historiadores de las últimas décadas, tanto españoles como extranjeros, han exhibido una cierta voluntad por “maquillar” mediante el lenguaje utilizado algunos pasajes de la conquista bastante conflictivos. No me atrevería a hablar de autocensura, pero estaríamos en el límite de la misma. Por otro lado, creo haber detectado entre algunos hispanistas un verdadero esfuerzo por justificar la conquista hispana de América de la mejor forma posible, dado que eran muy conscientes de los excesos cometidos por la denominada “leyenda negra”, un conjunto de opiniones que, en general, se caracterizan por ser muy burdas intelectualmente hablando.

viernes, 27 de septiembre de 2013

La decisión de no detener a los acusados de torturas no sorprende a la jueza: "Nunca han colaborado"

  • En el juzgado de María Servini de Cubría se esperaban la decisión de la Fiscalía de no ordenar la detención de los  torturadores franquistas. "No han colaborado con la investigación en ningún momento".
  • El auto de la jueza describe cómo la Fiscalía tardó más de siete meses en responder a los pedidos de información de Argentina y que al hacerlo enviaron algunos documentos con errores o sin validez judicial.
Eldiario.es   25/09/201
El escrito presentado por la Fiscalía ante la Audiencia Nacional en el que rechaza la detención de los cuatro imputados por torturas cometidas durante el franquismo no ha causado sorpresa. "Es lo que esperábamos", reconocen en el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº1 de Buenos Aires. "No han colaborado con la investigación en ningún momento", explican
 
Pero el equipo de la jueza argentina María Servini de Cubría no cree, ni mucho menos, que esta decisión paralice el proceso. "Estamos acostumbrados a trabajar contracorriente en esta causa", explica a eldiario.es el secretario de la jueza, Alfredo Mangano. La querella no lo ha tenido fácil en España -acabó con la imputación del juez Baltasar Garzón por prevaricación por considerarse competente para juzgar esos delitos- y ha debido superar varios escollos también en Argentina. 

Entre ellos la suspensión de las videoconferencias que se habían organizado en el consulado argentino en Madrid para que prestaran declaración ante la jueza varios querellantes. El ministerio de Exteriores había mandado una carta al embajador argentino presionando para que no se realizaran.

La Fiscalía española respondió al exhorto en mayo de 2011, y en muchos casos los documentos que enviaban como respuesta a esa solicitud de octubre de 2010 no tenían ni siquiera una firma, por lo que carecían de validez judicial. Estas incidencias están recogidas en el auto de la jueza, que también describe las supuestas inexactitudes que encontraban en la información remitida por España de acuerdo con organismos como Amnistía Internacional. 

Independientemente de lo que decida la Audiencia Nacional -España, como país soberano, puede decidir no detenerlos-, la petición de detención internacional ya está cursada, de modo que los imputados ya no pueden salir del país sin que les aprese Interpol.

El inconveniente para la causa es que si España no colabora con la extradición y los acusados no pueden declarar ante la jueza, no pueden ser juzgados. "La declaración indagatoria es una medida de prueba. Según la legislación argentina, nadie puede ser juzgado en ausencia", explica el secretario judicial Alfredo Mangano.
El siguiente paso será resolver las posibles imputaciones del ex ministro de Interior Rodolfo Martín Villa; el exministro franquista y suegro del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, José Utrera Molina; el exministro de Trabajo Fernando Suárez; y los exjueces Jesús Cejas Mohedano y Rafael Gómez Chaparro.

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