15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939


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lunes, 6 de julio de 2015

Grecia en 1953 condonó el 50% de la deuda a Alemania

 
El acuerdo de Londres de 1953. Cuando Europa le condonó el 62% de la deuda a Alemania
  
El Acuerdo sobre la deuda externa alemana de 1953 o Acuerdo de Londres de 1953 consistió en la quita o anulación de parte de la deuda externa alemana en un 62%; tanto las deudas contraídas en el período de entreguerras (Primera Guerra Mundial y Segunda Guerra Mundial) como las deudas resultantes de la postguerra -fin de la Segunda Guerra Mundial- por parte de 25 países acreedores.

Negociaciones - febrero/agosto de 1953
Las negociaciones, celebradas en Londres, duraron desde el 27 de febrero hasta el 8 de agosto de 1953. El acuerdo recogía una quita sobre las deudas privadas alemanas, contraídas tanto en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial -que ascendían a 22.600 millones de marcos- como la deuda de la posguerra estimada en 16.200 millones.1

Acreedores de Alemania
Los acreedores, tanto los que poseían más deuda (Estados Unidos, Reino Unido y Francia) como otros muchos (Bélgica, Canadá, Ceilán, Dinamarca, Grecia, Irán, Irlanda, Italia, Liechtenstein, Luxemburgo, Noruega, Pakistán, España, Suecia, Suiza, la Unión de Sudáfrica y Yugoslavia, entre otros) acordaron la anulación de la deuda en un 62,6% quedando pendiente de pago 14.500 millones de marcos (7.500 millones correspondienes a las deudas privadas contraídas antes de la guerra y 7.000 correspondientes a la postguerra).

Consecuencias
La reducción de la deuda de la República Federal Alemana (RFA) fue clave para su rápida reconstrucción después de la segunda guerra mundial; el crecimiento supuso el resurgimiento de Alemania como potencia mundial. El cumplimiento de las condiciones impuestas permitió a Alemania entrar en las instituciones económicas internacionales, como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial del Comercio.

Finalización del pago de la deuda
El 3 de octubre de 2010 Alemania terminó de pagar la deuda pendiente según el acuerdo de Londres de 1953.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Fallece a los 97 años Elizabeth Eidenbenz, la fundadora de la Maternidad de Elna

La Generalitat le concedió la Creu de Sant Jordi en el año 2006 por su labor humanitaria, que salvó de los nazis a centenares de niños judíos e hijos de mujeres españolas republicanas refugiadas

23 de mayo del 2011 EL PERIÓDICO. Elizabeth Eidenbenz, la fundadora de la Maternidad de Elna, que entre 1939 y 1944 logró salvar aproximadamente a unos 600 niños entre refugiados republicanos españoles y judíos que huían de la invasión nazi, ha fallecido a los 97 años.

Nacida en Zúrich, Suiza, el 12 de junio de 1913, fue maestra y enfermera. Trabajó en diferentes colegios de Suiza y Dinamarca hasta que decidió integrarse en la Asociación de Ayuda a los Niños de la Guerra. Llegó a Madrid el 24 de abril de 1937 como voluntaria para ayudar a madres y niños durante la guerra civil española. Tras la caída de la República, Eidenbenz decidió convertir un palacete abandonado, próximo a la localidad francesa de Elna (y junto al campo de Argelès-sur-Mer) en una maternidad para las mujeres españolas refugiadas

Al principio se mantuvo la maternidad gracias a donaciones voluntarias que llegaban de Europa, pero tras el comienzo de la segunda guerra mundial, los fondos disminuyeron y comenzaron a llegar refugiados de Francia y el resto de Europa. Principalmente eran mujeres judías que huían de la ocupación nazi. Por ello, la maternidad se vio obligada a asociarse con la Cruz Roja y a acatar la política de esta sobre neutralidad.

Acosada por la Gestapo por salvar a niños españoles y judíos

Esto impedía a la maternidad acoger a refugiados políticos, principalmente judíos, y por ello se decidió falsear la identidad de gran parte de ellos con el fin de burlar estas leyes. La Gestapo acoso a la Maternidad de Elna y Eidenbenz llegó a ser detenida. Su labor salvó la vida a aproximadamente 400 niños españoles y 200 niños judíos procedentes de Europa.

Retirada en la población de Rekawinkel, a 30 kilómetros de Viena (Austria), a partir de 2002 le comenzó a llegar el reconocimiento a su labor, con la publicación de varios libros sobre su gesta y la concesión de varias distinciones individuales, entre las que se cuenta la Creu de Sant Jordi en el año 2006.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

L’Associació danesa “Friends of the International Brigades” visita el Pavelló de la República

El Pavelló de la República ha rebut la visita d’un nombrós grup de membres de l’Associació danesa “Friends of the International Brigades Spain 1936-39”, acompanyats pel president de l’Associació i bon coneixedor de la història dels brigadistes danesos, el senyor Allan Christiansen.

La visita ha estat interessant i emotiva alhora perquè entre el grup es trobaven diversos descendents directes, fills i nets de brigadistes, que en la majoria dels casos van deixar la seva vida en terres de l’Ebre.

Aquest és el cas de la senyora Ursula Munch-Petersen, filla del reconegut pintor i poeta Gustaf Munch-Petersen mort als 26 anys a la Batalla de l’Ebre i que ens va fer entrega del llibre Malerier og digte en el que es recullen les seves obres així com fotografies i records del seu pas per les Brigades.

Molt interessant és també la donació del periodista Erik Pedersen consistent en dos CD’s amb entrevistes als brigadistes morts recentment: Alun Menai Williams i Julius Kurt Goldstein. En un futur la biblioteca anirà rebent material divers fruit d’aquesta visita i de les relacions que s’han establert amb l’Associació.

Res ens complau més que acollir aquestes persones la vida de les quals ha quedat definitivament lligada a la nostra història.

lunes, 2 de marzo de 2009

Escribir desde el exilio: cartas de niños evacuados a la Rusia de Stalin

[2008-2009]: «Los avatares de la palabra escrita: formas de la escritura, materialidad de lo escrito»

Verónica Sierra Blas
(Universidad de Alcalá; SIECE; Grupo LEA)

En 1937, una España dividida en dos empezaba a sufrir, después de medio año de lucha, los efectos de una guerra que se preveía larga y cruel, en parte debido a la internacionalización del conflicto. Tanto las principales ciudades como los pueblos más pequeños y apartados se convirtieron en frentes de batalla y las bombas dejaron de distinguir entre edificios civiles y militares, entre hombres y mujeres de armas y el resto de la población indefensa y no combatiente, incluidos los niños.

La guerra inundó y transformó así el mundo infantil, entró a formar parte de sus vidas sin remedio. Muchos niños sufrieron por vez primera la separación de sus familias debido a la evacuación de las zonas de riesgo; vieron con sus propios ojos cómo la violencia y la venganza se adueñaron de sus calles y sus barrios, convirtiéndose ellos mismos en ocasiones en el centro de las calumnias, amenazas y agresiones que sus mayores no podían recibir; tuvieron que hacer frente a la escasez de alimentos, a la insalubridad, a las numerosas enfermedades que proliferaron por causa de esas malas condiciones de vida; las sirenas y las carreras a los refugios, a cualquier hora del día y de la noche, se convirtieron en su pan nuestro de cada día, así como la angustia, el miedo, la ansiedad y el pánico provocados por los bombardeos de la aviación; vivieron en sus propias carnes las heridas de guerra, la desaparición de sus seres queridos; tuvieron que acostumbrarse a la presencia constante de la muerte a su alrededor.

No hubo ni tiempo ni espacio para la neutralidad, ni siquiera para ellos, porque se vieron abocados a padecer una guerra que no era suya, aunque muchos llegaron a asumirla como propia y acabaron participando activamente en ella, ayudando como pudieron o les mandaron, agarrándose como a un clavo ardiendo a la ideología de sus mayores, con conciencia o sin ella. Otros muchos tuvieron que pasarla escondidos, errando de refugio en refugio de la mano de sus madres, encontrando a su paso tantas puertas y ventanas cerradas a cal y canto, tanto rechazo, tanta indiferencia que no han podido todavía olvidar la soledad en que lucharon por sobrevivir en aquella guerra entre hermanos.

Pero en esta conferencia voy a hablar, sobre todo, de los que se marcharon, de los que protagonizaron el primer exilio del pueblo español por causa de la Guerra Civil, los más de 30.000 niños que tuvieron que abandonarlo todo para poner sus vidas a salvo. Grandes reportajes gráficos se encargaron de registrar su despedida en los puertos españoles y su llegada a aquellos países que se habían ofrecido a acogerlos: Francia, Bélgica, Inglaterra, Suiza, Dinamarca, México, Rusia... De entre todos ellos fue el país de Stalin el que despertó las mayores alabanzas y críticas, el que más encendió las conciencias y sacudió los corazones, debido a lo que éste representaba en aquel momento de encarnizada liza ideológica entre el fascismo y el comunismo. El exilio infantil a la URSS se convirtió así en el objeto predilecto de la propaganda y la opinión pública nacional e internacional, tanto para bien como para mal.

Los 2.895 niños que desembarcaron en los puertos de Yalta y Leningrado entre el 21 de marzo de 1937 y finales de octubre de 1938 despertaron tanto interés entonces como lo despiertan ahora, 70 años después de su partida. Su historia, construida a partir de las crónicas periodísticas y los documentos oficiales de la época, los testimonios orales de algunos de sus protagonistas o las
memorias sobre su infancia publicadas por éstos cuando llegaron a su edad adulta, ha recorrido el mundo. Pero en dicha construcción histórica ha habido siempre un vacío que este libro quiere llenar: los testimonios directos que sus manos todavía temblorosas e inseguras produjeron en el momento mismo en que vivieron en primera persona una experiencia que cambió su destino y que les dejó huérfanos aun sin muchos serlo de verdad.

Por ello he rescatado las cartas que los niños escribieron a sus padres, familiares y amigos, así como a algunos organismos asistenciales, en este tiempo trágico en el que, a pesar de todo, no dejaron ni un segundo de pensar en los suyos y en la guerra que asolaba su país. Las cartas fueron para los pequeños exiliados el hilo de unión con todo aquello que la distancia les había hecho perder. Escribir les ayudó a sentirse menos solos, a mantener el contacto con sus familias y la esperanza del retorno, a encontrar a quienes creían perdidos, a superar los traumas y las dificultades impuestas por las circunstancias que les tocó vivir, a construir una identidad sin prescindir de las costumbres y de los recuerdos del país que les vio nacer. Sin embargo, estas letras salidas de las manos infantiles siguieron caminos muy distintos de los que concibieron sus autores y los responsables que se encontraban a su cargo en Rusia. La mayoría nunca llegó a su destino. Secuestradas por las tropas de Franco, como tantos otros documentos personales, acabaron convirtiéndose en pruebas con las que inculpar y por las que castigar a sus destinatarios. En ellas encontramos así una historia de encuentros y desencuentros, de pasiones y represiones, de esperanzas y sufrimientos, en la que, por encima del bien y del mal, reposa la memoria de unos niños que lo único que quisieron fue vivir en paz y recuperar aquella infancia que la guerra les robó.

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