15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939


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sábado, 19 de diciembre de 2015

Jaume Santandreu: «La Iglesia jugó un papel criminal en el Movimiento y se escabulló»

Santandreu leyó ‘Dues espipellades de cotó’, un poema que escribió en los sesenta. Fotos: A.P. 06-12-2015 | Antoni Pol

UH Noticias - A. Pol | Alaró |
«Si en el instante de fusilar a un republicano jamás faltaba un capellán, tampoco debe faltar en los homenajes», dijo Santandreu nada más iniciar su discurso en el homenaje que el colectivo Memòria Històrica de Alaró celebra cada año en estas fechas.

El manacorí argumentó que la Iglesia, a la que describió como «una institución asesina», es uno de los «grandes culpables de lo sucedido» entre 1936 y 1975, y recordó que Franco entraba en los templos «bajo palio». También se preguntó «por qué se canoniza a las víctimas de un bando y no a las del otro», y recordó al Capellà Poquet de Llubí, fusilado «sin que el obispo Miralles moviera un dedo para evitarlo».

Al acabar el discurso, algunos asistentes preguntaron –también retóricamente– por qué que el Obispado no permite acceder a los archivos de esa época y recalcaron la necesidad de poder hacerlo para investigar. Santandreu les contestó que «esto no ocurrirá jamás».

La interpretación de ‘El fossar de les moreres’ por parte de Indígena Atac sirvió de marco musical en la ofrenda floral. Con esto y un ‘Visca la República’ acabó el homenaje.

domingo, 18 de octubre de 2015

Los acuerdos entre España y el Vaticano de 1979: o la pervivencia de privilegios anacrónicos

Firma del acuerdo entre España y el Vaticano en 1979.

La Iglesia Católica ha mantenido una serie de prerrogativas y privilegios económicos que, a fecha de hoy, resultan tan anacrónicos como inaceptables.

Nueva Tribuna - José Ramón Villanueva Herrero 08 de Octubre de 2015
Cuando el pasado 28 de septiembre los votos de los concejales del PP, PSOE y CHA en el Ayuntamiento de Zaragoza impidieron la propuesta de modificación del Reglamento de protocolo, ceremonial y distinciones de la corporación de la capital aragonesa planteada por Zaragoza en Común (ZeC), grupo al que pertenece el alcalde Pedro Santisteve y, de este modo, se mantenía en dicho Reglamento la obligatoriedad de los concejales de asistir a los actos religiosos católicos relevantes en la ciudad de Zaragoza, volvía a ponerse sobre la mesa el tema de la necesaria y nunca alcanzada laicidad de las instituciones públicas en España, una cuestión pendiente, todavía, en nuestra democracia aconfesional. Y es que no sólo carecemos de un Estatuto de Laicidad, sino que, por el contrario, la Iglesia Católica ha mantenido una serie de prerrogativas y privilegios económicos que, a fecha de hoy, resultan tan anacrónicos como inaceptables.

Uno de los más transcendentales acuerdos de la recién renacida democracia española fueron los firmados con el Vaticano el 3 de enero de 1979, los cuales se desglosaban en 4 apartados: asuntos jurídicos; enseñanza y asuntos culturales; asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas y al servicio militar de clérigos y religiosos y, finalmente, los acuerdos sobre asuntos económicos, siendo estos últimos los que, desde entonces, más polémica y debate social han generado.

Vistos en perspectiva, dichos acuerdos resulta obvio que son excesivamente complacientes y generosos con la Iglesia Católica a pesar del indudable peso histórico e implantación social de la misma en España.  Temerosos del poder fáctico que tanto la Iglesia como el Ejército representaban, temerosos de la actitud de ambos ante la joven democracia, el entonces Gobierno de la UCD de Suarez los  intentó contentar de muy diversas maneras para evitar su posible hostilidad hacia las instituciones surgidas de la Constitución de 1978. Y es que todavía se recordaba la estrecha connivencia de la Iglesia con el régimen franquista, los atronadores alegatos Guerra Campos, el obispo ultramontano de Cuenca  en la TVE del régimen, o la poderosa influencia de Cantero Cuadrado en las instituciones de la dictadura, en las Cortes franquista o el Consejo del Reino.

Ahora, 36 años después, parece obvio que dichos acuerdos resultan anacrónicos en una democracia asentada y madura y, en consecuencia, requieren, cuando menos, una profunda revisión si no su completa derogación, aunque esto último resulta harto improbable puesto que el PP nunca lo hará y el PSOE sólo lo plantea cuando se halla en la oposición pero ha sido incapaz de dar pasos en este sentido durante los 21 años que ha detentado el poder España con los Gobiernos de Felipe González primero y de Rodríguez Zapatero después.

En el caso concreto de los acuerdos económicos, “los más subterráneos y desconocidos por la sociedad civil” según Luis Manglano, que al igual que los anteriores fueron firmados en la Ciudad del Vaticano el 3 de enero de 1979 por el entonces ministro Marcelino Oreja Aguirre y por el cardenal Giovanni Villot, reemplazaban al vetusto Concordato de 1953 y los componen tan sólo 7 artículos y un Protocolo Adicional. Posteriormente, tras su aprobación por las Cortes Generales, sería ratificado por el rey Juan Carlos I el 4 de diciembre de 1979.

De entrada, se señala que  “la revisión del sistema de aportación económica del Estado español a la Iglesia Católica resulta de especial importancia” hasta el punto de instar a que “El Estado no puede ni desconocer ni prolongar indefinidamente obligaciones contraídas en el pasado”.  De este modo, en artículos sucesivos, quedará patente el generoso trato de favor que, desde 1979, recibiría la Iglesia Católica en la nueva legalidad constitucional.

Especial interés tiene el artículo 2, relativo a la financiación eclesiástica, se señala que “El Estado se compromete a colaborar con la Iglesia Católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico”. Para ello, transcurridos tres ejercicios completos desde la firma, se indica que el Estado “podrá asignar a la Iglesia Católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o el patrimonio neto y otra de carácter personal, por el procedimiento técnicamente más adecuado”. No obstante, hasta que se aplique este nuevo sistema, basado en la manifestación expresa de los contribuyentes en asignar a la Iglesia la aportación correspondiente consignada en su IRPF, el Estado se compromete a consignar en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) “la adecuada dotación” a la Iglesia, la cual tendrá “carácter global y único, que será actualizada anualmente”. Observemos el trato de favor que se concede a la Iglesia: hasta que ésta no logre su autofinanciación vía consignación voluntaria de los ciudadanos en su declaración del IRPF, se garantiza, por parte del Estado, una “adecuada dotación”, en consecuencia sin recortes, en los PGE, cantidad, que, se garantiza, será actualizada anualmente y que, por ello, estará exenta de recortes independientemente de cuál sea la situación de las arcas públicas, una garantía que nunca se ha aplicado a la salvaguardia de los servicios públicos ( educación, sanidad, asistencia social y pensiones) en estos aciagos tiempos de crisis económica.

En consecuencia, a pesar de indicarse que el propósito de la Iglesia es “lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades”, esto es, su autofinanciación, ésta, a fecha de hoy, sigue sin lograrse y, por ello, corre en buena parte a cuenta de los PGE que, en este aspecto, como hemos dicho, está exento de recortes presupuestarios pues cuenta con la garantía de su actualización anual. Por ello, 36 años después, seguimos sin lograr la deseable autofinanciación de la Iglesia Católica, como ocurre en otros países democráticos de nuestro entorno como es el caso de Francia, donde su Constitución de 1958 la define como una “República, indivisible, laica, democrática y social”, y en donde la Iglesia se autofinancia desde hace 110 años, desde que la Ley de 9 de diciembre de 1905 dejó claro que “El Estado no reconoce, ni paga ni subvenciona ningún culto”. Por ello, y lejos de toda animadversión hacia el espíritu y las prácticas religiosas, en relación a este tema, recuerdo el hermoso texto que leí en un monumento de la ciudad francesa de Vendôme y que decía: “La laicidad: no se ha inventado nada mejor para vivir juntos”.

Pero volvamos a España. Además de la financiación a cargo de los fondos públicos, los Acuerdos de 1979 conceden a la Iglesia toda una serie de exenciones tributarias, recogidas sobre todo en el artículo 4, como es el caso de la “exención total y permanente” de la Contribución Territorial Urbana, el actual IBI, de sus edificios, exención que se hace extensiva a los impuestos reales o de producto sobre la renta y sobre el patrimonio. Igualmente, se le concede la exención total de los Impuestos sobre Sucesiones y Donaciones y Transmisiones patrimoniales en aquellos de sus bienes que se dediquen al culto, al sustento del clero, al “sagrado apostolado” y al “ejercicio de la caridad”. Finalmente, se le reconoce a la Iglesia la exención de contribuciones especiales y de la tasa de equivalencia.

A todas las exenciones fiscales anteriores, en el artículo 5 se contemplan también beneficios fiscales para las asociaciones y entidades religiosas no comprendidas en el artículo anterior que se dediquen a actividades religiosas, benéfico-docentes, médico-hospitalarias o de asistencia social.
Además de lo dicho, el Protocolo Adicional vuelve a incidir en que la asignación presupuestaria será una dotación global fijada anualmente en los PGE y señala, también, que se fijarán de común acuerdo los conceptos tributarios en los que se concretan las exenciones. Y, a modo de garantía, se deja constancia de que, “Siempre que se modifique sustancialmente el ordenamiento jurídico-tributario español, ambas partes concretarán los beneficios fiscales y los supuestos de no sujeción que resulten aplicables de conformidad con los principios de este Acuerdo”. Por si alguna duda quedaba del trato de favor que impregna todo el texto de los Acuerdos del 3 de enero de 1979.

A este cúmulo de privilegios y exenciones tributarias, se sumaría, años más tarde, durante el Gobierno Aznar, la Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de Régimen fiscal de las entidades sin fines de lucro y de los incentivos fiscales al mecenazgo, que hacía extensiva a la Iglesia Católica todos los beneficios aplicables a este tipo de entidades sociales y ONGs. De este modo, como si de un auténtico regalo de Navidad se tratara, dicha ley completaba el círculo de las exenciones tributarias de las cuales disfrutaba la Iglesia Católica, la cual, en la práctica, parece disfrutar, al margen de su labor espiritual y social, de un un auténtico paraíso (fiscal) en la tierra.

Así las cosas, varias reflexiones debemos de tener en cuenta. En primer lugar, una cuestión esencial: la democracia española debe defender el principio de laicidad, el cual se sustenta en la libertad de conciencia de sus ciudadanos y en la neutralidad del Estado en materia religiosa. En este sentido, resulta muy acertado el análisis de Dionisio Llamazares, catedrático de Derecho Eclesiástico,  quien recientemente señalaba que, en España, “hemos convertido, a través de los Acuerdos, a la Iglesia Católica en co-legisladora” y, ejemplo reciente de ello fue la campaña eclesiástica lanzada durante el Gobierno Zapatero contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía o la más reciente imposición por parte de la Conferencia Episcopal de la materia de religión en el currículo de Bachillerato con el servil asentimiento del ministro Wert. Ello es otro ejemplo de que“El Estado español ha renunciado a su soberanía legislativa sobre la regulación de derechos fundamentales, por ejemplo la libertad de conciencia”.  Por ello, según Llamazares resulta necesaria una modificación  sustancial, tal vez una derogación de los Acuerdos de 1979 puesto que ningún Estado democrático puede enajenar su soberanía en materia de derechos fundamentales a favor de una comunidad religiosa. En consecuencia, resulta acertada su propuesta de que la nueva función de los Acuerdos se reduciría a la consulta por parte del Estado cuando éste fuera a legislar en asuntos religiosos.

Entre los numerosos déficits democráticos de los que adolece nuestra sociedad, se halla la ausencia de un Estatuto de Laicidad, algo que debió de ser tarea y deber del PSOE durante sus años de Gobierno, pero que nunca tuvo el coraje político de impulsar. Habían olvidado el Dictamen de la Ponencia encargada de elaborar, en el congreso extraordinario del PSOE de 1931, el programa que los diputados socialistas deberían llevar a las Cortes Constituyentes de la II República y que, en su Apartado Sexto decía textualmente que los socialistas debían: “Afirmar la independencia confesional del Estado, la libertad de todos los cultos y la imprescindible necesidad de que, en el plazo más breve posible, los fieles sostengan económicamente sus respectivas iglesias”, además de reafirmar el “sometimiento de las comunidades y órdenes religiosas al derecho político, civil del Estado”. En consecuencia, defender la identidad laica de la democracia española no supone, ni debe interpretarse, como una actitud antirreligiosa sino como el deseo de lograr una necesaria y plena separación de la Iglesia y del Estado, lo cual supone, en definitiva, seguir el mensaje evangélico de “dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”.

Constatado que el pensamiento laicista parece claramente deficitario en la sociedad española, otra cuestión esencial cuando se trata el espinoso tema de los asuntos económicos de la Iglesia española. Bien acertado iba Cervantes cuando puso en la boca de Don Quijote aquella frase de “Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”. Y seguimos topando pues en esta materia, en este auténtico paraíso fiscal en donde parece instalada, el magistrado Luis Manglano recordaba algo tan obvio como que “no hay Estado social de derecho sin solidaridad tributaria” y ello resulta especialmente grave en esta época de crisis, recortes y austeridad en la cual, la Iglesia, pese a su innegable labor social y asistencial, dadas las exenciones de que disfruta, no ha contribuido en materia fiscal, más aún, sigue recibiendo unos ingresos anuales garantizados por parte del Estado, algo que el resto de los servicios públicos estatales no tienen tan seguro.

Esta falta de solidaridad fiscal queda patente en el caso de las ingentes pérdidas de recaudación del IBI de los municipios españoles ante la exención que disfruta la Iglesia con relación a este impuesto que, en el caso de los inmuebles que dedica a actividades lucrativas, resulta legal y socialmente inaceptable. Como tampoco resulta de recibo que, tras invertir el Estado o las Comunidades Autónomas ingentes cantidades de dinero en la restauración de edificios religiosos, cuando éstos se abren al público, la Iglesia cobre una entrada, se quede con unos ingresos por los que no tributa y, por ello, el ciudadano ha pagado por partida doble: primero, con sus impuestos, luego con la entrada. Ahí tenemos el ejemplo de la catedral de la Seo de Zaragoza que, tras 20 años de restauración, tras una tan costosa como brillante restauración, sólo se puede visitar previo pago, al igual que otros muchos edificios religiosos de toda España.

Como decía el añorado Luis Gómez Llorente, la revisión de los acuerdos con el Vaticano era “absolutamente imprescindible”, como lo era la defensa del laicismo, tanto en cuanto ello significaba la auténtica libertad de conciencia y autonomía moral. Y añadía: para que todos los ciudadanos seamos iguales, no debe haber confesionalidad y ello no significa hostilidad hacia la religión, aunque se critique (justificadamente) al alto clero.

Por todo lo dicho, los Acuerdos de 1979 son anacrónicos, atentatorios contra la soberanía legislativa de cualquier Estado democrático moderno e insolidarios fiscalmente.

domingo, 19 de julio de 2015

El cura de Los Jerónimos ensalza el golpe de estado en una misa por los caídos de 1936


En una misa celebrada en la parroquia de Los Jerónimos en Madrid el sacerdote ha pedido un hombre valiente “como los de antaño”
 
lamarea.com Antonio Maestre - 19 julio 2015 Madrid// 
En pleno centro de Madrid en la Parroquía de los Jerónimos se celebró como cada año la misa fascista en honor de los “caídos por dios y por España” durante el golpe de Estado de 1936. A la celebración han acudido un centenar depersonas entre las que se encontraba Jose Luís Corral, líder del Movimiento Católico Español y el Nudo patriota Español, uno de los partidos integrantes de la coalición de extrema derecha La España En Marcha. Los asistentes colocaron unos carteles en el recinto de la Iglesia alabando el golpe de Estado y al dictador Francisco Franco.

El sacerdote de la Parroquia de los Jerónimos en su homilía ha ensalzado el golpe de Estado que acabó con el comunismo, “una ideología del diablo”, pero se lamentó de que “el germen de la ideología comunista” no se erradicó y, tras la muerte de Franco, se instauró España y ahora está más vivo que nunca, en alusión a los movimientos independentistas y Podemos.

El cura comenzó su sermón alabando el golpe de Estado: “Un 18 de julio de 1936, las emisoras de radio anunciaban un levantamiento en África. Al frente de este alzamiento estaba un joven general, Francisco Franco Bahamonde. El alzamiento fue necesario, España estaba en peligro, una ideología procedente del infierno quería estrangular a la patria. El comunismo”. Tras una introducción revisionista y golpista de la historía se lamentó de que el franquismo no pudiera erradicar de raíz esta ideología: “El comunismo fue vencido, fue aplastado. Pero fue inevitable que el germen que dio origen a ese odio a España y la fe católica siguiera vivo. Ese germen nunca fue destruido y como serpiente que se arrastra por el suelo permaneció esperando poder terminar su labor y sólo lo pudo hacer cuando falleció el ultimo gran estadista católico español. El caudillo Franco”.

El sacerdote continuó la homilía lamentándose de la malentendida libertad que trajo la democracia, ya que en opinión se dedicó a atacar a la fe católica y a los valores de la religión. Asimismo lamentó que en la actualidad no haya ningún “hombre valiente” como los de antaño que dé un paso adelante en la situación actual del estado español.

Tras la finalización de la misa, los asistentes al culto sacaron unas banderas del Movimiento Católico Español, de Falange, del Nudo patriótico Español y otra franquista y comenzaron a cantar el “Cara Al Sol” dentro del recinto de la Iglesia pero fuera del templo. Tras el canto lanzaron vivas a España, a Franco y a Primo de Rivera.

Audio de la homilía: Sermón a partir del minuto 00:09:15 

sábado, 11 de julio de 2015

¿Faltan 500 años para que la iglesia católica pida perdón?

twitter oficial del papa de Roma: @Pontifex_es

Papa Francisco pide perdón por crímenes contra indígenas durante la conquista de América /Julio 2015

domingo, 5 de abril de 2015

Los crímenes de la Iglesia Católica

El ciudadano.cl 21/12/2009

La historia de la Santa Iglesia Católica está plagada de acontecimientos nada santísimos. Conoce algunos de los crímenes y abusos que han cometido a lo largo de su historia.
 
Las cruzadas fueron una serie de campañas militares comúnmente hechas a petición del Papado y que tuvieron lugar entre los siglos XI y XIII, contra los turcos selyúcidas y sarracenos (los musulmanes) para la reconquista de Tierra Santa.
 
Fueron motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asia y el afán hegemónico del papado sobre las monarquías y las iglesias de Oriente.
 
El término Inquisición (latín: Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Officium) hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresión de la herejía en el seno de la Iglesia Católica. La Inquisición medieval, de la que derivan todas las demás, fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, que en 1249, se implantó también en el reino de Aragón (fue la primera Inquisición estatal) y que en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, fue extendida a ésta con el nombre de Inquisición española (1478 – 1821), bajo control directo de la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extendió después a América; la Inquisición portuguesa (1536 – 1821) y la Inquisición romana (1542 – 1965).
 
En los inicios de la Iglesia la pena habitual por herejía era la excomunión. Cuando los emperadores romanos convierten el cristianismo en religión estatal en el siglo IV, los herejes empiezan a considerarse enemigos del Estado. En su momento San Agustín aprobó con reservas la acción del Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobaba en ese momento los castigos físicos.
 
En el siglo XII, en respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada, se produce en el sur de Francia un cambio de opinión dirigida contra la doctrina albigense, la cual no coincidía con los puntos de vista de la iglesia en relación al matrimonio y otras instituciones de la sociedad. Como reacción el papa Inocencio III organizó una cruzada contra los albigenses promulgando una legislación punitiva contra ellos. Sin embargo, los esfuerzos iniciales destinados a someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron ineficaces.
 
La quema de libros
El Índice de libros prohibidos es una lista de textos proscritos por ser dañinos a la fe, contrarios a la moral o que podían confundir a los creyentes. Este quedó atrás poco después del Concilio Vaticano II (1962-1965), al igual que las penas de excomunión que conllevaba. Toda comunidad ha tenido libros prohibidos. De hecho, antes de que existiera el índice de libros prohibidos, los impresores estaban obligados a someter a censura lo que querían editar.
 
 
Las listas negras
En el pontificado del papa León X (1513-1521) se pensó en crear un listado que incluyera los textos prohibidos. Así, las primeras listas fueron el índice de Venecia (1543) y el de Lovaina (1546). Paulo IV (1555-1559) ordenó un índice a los Inquisidores y en 1571, el papa Pío V instituyó la Congregación del Índice de los Libros Prohibidos, que se integraría más tarde con varios cardenales y un prefecto. El índice incluía obras contrarias a la fe católica (no solo libros heréticos sino traducciones de la Biblia en lenguas vulgares o polémicas), de nigromancia o astrología, textos lascivos o de amores que dañan las costumbres cristianas; obras sin nombre de autor, impresor o lugar y fecha de edición, y obras que atentan contra la buena reputación del prójimo. Se publicaron alrededor de 30 índices entre 1590 y 1948, 11 de estos en el siglo XX. El índice fue eliminado por el papa Paulo VI, en 1966.
 
El actual código de Derecho Canónico (Roma, 1983), le dedica el título IV del libro III a los instrumentos de comunicación social y los libros. En el canon 831 dice: “Sin causa justa y razonable, no escriban nada los fieles en periódicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religión católica o a las buenas costumbres; los clérigos y los miembros de institutos religiosos sólo pueden hacerlo con licencia del Ordinario del lugar”.
 
El subyugamiento y denigración de la mujer:
La iglesia catolica desde sus inicios siempre incitó a mantener reservadas las opiniones de las mujeres, éstas no podian poseer dentro de la misma iglesia y aun ahora un cargo de autoridad y mantenían un perfil bajo subyugadas al mandato de los hombres, siendo cruelmente castigadas por su desobediencia.
 
El genocidio a pueblos prehispánicos en nombre de la religión:
En los primeros años del Renacimiento el semisalvaje Continente Europeo comenzaba a descubrir mediante las traducciones al Latín, la literatura, ciencia y filosofía griega, árabe y hebrea. Por mil años los cristianos en Europa habían vivido en el oscurantismo y robándose unos a otros pero durante este periodo comenzaron a expandir sus mentes hacia las posibilidades de hacerse ricos a costa de otros pueblos.
 
Mediante el Tratado de Tordesillas el Papa divide el mundo en dos y manda a los españoles y portugueses a “ganar el mundo para Cristo”. Para los Reyes Católicos como así también para la Iglesia, la evangelización era una meta de la conquista, la otra por supuesto el oro que llegaría a las arcas del rey y a los altares de las iglesias.
 
El encubrimiento de la pederastia:
Casos de pederastia en la Iglesia Católica se refiere a una serie de escándalos relacionados con abuso sexual a menores de edad (pederastia o pedofilia) que tienen que ver directamente con sacerdotes y religiosos de la Iglesia Católica, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX. A pesar de que tales cargos ya habían sido formulados en años anteriores, el tema ganó notoriedad durante el último lustro de la década de 1990 con denuncias formuladas por antiguas víctimas ante tribunales y medios de comunicación de Europa, Estados Unidos y América Latina especialmente y allí en donde la Iglesia ha tenido una fuerte influencia.
 
 
De acuerdo a estudios de Philip Jenkins, profesor de Historia y Estudios Religiosos en la Universidad de Pensilvania, el 99,8% de los sacerdotes católicos nunca se han visto implicados en este tipo de comportamientos delictivos y no existe evidencia de que la pedofilia sea más común entre el clero católico, que entre los ministros protestantes, los líderes judíos, los médicos o miembros de cualquier otra institución en la que los adultos ocupen posiciones de autoridad sobre los niños.
 
Sin embargo, un informe de la BBC de 2004, declara que en los Estados Unidos el 4% del clero católico de ese país ha estado implicado en prácticas sexuales con menores, en número aproximado de 4.000 sacerdotes durante los últimos 50 años [3] aunque sólo entre el 5 y el 10% de las víctimas denuncia el caso, según Barbara Blaine, presidenta de la Red de sobrevivientes de abusados por sacerdotes (SNAP) de los EE.UU.
 
Otras investigaciones, como la realizada en 1995 por la Universidad de Salamanca y publicada por el Ministerio de Asuntos Sociales de España, determinó que del total de españoles que han sufrido abusos sexuales siendo menores, el 10% asegura que fue abusado por un sacerdote católico.
 
FECHAS DE CRÍMENES COMETIDOS POR LA IGLESIA
En el año 311, el emperador Constantino se convierte al cristianismo, para tratar de ocultar sus crímenes, las jerarquías cristianas se convirtieron en el brazo criminal que unía los intereses de las castas dominantes.
 
Año 314, con Galerio, Licinio y Constantino, la Iglesia sella con el Estado una estrecha alianza que se prolongara por siempre. En el “Edicto de Milán” los obispos decretan en Arles la condena eterna de cualquier rebelde.
 
Luego el alto clero cristiano asumió la posesión de grandes extensiones de tierra y a quienes le hicieran resistencia condenaban como “herejes” y les expropiaban sus propiedades. Se inicia una persecución inmisericorde contra todo lo que pusiera en duda los dogmas y la conducta de esa casta jerárquica cristiana.
 
Uno de los que argumentaron la necesidad de estos tratos violentos y exterminio físico de los herejes fue Agustín de Tagarte (345-430) doctor y padre de la Iglesia, para él era mejor quemar a un hereje que abandonarlo en sus errores.
 
Jerónimo, otro padre de la Iglesia, exhortaba a liquidar a un tal Vigilancio, en nombre de la salvación de su alma.
 
En el año 382, Teodosio I, suscribió edictos contra maniqueos y paganos donde se contemplaban condenas de muerte y confiscación de bienes. Se iba creando así lo que en el futuro seria la santa Inquisición.
 
La persecución a la que fueron sometidos los cristianos gnósticos, quienes fueron denunciados viciosamente como herejes, mientras que sus libros sagrados eran robados y quemados. Los gnósticos hacían una distinción entre el Padre Celestial y el dios de la Biblia Hebrea, Yahvé o Jehová, mientras que la Iglesia confunde a Yahvé o Jehová, con el Dios Absoluto.
 
Año 415, el obispo de Alejandria, Cirilo I, fue el verdugo de Hipatia. Ordenó a monjes para que la emboscaran, éstos la violaron, torturaron, sus tendones fueron cortados con afiladas conchas y finalmente fue descoyuntada. El pecado de Hipatia fue haber sido hermosa, filósofa neoplatónica y maestra de matemáticas.
 
La cruzada albigense (denominación derivada de Albi, ciudad situada en el suroeste de Francia), también conocida como cruzada cátara o cruzada contra los cátaros, fue un conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1209 y 1244, por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de la dinastía de los Capetos (reyes de Francia en la época), con el fin de reducir por la fuerza el catarismo, un movimiento religioso calificado como herejía por la Iglesia católica y asentado desde el siglo XII en los territorios feudales del Languedoc, favoreciendo la expansión hacia el sur de las posesiones de la monarquía capetana y sus vasallos.
 
La guerra, que se desarrolló en varias fases, se inició con el enfrentamiento entre los ejércitos de cruzados súbditos del rey Felipe Augusto de Francia con las fuerzas de los condes de Tolosa y vasallos, provocando la intervención de la Corona de Aragón que culminó en la batalla de Muret. En una segunda etapa, en la que inicialmente los tolosanos alcanzaron ciertos éxitos, la intervención de Felipe Augusto decidió la sumisión del Condado certificada por el Tratado de París. En una prolongada fase final, las operaciones militares y las actividades de la recién creada Inquisición se centraron en la supresión de los focos de resistencia cátara, que, desprovistos de sus apoyos políticos, terminaron por ser reducidos. La guerra destacó por episodios de gran violencia, provocó la decadencia del movimiento religioso cátaro, el ocaso de la hasta entonces floreciente cultura languedociana y la conformación de un nuevo espacio geopolítico en Europa occidental.
 
En 1538 el Papa Pablo III declara una cruzada contra la Inglaterra apóstata y declara a todos los ingleses esclavos de la Iglesia.
 
1568 La Inquisición española ordena el exterminio de tres millones de rebeldes en Holanda. Entre 5.000 y 6.000 protestantes fueron ahogados por las tropas españolas católicas, “un desastre que los burghers of Emden se dieron cuenta por los miles de sombreros holandeses que flotaban”.
 
En 1562 estalló en Francia una guerra civil religiosa intermitente, que duró hasta 1572. El acontecimiento más destacado fue la matanza de San Bartolomé, que ocurrió en París la noche del 24 de agosto de 1572, donde los católicos irrumpen contra los hugonotes (protestantes) arrancándolos de sus camas los degollaron, agarrotaron o mataron a tiros. El asesinato en masa dejó esa noche a unos 3.000 hugonotes muertos, en las semanas siguientes la orgía de muerte que llevaban a cabo los católicos continuó en las provincias, acabando con la vida de al menos unos 20.000 hugonotes más. Toda esta matanza fue ordenada por el Papa Pio V.
 
 
Las fortunas de los judíos y musulmanes en las Cruzadas, pasaron a ser propiedad de la Iglesia.
 
La fortuna del Vaticano fue acumulada en su mayoría por el saqueo a las víctimas de genocidios, como los Incas y los protestantes, cuyos bienes fueron embargados durante la Inquisición.
 
Los conquistadores de España destruyeron el mundo de los aztecas, a quienes encarcelaron, torturaron y mataron en nombre de su dios cristiano, robando así enormes fortunas de oro.
 
El 17 de febrero de 1601 la plaza romana de Campo dei fiori veía cómo Giordano Bruno, despojado de sus ropas y atado a un palo, con la lengua aferrada en una prensa de madera para que no pudiese hablar, fue quemado vivo, al igual que sus trabajos, en cumplimiento de la sentencia dictada pocos días antes por el tribunal romano de la Inquisición, tras un largo y tortuoso proceso iniciado en Venecia en 1592 que lo declaró hereje, impertinente y obstinado.
 
Galileo Galilei, en 1633 fue condenado como hereje por la santa Inquisición, Galileo fue torturado y sometido a vejámenes. Fue obligado a vestir traje de penitencia y con la mano sobre la Biblia recitar la horrible formula de abjuración. La Iglesia humilló el honor de Galileo y se atribuyó el derecho de decidir sobre la ciencia.
 
Siglo XVII: Los católicos matan a Gaspard de Coligny, un líder protestante. Después de asesinarlo, la horda católica mutila su cuerpo, “cortándole su cabeza, sus manos y sus genitales… después lo tiran al río, después, decidiendo que no era digno de ser comido por los peces, es sacado del agua y arrastrando lo que quedaba… lo llevan a Montfaulcon, para ser carne de carroña, gusanos y cuervos”.
 
Siglo XVII: Los católicos saquean la ciudad de Magdeburg (Alemania). Alrededor de 30.000 protestantes muertos. “En una sola iglesia 50 mujeres fueron encontradas decapitadas,” cuenta el poeta Friedrich Schiller, “y los infantes se encontraban todavía en los pechos de sus madres muertas”.
 
Siglo XVII: Durante la guerra de los 30 años (católicos vs. protestantes) por lo menos el 40% de la población es muerta, en su mayoría en Alemania.
 
San Ambrosio, obispo de Milán, durante el imperio de Teodosio, instigó al primer incendio de una sinagoga en Kallinikon (hoy Raqqa, Irán), el santo declaró haber dado la orden, ya que los judíos eran merecedores de la muerte. Los ejecutores de la orden fueron monjes, hombres brutales que en los siglos III y IV más que santos eran seres violentos y asesinos.
 
Miles de víctimas asesinadas en nombre de Dios durante la conquista de América, donde a los nativos que sobrevivieron se les anuló su cultura y su religión.
 
Los crímenes cometidos contra aborígenes australianos, que incluyen el coger por la fuerza a miles de niños para meterlos en instituciones católicas.
 
Lo mismo ocurrió en poblaciones autóctonas del Québec y otros lugares apartados del mundo.
 
El desfalco de la Iglesia al Banco Ambrosiano por la suma de 1.373 millones de dólares, suma que el cardenal Marzinskus utilizó para desestabilizar el régimen comunista de Polonia y financiar los asesinatos de la organización paramilitar argentina “Triple A”.
 

 
Los crímenes cometidos por la Iglesia en Colombia, entre los años 1946 y 1953, fueron asesinadas unas 300.000 personas que se opusieron a la dominación capitalista, la Iglesia estuvo al lado del gobierno de turno.
 
Las dictaduras de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia entre otras, estuvieron siempre legitimadas por los jerarcas de la Iglesia, por mucho que en algunos casos –como en Chile- contaran con organismos para proteger los derechos humanos.
 
La oscura vinculación de la Iglesia, siendo cardenal Juan Luis Cipriani, con el gobierno fujimorista en el Perú (1995-2001).
 
Al mencionar brevemente algunos de los delitos cometidos por la Iglesia a través de la historia, salta la pregunta de quién le dio derecho a realizar tantos crímenes, el derecho a quemar a filósofos y pensadores, el derecho a quemar brujas, el derecho a quemar libros, el derecho a provocar guerras, el derecho a ser cómplices de otros asesinos, el derecho a regentar bancos y empresas, el derecho a apropiarse de lo ajeno, el derecho a proteger a curas pervertidos sexuales, el derecho a vivir en medio de la riqueza, el derecho a no pagar impuestos.
 
Por Miguel Guerra León
 
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domingo, 31 de agosto de 2014

La Iglesia, una vez más presente en un homenaje fascista


Un sacerdote reza un Padrenuestro y pide a la Virgen que “en el cielo estén gozando todos nuestros caídos y Onésimo Redondo”


Publicado el 29/8/2014 
Mientras el Relator de la Onu, Pablo de Greiff, reconviene al Estado español por su actitud escapista hacia los crímenes del franquismo, en todo el territorio nacional surgen convocatorias públicas de exaltación al franquismo. En este caso ha sido en Valladolid, donde la ultraderecha, enarbolando enseñas anticonstitucionales, y por tanto ilegales, se ha reunido en el hotel Felipe IV de la capital castellana, para después celebrar un homenaje al caudillo filo nazi Onésimo Redondo. No han faltado los saludos, las banderas, todo tipo de simbología, y el broche de oro: un cura gritando vivas al líder fascista y a Cristo Rey. Y todo esto se une a los asaltos vandálicos a monumentos conmemorativos republicanos, a los ataques contra las nuevas placas de las calles, antes franquistas y cambiadas hace apenas unos meses por sentencia legal y agresiones contra jóvenes izquierdistas.

domingo, 20 de julio de 2014

IU se querella contra el cura que pidió otro alzamiento militar en una misa conmemorativa del 18-J

Asistentes a una de las misas conmemorativas del franquismo en la iglesia de los Jerónimos de Madrid


"Una sociedad democrática del siglo XXI no puede tolerar comportamientos que llaman públicamente al ejercicio de la violencia por razones políticas", asegura la federación madrileña de IU en relación a la homilía conmemorativa del golpe fascista de 1936 en la iglesia de los Jerónimos

Público  Madrid 19/07/2014
Izquierda Unida Comunidad de Madrid interpondrá una querella contra el sacerdote de la iglesia de los Jerónimos que el viernes (18 de julio) celebró su enésima misa conmemorativa del golpe militar contra la II República, que supuso el inicio de una Guerra Civil en 1936 y daría lugar a 40 años de dictadura en España bajo el régimen de Francisco Franco.

Durante su homilía, el sacerdote advirtió sobre el peligro que supone para el catolicismo el auge de la extrema izquierda, y pidió a los presentes, entre los que se encontraban los familiares del dictador, "estar alerta" e hizo un llamamiento a que "igual que en los años treinta hubo hombres y mujeres valerosas que supieron dar respuesta, nosotros hoy también sepamos dar respuesta" a "crecimiento de la extrema izquierda" y a la "crisis espiritual" de la sociedad, que, en su opinión, devuelve a España a la época previa al golpe militar; según recoge un medio de comunicación presente en la ceremonia de ayer.

La querella la ha anunciado este sábado el responsable de derechos de ciudadanía y memoria democrática de IUCM, José Antonio Moreno, y entre los motivos de la acción legal están la incitación al odio por razones ideológicas y delitos contra los derechos constitucionales, al tiempo que insta a la Fiscalía a que se persona en la acusación.

"Ya está bien. Ya basta. Una sociedad democrática del siglo XXI no puede tolerar comportamientos que llaman públicamente al ejercicio de la violencia por razones políticas contra aquellos que piensan de manera distinta", asegura Moreno, que pide que "los mecanismo del Estado de derecho" actúen rápidamente contra "actuaciones que dañen la convivencia y el pluralismo democrático".

"No estamos sólo ante una infracción administrativa por vulnerar la Ley 52/2007 en cuanto se hace apología del golpe militar y de la violencia desencadenada a continuación", asevera Moreno, sino que "desde el púlpito de los Jerónimos se hizo un llamamiento explícito y expreso a "dar respuesta" ante el crecimiento de las fuerzas de izquierda", subraya.

El párroco en cuestión es conocido por celebrar varias ceremonias conmemorativas de las fechas franquistas, como el "Día de la Victoria" todos los primeros de abril. En ellas, considera a Franco y a sus generales "providenciales enviados por Dios que dieron una respuesta a aquella situación". El responsable de IU recuerda que fue la Iglesia la que "desde el primer momento amparó y calificó de "cruzada" la Guerra".

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La Iglesia con el fascismo, una comunión conocida

miércoles, 16 de julio de 2014

El ministro del Interior se acoge a una decisión de Franco durante la Guerra Civil para justificar la medalla a la Virgen

Momento de la concesión de la medalla a la Virgen del Amor. Foto EFE Archivo

El gran argumento de la concesión de la Medalla de Oro al Mérito Policial es una decisión del Gobierno de los golpistas del 14 de junio de 1938                    

El Plural | 14/07/2014
La concesión de la Medalla de Oro al Mérito Policial a Nuestra Señora María Santísima del Amor no para de sumar hechos sorprendentes. El último, de nuevo, lo ha sumado el ministerio de Interior en su escrito ‘justificativo’: una decisión del gobierno que montaron los golpistas liderados por Franco el 14 de junio de 1938, en el que se establecía que la Cofradía de esta Virgen era uno de los antecesores del Cuerpo Nacional de la Policía.

Una decisión del Gobierno rebeldeEn concreto, en el escrito se lee: “La vinculación histórica entre la policía y la cofradía se remonta, cuando menos, al 14 de junio de 1938, fecha en la que la Orden General del llamado entonces Ministero Público testificaba el nombramiento como Hermano Mayor Honorario de la Confradía al Cuerpo de Investigación y Vigilancia, uno de los antecesores del actual Cuerpo Nacional de Policía”.

En realidad el calificativo de surrealista aplica a la concesión de la medalla a la Virgen desde su inicio. Y, quizás, su única ‘explicación’ pueda encontrarse en el furor religioso tanto de Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior, como del director general de la Policía, Ignacio Cosidó.

Esta medalla se reserva a los agentes muertos o heridos cuando protagonizan un acto de servicio. En el momento en que se concedió, el ministerio lo explicó como una invocación y “reconocimiento y respeto” a la Virgen por el “manto de protección” que tiende a los policías.

Recurso ante la Audiencia NacionalUna decisión, ‘argumentación’ incluida, que llevó a la Asociación Europa Laica a plantear un recurso en la sala de los contencioso administrativo de la Audiencia Nacional en el que recordaba que, aunque esta medalla de manera excepcional se puede conceder a “personas ajenas” cuando realicen actos de colaboración decisiva en defensa del orden, la Virgen “es una figura religiosa que no es persona ni, por tanto, tiene entidad jurídica”.

En un primer momento, el ministerio argumentó que también se había concedido la misma medalla a Cáritas Española y a otras Hermandades y Cofradías, como la Real Ilustre y Primitiva Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Cena, Santísimo Cristo del Amor y María Santísima del Rosario en 2004, y a la Real, Venerable e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Perdón y María Santísima de la Aurora en 2010.

domingo, 6 de julio de 2014

La bandera de los pobres está en fosas y cunetas

El Vaticano compartiendo sus riquezas con los pobres
 
La Marea - 05 de julio de 2014  Félix Población
Dijo el papa Francisco, haciendo honor a uno de esos titulares con los que se prodiga y que tan bien sientan al cambio de imagen que se pretende fomentar desde El Vaticano, que el comunismo robó la bandera de los pobres a la iglesia de Roma. (No puedo evitar sentir una cierta preocupación, sabiendo donde vive, por la salud del pontífice, últimamente quebradiza).
 
En esta España nuestra, donde se beatifica a los mártires de la cruzada por centenares gracias al patrocinio de la jerarquía vaticana, miles de víctimas del régimen al que la iglesia apoyó -entre ellas muchos comunistas- siguen ausentes de un enterramiento digno porque, entre otras razones,  la iglesia a la que el comunismo robó la bandera de los pobres mantiene un miserable silencio, cuando no una indiferencia bochornosa, ante los crímenes del Estado al que respaldó de manera tan explícita como enaltecedora.
 
Por eso debería su santidad eludir titulares como el que nos ocupa y atender a quienes desde España representan lo mejor de su institución. Es el caso de la teóloga y monja benedictina Teresa Forcades, que de modo reiterado  ha pedido a la iglesia católica que pida perdón por ese respaldo al régimen que persiguió, encarceló y asesinó a miles de seres humanos que enarbolaban, precisamente, esa misma bandera a la que alude Francisco.
 
Este apoyo de la iglesia a Franco no fue sólo general, pues según recuerda Forcades, “hay familiares que aún hoy buscan a personas  desaparecidas durante el régimen y que mencionan a personas destacadas de la Iglesia como delatores que dieron listas de nombres. Ésa es una herida abierta”, afirma la teóloga benedictina-, y ante esa colaboración con el franquismo de la iglesia católica, aún hoy no hemos hecho una reevaluación crítica y no hemos pedido perdón por nuestra asociación con un régimen violento y antidemocrático que asesinó a centenares de miles de personas”.
 
Tiene además en cuenta Forcades las consecuencias de ese apoyo, que le reportó a la iglesia no solo los privilegios que tuvo entonces con la impartición de una enseñanza confesional y demás atribuciones, sino los que todavía mantiene, casi cuarenta años después de la muerte del caudillo Francisco, al que prestó palio y preces. Como en la dictadura, la relación que todavía conserva la Iglesia con el Estado no es la ideal ni para el Estado ni para la Iglesia, porque en opinión de Teresa Forcades lo ideal es la separación Iglesia-Estado, si se quiere respetar el pluralismo democrático.
 
La monja, que en Cataluña impulsa el movimiento Procés Constituent para configurar una candidatura política para las elecciones autonómicas de 2016, asegura con históricas razones: “Siempre que la Iglesia se ha asociado con el poder, siempre ha ido en detrimento de su misión, que es el anuncio libre del evangelio”.
 
Déjese usted de mandarnos titulares, papa Bergoglio, y al grano, esto es, al evangelio y a su aplicación,  de la que su iglesia renegó cuando llamó cruzada a una oleada de barbarie durante y después de la Guerra Civil, cuyo más flagrante testimonio yace todavía en fosas y cunetas, sin que de sus labios ni de los labios de sus pastores haya salido una sola frase de perdón.
 
Extiendo esa misma recomendación al Seminario de Oviedo, que ha pagado un curso para curas este pasado mes de junio, impartido por la Fundación Carmen de Noriega, a fin de que sus sermones enganchen. Nada mejor que el Evangelio “como estrategia para reforzar la relación con la comunidad”, tal como rezaba uno de los objetivos de esos cursos.

lunes, 28 de abril de 2014

¿Qué empresas usaron a esclavos del franquismo?

  • La explotación económica de los vencidos llevó a la dictadura franquista al extremo de emplear a más de 400.000 presos políticos como trabajadores forzados.
  • Compañías públicas y privadas –algunas cotizan en el IBEX 35– resultaron beneficiarias de mano de obra gratuita en la mayoría de sectores productivos.
  • El trabajo esclavo forma parte de la querella argentina contra los crímenes del franquismo y la Ley de Memoria Democrática prevé hacer "copartícipes" de la "reparación" de los reclusos a las "organizaciones" implicadas.
El franquismo llegó al extremo de usar presos políticos como esclavos. Fiel a la explotación económica de los vencidos como "botín de guerra". Había que "reconstruir" el país y... ¿qué empresas emplearon mano de obra gratuita durante la dictadura? La iglesia, el ejército sublevado e instituciones públicas. Pero no sólo. Entidades privadas de casi cualquier sector se beneficiaron del empleo de más de 400.000 reclusos en régimen limítrofe a la esclavitud. Algunas cotizan hoy en el IBEX 35, herederas de aquellas actividades primigenias o extirpadas de su germen económico.

Para sortear la muerte por hambre o enfermedad, plato diario en las cárceles franquistas, incluso había detenidos que solicitaban su traslado a batallones de trabajadores forzados. Banús Hermanos, San Román, Huarte, Agromán o Dragados y Construcciones. Estas compañías, y otras muchas, aprovecharon la oportunidad que ofrecía el entramado diseñado a lomos de presidiarios "para alzar sus imperios económicos durante la dictadura franquista". Unos redimían condena, otros obtenían réditos de otro modo impensables. Así reza en el marco de la querella argentina que María Servini de Cubría instruye desde el Federal 1 de Buenos Aires, a denuncia del grupo de trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA) de CGT. Y en la ley andaluza de memoria, que plantea hacer a estas y otras muchas empresas "copartícipes" de la "reparación" de esas víctimas.

"Botín de guerra" para los golpistas
"Ferroviarias como Norte, MZA, Renfe, constructoras como Entrecanales, San Román, Huarte o Banús, mineras como Duro, Babero, transformadoras de metales como Babor Wilckok, Astilleros de Cádiz, La Maquinista Terrestre". Una relación que el director científico del proyecto Todos (…) los nombres, José Luis Gutiérrez Molina, completa con "órdenes religiosas, ayuntamientos, confederaciones hidrográficas y diversas administraciones de Justicia o gubernativas". "¿Números? Más de 400.000 presos susceptibles de ser utilizados, en Andalucía más de 100.000", enumera. Los derrotados, "botín de guerra" para las fuerzas golpistas.

Eran "trabajadores, jornaleros y campesinos", en gran parte, y debían cargar con el "esfuerzo de la reconstrucción" del país. Una tarea abierta hasta 1956 que el coautor del libro El Canal de los Presos. Trabajos forzados: de la represión política a la explotación económica cuantifica en "al menos 800 millones de euros". "Desde el pequeño taller a la gran industria vasca, catalana o andaluza –cuenta Gutiérrez Molina–, no hubo sector industrial, comercial, agrario o de servicios que no contara, en mayor o menor número, con trabajadores esclavos".

El anteproyecto de Ley de Memoria Democrática de Andalucía señala (artículo 19): "Reparación por trabajos forzados. La Administración de la Junta de Andalucía impulsará actuaciones para hacer copartícipes de las medidas de reconocimiento y resarcimiento a las organizaciones que pudieron utilizar los trabajos forzados en su beneficio". El Gobierno autonómico, con el nuevo marco legal que reconoce la mano de obra esclava en trámite, no desvela aún cómo motivará la participación de las empresas implicadas.

Empresas implicadas que no reconocen el "abuso"
¿Quién debe responder por esos delitos? "En el caso de Alemania las empresas pagaron, pusieron la mitad del fondo de indemnizaciones y la otra la puso el Estado", compara el coordinador de RMHSA, Cecilio Gordillo, que declaró por videoconferencia en febrero ante la justicia argentina y sugiere "candidatos a ser convocados por la juez Servini". Caso de "Florentino Pérez, de Dragados y Construcciones (ACS), José Manuel Entrecanales, de Entrecanales y Távora (Acciona), Gonzalo Ferre, de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), Julio Gómez-Pomar, de Renfe y Juan Miguel Villar Mir, de Huarte (OHL)". Actuales responsables de empresas, "o sus antecesoras", señala, que nunca reconocieron el "abuso". Como publicó Financial Times Magazine en el año 2003.

eldiario.es/andalucia se ha puesto en contacto con estas empresas, que han declinado hacer declaraciones al respecto. "No haremos ningún comentario sobre ese tema", una respuesta repetida que se extendió en la mayoría de los casos al momento en que, en teoría, la ley andaluza de memoria les conmine a participar en el reconocimiento a los trabajadores forzados. En ningún caso se negó la participación de las "antecesoras" de estas compañías e, incluso, hubo solicitud de información a este periódico "para conocer un poco más en qué consiste todo eso".

En sectores como la minería y la construcción, los presos fueron "imprescindibles". "El número de pantanos inaugurados por Franco, sin la mano de obra esclava, hubieran sido muchos menos, lo mismo que las líneas férreas, carreteras o aeropuertos", relata Gordillo. Obras, también, como el Valle de los Caídos. Para administrar los campos de concentración convertidos en "empresas de trabajo temporal", el régimen creó –el 11 de octubre de 1938– el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo (PCRPT).

En su organigrama cabían, describe Gutiérrez Molina, "funcionarios de prisiones, de prensa y propaganda, un eclesiástico, un contable, varios ingenieros, auditores generales de los tres ejércitos y de los organismos públicos que más trabajadores empleaban". Como el Servicio Nacional de Regiones Devastadas, empresas ferroviarias intervenidas, el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas y la Compañía de Caminos de Hierros del Norte. Por cada día de trabajo, un preso redimía dos de pena. El Estado, que cobraba una cantidad a la empresa beneficiaria, pagaba un jornal –"aunque no siempre cumplía"– del que descontaba la comida y la ropa del recluso.

Empresas que solicitaron trabajadores forzados
En Franquismo y trabajo esclavo, una deuda pendiente, el investigador José Luis Gutiérrez Molina expone una relación de 90 empresas que solicitaron y les fueron concedidos penados como mano de obra forzada. Una treintena corresponden a organismos oficiales, once a la iglesia católica, ocho al Ministerio del Ejército y el resto a compañías privadas y una institución benéfica (Fundación Elorz).

Instituciones públicas que usaron presos: Secretaría General del Consejo de Estado, Astilleros de Cádiz, Consejo Superior de Protección de Menores, Sindicato Nacional del Espectáculo, Regiones Devastadas de varias provincias, gobiernos civiles, direcciones generales, ayuntamientos… además, entre otras, de la Fundación Generalísimo Franco y la Jefatura de FET de las JONS en Lérida.

La iglesia reclamó trabajadores esclavos para obras en parroquias, conventos y otros edificios de Madrid, Barcelona, Cuenca, Murcia o Valladolid. Como empresas privadas, aparecen relacionadas con la metalurgia (Múgica, Arellano y Cía., Babock Wilcok, La Maquinista Terrestre y Marítima, Talleres Mercier o Industrias Egaña), la minería (Carbones Asturianos, Minera Estaño Silleda, Duro Felguera, Minería Industrial Pirenaica o Minas de Sillada), la construcción (Sociedad Constructora Ferroviaria o Ibérica de Construcciones y Obras Públicas), agricultura, mecánica, zapatería, espartería y fábricas de muebles, cristal, guantes o alpargatas.

El propio autor, junto a Dolores Martínez, en El trabajo esclavo de los presos políticos del franquismo en Andalucía, repasan los campos de concentración y trabajo instalados en la región, con el número de reclusos que acogieron y las fechas en que estuvieron activos. Además, establecen un listado con la relación de obras en que intervinieron prisioneros, presos y penados en Andalucía entre 1936 y 1956. Una lista casi interminable "que no se ha estudiado a fondo".

martes, 1 de abril de 2014

El guerracivilismo de Rouco Varela

Cuando el arzobispo de Madrid habla de una nueva Guerra Civil, no queda claro si es una advertencia o una amenaza
 
"La concordia fue posible con él", dijo el señor arzobispo de Madrid en la santa misa para ese expresidente de un Estado aconfesional que ayer ofició en la Catedral de la Almudena rodeado de las más altas autoridades. La memoria es frágil. Olvida Rouco que ese mismo Suárez que ahora piropea fue quien aprobó la ley del divorcio, con toda la oposición y el escándalo de una Iglesia que, con el franquismo, había logrado derogar ese derecho que trajo la República.
 
Al menos Rouco no se quejó esta vez, como hizo ante las víctimas del 11M, de esa "cultura mundana que arrincona la fe en lo privado". Tiene narices la cosa. Lo dice el arzobispo que este mes ya lleva dos misas de Estado ante el presidente del Gobierno, el Consejo de Ministros, la familia real y los presidentes autonómicos (y un tal Teodoro Obiang al que todos hacían como que no conocían). Ahí le tienen al pobre Rouco. Arrinconado.

El miedo

"Y yo no opino, como muchos, que el pueblo español estaba pidiendo a gritos libertad. En absoluto, el ansia de libertad lo sentían sólo aquellas personas para las que su ausencia era como la falta de aire para respirar. Pero el pueblo español, en general, ya tenía unas cotas de libertad que consideraba más o menos aceptables... Se pusieron detrás de mí y se volcaron en el referéndum del 76, porque yo los alejaba del peligro de una confrontación a la muerte de Franco. No me apoyaban por ilusiones y anhelos de libertades, sino por miedo a esa confrontación; porque yo los apartaba de los cuernos de ese toro". 
Adolfo Suárez, durante una interesantísima entrevista en 1981 que hace unos días recordaba Suso de Toro.

sábado, 1 de febrero de 2014

La lista de la infamia: Curas del 36 en Valladolid


Curas en formación de pelotón de fusilamiento
Últimocero.com- Orosia Castán, Miembro del Colectivo Verdad y Justicia,12 de Octubre de 2013
En el año 1936, tras la sublevación militar, los párrocos de los pueblos tomaron mayoritariamente partido por los alzados, en quienes veían unos valedores que les iban a devolver el poder que detentaban antes de la llegada de la República. Bien sabían estos curas que el alzamiento era ilegal y que se estaba haciendo mediante el derramamiento de sangre inocente. Prácticamente en todas las localidades, falangistas y guardias civiles desleales detenían a las autoridades legales, a los dirigentes sindicales, a los obreros significados, a sus mujeres y a sus familiares, y los sometían a tratos inhumanos, golpeando, violando, robando y asesinando a muchos de ellos.

El mandato de los religiosos está bien claro para todos: su deber era detener la violencia, impedir los crímenes y acabar con la orgía de sangre que se desataba sobre la población civil, inerme e indefensa. Sin embargo, la Iglesia desoyó estos mandatos sagrados y alentó a sus párrocos a que se unieran al golpe, al que de inmediato bautizaron como Cruzada, otorgándole todas sus bendiciones.

Los curas tenían una gran autoridad moral. Allí donde se opusieron a los crímenes, éstos no se produjeron. Pero por desgracia para las víctimas, para sus familias, para los pueblos y para su propia imagen y la de la Iglesia, la gran mayoría de los curas apoyaron decididamente el alzamiento y sus procedimientos sanguinarios, y a veces no solo intelectualmente o dando su bendición a los asesinos, sino también materialmente, con las armas en la mano.

Cegada por la posibilidad de ejercer su poder sobre la sociedad entera, la Iglesia católica se dedicó a forzar la voluntad de los ciudadanos que se habían salvado de la muerte obligándolos a casarse por la iglesia, a bautizar a los hijos de los que no eran católicos cambiándoles incluso el nombre si no estaba en el santoral, a penalizar a las personas que no asistían a misa, llevando al día la relación de los que no se confesaban o no comulgaban. Daba igual que esas personas no fuesen creyentes o que profesasen otra religión. La iglesia católica reclamó para sí la obediencia debida de todos los ciudadanos y la obligatoriedad de las prácticas religiosas por las buenas o por las malas. La coacción, la amenaza, los malos informes que destruían la vida de la gente o el señalamiento de los que ellos denominaban “malos cristianos” fueron la seña de identidad de una iglesia inquisitorial, cuyos ministros causaron mucho daño y dolor con sus actos o su pasividad.

Obligar a una persona a practicar la religión en contra de su voluntad está considerado sacrilegio por la propia iglesia, lo que no fue obstáculo para que se implantase la religión de manera obligatoria en todo el país y a todos los niveles de la vida: en la enseñanza, las instituciones, las costumbres sociales y la vida personal.

En muchas localidades de nuestra provincia y en la propia capital, la actuación de los curas fue tan inhumana, tan cruel y tan alejada de lo que puede considerarse un comportamiento cristiano, que quedó impresa en la memoria de los vecinos. Estos curas, que por su posición hubieran podido mediar a favor de las víctimas, muchas veces aparecieron al lado de los verdugos, contribuyendo con sus acciones a empeorar la suerte de sus vecinos. Es una verdadera lástima que la iglesia católica pierda oportunidad tras oportunidad de desmarcarse de estos elementos, condenando sus acciones y pidiendo perdón por su actuación en aquellos años de crimen y terror.

LA ACTUACIÓN DE LOS CURAS SEGÚN LA MEMORIA DE LOS TESTIGOS
Juan Julián, párroco de San Ildefonso, en Valladolid, acudía a las Cocheras de Tranvías para catequizar por las buenas o por las malas a los allí detenidos, aunque se declarasen ateos, agnósticos o protestantes. Acudía a las sacas, dejándose ver por los presos, quienes por su presencia detectaban que iba a producirse un asesinato. Dos o tres curas de Los Filipinos solían acompañar a las patrullas falangistas en sus acciones. Llevaban camisa azul e iban armados. Se les llegó a conocer bien y se les reconocía por su tonsura y sus medallas y escapularios. Además eran los encargados de catequizar a los presos de Las Cocheras. Se llamaban el padre Tirso y el padre Baladrón. Sus homilías eran amenazadoras. Una frase que repetían continuamente y que quedó grabada en la memoria de los detenidos era: “Habéis pasado por una criba ancha; ahora pasareis por otra más fina, y al final no quedará nadie”. Y hubo gente que se atemorizó y marchaba a comulgar, pensando que los curas darían buenos informes y que podrían salir, pero estaban muy equivocados, pues aquellos curas deseaban de verdad que no quedara nadie. (Testimonio de J. P. R., preso en Las Cocheras).

Padre Cid: adscrito a la Cárcel Nueva, impartía la misa obligatoria, descalificaba y humillaba a los presos e intentaba que recibieran los sacramentos cuando los iban a fusilar. Más adelante fundó un Patronato para menores, a donde fueron a parar muchos hijos de estos mismos fusilados; allí intentaba “reeducarles”. Ese lugar, “Cristo Rey”, se financió con el trabajo esclavo de los presos.

Rufino Caldevilla, párroco de La Magdalena y sobrino del canónigo Valero Caldevilla, acudió al Alto del León, presa de un ataque de patriotismo, según testimonio de J.L. Galindo, un falangista camisa vieja, que estuvo con él; iba armado. Es un alegre clérigo… me lo imagino disparando trabucos y no le cae mal la imagen… Cuando regresó a Valladolid y volvió a hacerse cargo de la parroquia, denunció a aquellos vecinos que bajo su punto de vista eran “indeseables”. Anteriormente se había mostrado beligerante con los sectores de la izquierda, y cuando se produjo el golpe colaboró con eficacia: denunció personalmente a la familia de Heraclio Conde, quien fue fusilado junto con sus dos hijos varones (testimonio de Conde Conde).

Eladio Tejedor Torcida, párroco de Barcial de la Loma en 1936, estaba enfrentado con las gentes de izquierdas desde el advenimiento de la República. Cuando se produjo el golpe, el alcalde impuesto por los golpistas fue Vicente Vázquez de Prada, que era partidario de detener y entregar a los izquierdistas, pero se opuso a que los mataran. El cura insistió e insistió en la necesidad de “limpiar el pueblo, como se estaba haciendo en todos los pueblos de alrededor”, y al final se hizo así. Este cura, tras inducir al asesinato del alcalde elegido, Modesto Rodríguez, obligó a la viuda a bautizar al hijo de éste y a cambiarle el nombre que su padre le había puesto (Besteiro). Otro acto de este cura fue el de casar in extremis al vecino Florencio Sinde, destrozado por las torturas recibidas, con brazos y piernas rotos e inconsciente en los calabozos del ayuntamiento de Barcial; este hombre estaba casado por lo civil, y antes de rematarlo, hizo que llevaran allí a su esposa y los casó religiosamente (testimonio de la esposa).

Florentino, cura de Bocigas, acompañaba a las patrullas de asesinos, según él para confesar a las víctimas.

Lorenzo Pérez González “Lucilina”, fue uno de los máximos responsables de los hechos sangrientos ocurridos en el pueblo de Villabáñez. Mantenía un enfrentamiento directo con los vecinos de ideas izquierdistas y con la Corporación Municipal; intervenía en las cuestiones políticas, en los temas económicos, como la gestión de los montes comunales; impulsó un sindicato católico, con el que se enfrentaba a la Casa del Pueblo… El propio arzobispo Gandásegui llegó a decir de él que “había envenenado al pueblo”. En 1936 designó a las víctimas y no movió un dedo para frenar la represión desatada contra los vecinos, aunque salvó al que le pareció oportuno, con lo que demostró que tenía poder para haber impedido la matanza.

José de Rojas Martín, ejercía como párroco en Castrillo Tejeriego, donde dio el visto bueno y firmó la lista de los que debían ser represaliados. La madre de este cura iba diciendo por el pueblo que “había que fusilar a los hijos de los detenidos, porque llevaban el mismo camino que sus padres”.

Sergio Martín Martín, procedente de Medina de Rioseco, donde también colaboró en la elaboración de las listas de los que debían morir, estaba en Castromonte como párroco. En julio de 1936 se encontraba en Asturias, pero pudo regresar a mediados del mes de septiembre, y fue entonces cuando comenzó la represión en Castromonte. Muchos testimonios le atribuyen responsabilidad directa en muertes ocurridas en Rioseco y la zona de la Santa Espina, además de las ocurridas en Castromonte.

Ictinio, párroco de Tiedra, ayudó a elaborar las listas de víctimas; alentó a los falangistas de la localidad, y fue directamente responsable del asesinato de David Criado, un vecino que estuvo detenido y regresó al pueblo al finalizar la guerra.

Bibiano del Campo Mucientes, natural de Villalba de los Alcores. Estaba de párroco en Wamba en la época de la sublevación. Colaboró haciendo listas y también de manera material: él mismo llevó cuerdas para atar a los detenidos.

Pablo Rojo era párroco en Mojados. En los locales del ayuntamiento estaban detenidos medio centenar de vecinos. El día 25 de julio, los sublevados del pueblo decidieron asesinar a varios de ellos. El cura acudió a la prisión e intentó confesarlos con argucias y amenazas. A pesar de los ruegos de las familias y de la cantidad de huérfanos que dejaban y de que el cura sabía positivamente que todos eran inocentes y que los asesinatos se producían sin juicio ni asistencia de autoridad legal alguna, Pablo Rojo colaboró con los asesinos hasta que el último detenido subió al camión. Ese día 25 vecinos de Mojados fueron trasladados al puente que une los términos de Boecillo y Laguna de Duero y tiroteados allí. Algunos no fallecieron en el acto y cayeron al agua con vida. Por fin los remataron a todos. Uno de ellos, J.N. logró llegar herido, hasta el Coto del Cardiel, donde el guarda de campo lo remató con su escopeta.

Andrés del Amo, de Saelices. Fue un inductor fundamental de los crímenes cometidos en Villacarralón, donde era párroco, pues señaló a los vecinos que según él eran peligrosos. Años después de la guerra, vino al pueblo un cura nuevo. Estando en la plaza, un hijo de Petra Cimas, asesinada por una patrulla venida de otros pueblos ante los ojos de sus dos hijos, lo reconoció como integrante de una de las patrullas y se dirigió a él: “Usted bajaba de paisano a detener gente”. El cura se llamaba Jesús Ceinos Casero, y fue reconocido por otros vecinos como uno de los hombres que iban sacando a la gente de sus casas en el verano de 1936, vestido con un mono azul y armado con un fusil.

Teodosio era el nombre del párroco de Quintanilla de Abajo. Cuando se pidió el indulto de los condenados a muerte dijo en la puerta de la iglesia ante muchos vecinos que si les conmutaban la pena, él quemaba la sotana.

CURAS EN EL FRENTE
La presencia de curas en el frente fue frecuente. Particularmente abundaron en la zona del Alto del León. Iban vestidos con mono y armados. Otros muchos iban de visita, acompañando a grupos.

Núñez, jesuita, coadjutor de la parroquia de San Juan, en Valladolid, marchó al Alto del León en julio del 36, integrado en el grupo de falangistas como combatiente. Este cura, bastante joven, murió en un bombardeo en el Alto del León a finales de julio de 1936. Juan Martínez, cura combatiente, murió en el frente.

Padre Nevares, jesuita: recibió en San Rafael a los falangistas que se iban a incorporar al frente en julio del 36. Al llegar al Hotel Regina, donde comían estas tropas, el padre Nevares vestía mono azul y llevaba casco y una gran cayada. Era beligerante y además confesaba a los voluntarios. Ramón Arregui Moliner, falangista, quiso confesarse con él tras una escaramuza en la que disparó y mató a soldados enemigos. Después relató, escandalizado, que el cura le dijo: “Eso no tiene importancia: es la guerra”. Este cura estuvo siempre a la cabeza de las fuerzas golpistas en San Rafael, dando el beneplácito eclesiástico. Antes del golpe, había organizado en Valladolid las Cooperativas Agrarias de Derechas.

Pedro, un párroco natural de Castrillo de Duero, en julio del 36 se integró en un batallón falangista y marchó al frente. J.L. Martínez Galindo, que coincidió con él, dice que era “un cura guerrillero”.

COSAS DE CURAS
Pedro Cantero Cuadrado, nacido en Carrión de los Condes, fue capellán de la Cuarta Bandera de Castilla. En una de sus arengas pronunció esta frase: “El general Franco es de origen providencial y carismático, y por tanto legítimo. Solo ante Dios y ante la Historia debe dar cuentas”. Llegó a ser obispo de Huelva.

Ignacio Menéndez Raigada, autor del Catecismo Patriótico: “Yo soy cura, pero antes que cura, falangista”. Fue capellán y confesor de Franco.

Enrique Herrera Oria: “Los masones matan niños menores de siete años y beben su sangre en un cráneo”.

Fernando Martín Sánchez Juliá, “Secretario de Dios”, cabeza de la Iglesia, escribió una pastoral: “De los frentes saldrá una nueva España. A nosotros nos toca ayudar al parto y educar a la criatura…”.

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