15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939


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domingo, 27 de noviembre de 2016

Nueva Web de recursos sobre Historia y Memoria Histórica digital

Universidad Carlos III Madrid

Matilde Eiroa San Francisco 27/11/2016
Puesta en marcha de una web de recursos sobre Historia y Memoria Histórica digital que hemos promovido desde un proyecto de investigación titulado "Historia y Memoria Histórica on line. Retos y oportunidades para el conocimiento del pasado en Internet". El proyecto pretende analizar cómo se representa el pasado en las plataformas de Internet, para lo cual hemos seleccionado blogs, páginas web, boletines digitales y redes sociales, videos y documentales en youtube, etc.

La web de recursos tiene la dirección: http://uc3m.libguides.com/hismedi  y estaríamos encantados si podéis difundirla a fin de que nos llegue la mayor información posible sobre esos formatos digitales que tan activamente están colaborando a la difusión de la historia y la memoria y poder, así, incluirlos como referencia en la web.

Saludos y gracias por adelantado

Matilde Eiroa San Francisco
Profesora Titular/Associate Professor
Universidad Carlos III de Madrid 

Nota MJBarreiroLG:
-Este conjunto de Blogs memorialisticos (8 en total de los que soy autora tienen el honor de haber sido incluidos en este trabajo)
-En enero de 2015 ya tuve el honor de la mención de mi trabajo on line por parte de Matilde Eiroa en la Revista Stvdia Historica. Historia Contemp. vol. 32. Univ. Salamanca
 
Muchas gracias a todo el equipo

lunes, 16 de noviembre de 2015

La razón de ser de la guerra en Siria



#VideosVirales ... Si no entiendes la razón de ser de la guerra en SIRIA, te recomendamos ver este video. En el se explica a detalle el por qué de esta guerra. Vale la pena verlo.Click al VIDEO.
Posted by Candela Apatzingán on Domingo, 11 de Outubro de 2015

sábado, 7 de noviembre de 2015

“Sin respeto por la Historia. Una biografía de Franco manipuladora”

HISPANIA NOVA, Nº 1 Extraordinario. Año 2015

Tabla de contenidos

La revista académica Hispania Nova publica un número extraordinario coordinado por Ángel Viñas con la colaboración de otros historiadores de prestigio, titulado “Sin respeto por la Historia. Una biografía de Franco manipuladora”.  Aprovechando la publicación de una de las biografías recientes más polémicas sobre su figura y el aniversario de su muerte, el número pretende revitalizar el debate sobre su legado y régimen. Los artículos diseccionan (y desmontan) los capítulos de esa biografía escrita por Stanley Payne y Jesús Palacios en temas como la represión, la economía, la política exterior, etc. 

Matilde Eiroa

sábado, 21 de febrero de 2015

El fascismo que sobrevivió a Hitler

 
El historiador Julián Casanova coordina a un grupo de expertos en un libro sobre las cuatro décadas de dictadura en España
 
El País Madrid 1 FEB 2015
Cuando acabó la Guerra Civil española, más de la mitad de los 28 estados europeos estaban dominados por dictaduras con poderes absolutos, que no dependían de mandatos constitucionales ni de elecciones democráticas. Excepto en el caso de la Unión Soviética de Stalin, todas esas dictaduras procedían del firmamento político de la ultraderecha y tenían como uno de sus principales objetivos la destrucción del comunismo.

El general Francisco Franco y su dictadura no eran, por lo tanto, una excepción en aquella Europa de sistemas políticos autoritarios, totalitarios o fascistas. Pero al margen de las categorías que se utilicen para definirlos, la mayoría de esos despotismos modernos eran hijos de la Primera Guerra Mundial, la auténtica línea divisoria de la historia europea del siglo XX, la ruptura traumática con las políticas del orden autocrático imperial hasta entonces dominantes.

Como España no participó en esa contienda, el ascenso al poder de Franco se pareció poco, de entrada, al de esos nobles, políticos y militares que, tras convertirse en héroes nacionales por su lucha contra el enemigo exterior, encabezaron el movimiento contrarrevolucionario, antiliberal y antisocialista en sus países desde los años veinte. Jósef Pilsudski en Polonia y Miklós Horthy en Hungría son los mejores ejemplos (…)
Esas dictaduras que surgieron en Europa en los años veinte recuperaron algunas de las estructuras tradicionales de la autoridad presentes en su historia antes de 1914, pero tuvieron que hacer frente también a la búsqueda de nuevas formas de organizar la sociedad, la industria y la política. En eso consistió el fascismo en Italia, el primero en germinar como producto de la Primera Guerra Mundial, y a esa solución se engancharon en los años treinta algunos partidos y fuerzas de la derecha española. Una solución al problema de cómo controlar el cambio social y frenar la revolución en el momento de la aparición de la política de masas.

El fascismo apareció más tarde en España que en la mayoría de los países europeos, sobre todo si la referencia es Italia y Alemania, y se mantuvo muy débil como movimiento político hasta la primavera de 1936. Durante los primeros años de la Segunda República, apenas pudo abrirse camino en un escenario ocupado por la extrema derecha monárquica y por la derechización del catolicismo político. El triunfo de Adolf Hitler en Alemania, sin embargo, atrajo el interés de muchos ultraderechistas que, sin saber todavía mucho de fascismo, vieron en el ejemplo de los nazis un buen modelo para acabar con la República. El que iba a ser el principal partido fascista, Falange Española, fue fundado en octubre de 1933, cuando el fascismo era ya un movimiento de masas consolidado en varios países europeos.

Poco tuvo que ver Franco, por lo tanto, si lo que seguimos considerando es la conquista del poder, con la forma en que lo consiguieron los dos líderes fascistas más importantes, Benito Mussolini y Hitler, a través de la movilización de las masas con partidos que ellos mismos habían creado.
 
Mussolini subió al poder con una combinación de violencia paramilitar y maniobras políticas, sin necesidad de tomarlo militarmente —pese al mito forjado después de la marcha sobre Roma por el fascismo victorioso— o ganar unas elecciones. Y el nombramiento de Hitler como canciller del Reich el 30 de enero de 1933, porque Paul von Hindenburg, presidente de la República, así lo decidió, fue el resultado del pacto entre el movimiento de masas nazi y los grupos políticos conservadores, con los militares y los intereses de los terratenientes a la cabeza, que querían la destrucción del sistema republicano de Weimar y de la democracia.

Unos años después, Franco comenzó el asalto al poder con una sublevación militar y lo consolidó tras la victoria en una guerra civil (…) Mientras Franco consolidaba su dictadura tras el triunfo en esa guerra, los que los españoles llamamos posguerra, la Segunda Guerra Mundial ponía patas arriba el mapa de Europa que había salido de la de 1914-1918. Entre 1939 y 1941, siete dictaduras derechistas de Europa del este cayeron bajo el dominio directo de Alemania o Italia: Polonia, Albania, Yugoslavia, Grecia, Lituania, Letonia y Estonia. En el mismo período, siete democracias fueron desmanteladas: Checoslovaquia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia.

Casi todo el continente europeo quedó bajo el orden nazi, gobernado por dirigentes nombrados por Hitler o dictadores “títeres”, que solían ser líderes de los movimientos fascistas que no habían podido tomar el poder antes de 1939, pero que aprovechaban el nuevo escenario creado por la invasión militar alemana (…).

El destino de todos esos regímenes quedó vinculado al de la Alemania nazi. Y entre los últimos meses de 1944 y los primeros de 1945, todos esos países fueron invadidos por los ejércitos de la Unión Soviética o de los aliados occidentales. Las dictaduras derechistas, que habían sido dominantes desde los años veinte, desaparecieron de Europa, salvo en Portugal y España. Francisco Franco y Antonio Oliveira de Salazar fueron, por lo tanto, los únicos dictadores que, como no intervinieron oficialmente en la Segunda Guerra Mundial, pudieron seguir en el poder tras ella. Esa es una gran diferencia entre las dictaduras de Europa del este, destruidas por la guerra, y las de la Península Ibérica; y entre Franco y Salazar y todos esos dictadores, fascistas o no, que fueron ejecutados o acabaron en el exilio tras 1945.

Franco se libró, obviamente, de ese final, aunque la intervención italiana y alemana había sido decisiva para su triunfo en la guerra y conquista del poder y aunque el fervor del sector más fascista de su dictadura por la causa nazi se había manifestado, pese a la no beligerancia oficial española, en la creación en 1941 de la División Azul, por la que pasaron cerca de 47.000 hombres que lucharon contra el comunismo en el frente ruso.

Muertos Hitler y Mussolini, Franco siguió treinta años más. Vista desde esta perspectiva comparada, el rasgo distintivo de la historia de España en el siglo XX fue la larga duración de la dictadura de Franco después de la Segunda Guerra Mundial. No fue un paréntesis, sino el elemento central que dominó el escenario de forma absoluta durante esas tres décadas (…).

Más de una generación de españoles creció y vivió bajo el dominio de Franco, sin ninguna experiencia directa de derechos o procesos democráticos. Ese gobierno autoritario tan prolongado tuvo efectos profundos en las estructuras políticas, en la sociedad civil, en los valores individuales y en los comportamientos de los diferentes grupos sociales. En 1945, Europa occidental dejó atrás treinta años de guerras, revoluciones, fascismos y violencia. Pero España se perdió durante otras tres décadas ese tren de la ciudadanía, de los derechos civiles y sociales y del Estado de bienestar (…).

Han pasado cuatro décadas desde la muerte de Franco y esa dictadura forma parte de la historia, un tema de estudio consolidado en los proyectos de investigación universitarios, en congresos y publicaciones científicas y en los programas que se imparten en la mayoría de los centros escolares. Pero es también objeto de controversia política y de debate público. Con memorias divididas, esos trágicos sucesos del pasado han proyectado su larga sombra sobre el presente y, frente a ella, necesitamos miradas libres y rigurosas. 

sábado, 20 de diciembre de 2014

Operación Ogro. Película completa

Ver película completa
Título original
Operación Ogro
Año
1979
Duración
100 min.
Director
Gillo Pontecorvo
Guión
Ugo Pirro & Giorgio Arlorio
Música
Ennio Morricone
Fotografía
Marcello Gatti
Reparto
Gian Maria Volonté, José Sacristán, Ángela Molina, Eusebio Poncela, Féodor Atkine, Fernando Chinarro, Nicole Garcia, Saverio Marconi, Georges Staquet, Ana Torrent
Productora
Coproducción España-Italia-Francia; Action Film / Sabre Films / Vides Cinematografica
Género
Thriller |  Basado en hechos reales
Sinopsis
En una casa del País Vasco, un hombre y una mujer recuerdan el pasado. En su juventud, él y otros tres hombres formaban un comando cuya misión era secuestrar al almirante Carrero Blanco para intercambiarlo por presos políticos. Sin embargo, cuando estaban a punto de cumplir su objetivo, Carrero fue nombrado Presidente del Gobierno y, entonces, los planes cambiaron. Aunque el hombre se está muriendo, sigue siendo partidario de la lucha armada. Mientras tanto, sus antiguos correligionarios creen que ha llegado la hora de seguir los cauces democráticos. (FILMAFFINITY)
Premios
1979: Premios David di Donatello: Mejor director

lunes, 6 de octubre de 2014

Ni pena ni gloria para la revolución del 34

  • Hace 80 años que el proletariado español intentó tomar el poder, pero las conmemoraciones pasan de puntillas por la efeméride
  • La revuelta fue cruelmente atajada en Asturias, el lugar donde más se cuida su legado

Probemos. Se cumplen 80 años de la insurrección española... y no es que parezca importar mucho. Al menos, no fuera de Asturias, el lugar donde se inició, donde estuvo en pie durante 15 días y donde se reprimió con brutalidad. "No es que el tema esté muerto, pero el tiempo pasa", opina pragmático Adolfo Fernández Pérez, historiador y vicedirector de la Fundación José Barreiro.
 
"El recuerdo es muy potente pero se ha ido diluyendo porque no quedó nada", explica Fernández. "Si les preguntas a las nuevas generaciones sobre el 34, no saben nada, como sobre muchas otras cosas. Yo a mis alumnos de Bachillerato siempre les decía que Asturias es conocida fuera de España por su prerrománico, la industrialización y la Comuna Asturiana".
 
Las huelgas generales sacudían España durante los gobiernos socialista-republicanos de la Segunda República, creando un clima de tensión prerrevolucionaria. En la cuenca minera, en la Telefónica, en el comercio, en los bares, en los hornos, en Barcelona, en Granada, en Pasajes, en Toledo… en 1934 España es un polvorín. Y en 1931 Trotsky lo vigilaba de cerca y lo alentaba en sus escritos: "Ahora le ha llegado el turno a España".
 

El 'ochobre'
"Al atardecer del día 5 [de octubre de 1934] salieron por todos los caminos de la montaña emisarios de los comités revolucionarios anunciando para el día siguiente la huelga general y la sublevación armada". Así narraba un año después José Díaz Fernández en "Octubre rojo en Asturias" el estallido oficial de la revolución socialista de 1934, una insurrección obrera que prendió en la cuenca minera en Asturias como en ningún otro sitio.
 
Ese mismo día, el 5 de octubre, entraban ministros de ultraderecha del partido CEDA en el gobierno republicano del radical Lerroux, también de derechas pero moderado. Una excusa para socialistas, sindicalistas, comunistas e incluso anarquistas ante un vaso prácticamente colmado de profunda desilusión política de las masas, que empujaron a los socialistas a rendirse en el Parlamento y apoyar las huelgas y el proceso revolucionario de la clase obrera.
 
"Sin el levantamiento revolucionario del proletariado asturiano, muy probablemente se hubiera culminado con éxito la imposición de un Estado de corte fascista utilizando la maquinaria del parlamentarismo burgués", escribe en 2011 Juan Ignacio Ramos, presidente de la Fundación Federico Engels.
 
La revolución fue brutalmente aplastada dos semanas después por los mismos mandos militares que dos años después se rebelarían contra el Gobierno, provocando la Guerra Civil, cuyo resultado no es necesario recordar. Sobre lo que sí hay que volver es sobre lo que no se habla: 1934. Asturias lo sabe y los homenajes a lo que allí recuerdan como "el ochobre" toman forma de discretas mesas redondas y actos conmemorativos. Como recuerda Adolfo Fernández, quien participará en alguno de ellos, "1934 no está olvidado, pero sí muy reducido a la investigación histórica. Parece inevitable, pero no es lo deseable".
 
Apuntalan la memoria
Cada año por estas fechas, las organizaciones comunistas asturianas dejan flores como homenaje a la joven militante Aída de la Fuente en el Parque San Pedro de los Arcos de Oviedo. Es difícil que un asturiano no conozca la canción que la recuerda o no sepa que fue asesinada mientras repelía, casi en solitario con una ametralladora, el avance de las tropas de Franco sobre Oviedo. A este recuerdo habitual, inscrito ya al calendario de la ciudad, deberían sumarse otros más extraordinarios, y así es, pero no consiguen repercusión más allá del ámbito local.
 
La Fundación Andreu Nin es de las pocas que se ha lanzado a la conmemoración de los 80 años, con unas jornadas en Mieres y Langreo, escenarios de las revoluciones. Durante los días 10, 11 y 12 de octubre se hablará sobre cómo se consiguió unidad mediante el Bloque Obrero Campesino y la Alianza Obrera. También se rescatará la memoria personal mediante la presencia de los descendientes de Marcelino Magdalena, quien fue militante del Bloque Obrero Campesino en Mieres.
Uno de los libros de memorias escritos por participantes de la revolución, el esencial "La insurrección de Asturias" del minero, militante del BOC y vicepresidente de la Alianza Obrera Manuel Grossi, será reeditado con un nuevo prólogo escrito por Ernesto Burgos y presentado en Mieres por Germinal Grossi, hijo del conocido como Manolé. Otra reedición para la ocasión es la del libro de poemas sobre el '34 escrito por Alfonso Camín, El valle negro y que tuvo que ser publicado desde México en 1938. Manolé y el resto de hombres y mujeres que lucharon por la revolución recibirán un acto de homenaje floral en Mieres el 12 de octubre.

domingo, 5 de octubre de 2014

1977 – Octubre: los Pactos de la Moncloa

 
CNT - Federación Local de Valencia
El franquismo tuvo el acierto, el poder y los medios para comprar, absorber, aglutinar y corresponsabilizar de la nueva situación «democrática» a toda una clase política ansiosa por recibir prebendas, cargos y negocios. Sin olvidar una no menos inteligente política de institucionalización de antiguas y nuevas organizaciones sindicales cuyos dirigentes se aplicaron con ansias renovadas a la burocratización con cargos remunerados, al apaciguamiento de unos trabajadores que esperaban más y más y al engaño y a la estafa bajo diferentes ideales. En definitiva, estaban dando por bueno el postfranquismo y pactaban con él.
 
En medio de una fuerte conflictividad social tuvo lugar el 25 de octubre de 1977 la firma de los Pactos de la Moncloa. Estos acuerdos fueron firmados en el Palacio de la Moncloa entre el Gobierno de España, presidido por Adolfo Suárez y los principales partidos políticos con representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados. Estos pactos supusieron la imposición definitiva -por parte las elites políticas y económicas- de la reforma política sobre la ruptura con el franquismo.
 
Los pactos fueron aprobados por el Parlamento el día 27 del mismo mes y podían dividirse en dos paquetes: el político (Programa de Actuación Jurídica y Política) y el económico (Programa de Saneamiento y Reforma de la Economía). El económico a su vez podía dividirse en las medidas urgentes (contra la inflación y el desequilibrio exterior) y las reformas necesarias a medio plazo para repartir los costes de la crisis (ya que no sería bonito que pagasen sólo los que habían estado robando durante 40 años).
 
CNT Pactos de Moncloa.
Los firmantes de los Pactos de la Moncloa que condenaron a la clase trabajadora.
De izquierda a derecha: Enrique Tierno Galván (PSP), Santiago Carrillo (PCE), Josep
María Triginer (PSC), Joan Reventós (CSC), Felipe González (PSOE), Juan Ajuriaguerra (PNV),
Adolfo Suárez (UCD), Manuel Fraga (AP), Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD) y Miquel Roca (CiU).
Con anterioridad, Adolfo Suárez había sostenido conversaciones con Felipe González (PSOE) y Santiago Carrillo (PCE), después de constituirse las Cortes Generales tras las elecciones del 15 de junio de 1977, con el fin de sondear la posibilidad de un acuerdo de estabilidad.
 
La demagogia y la política del miedo también jugaron un papel importante. Según Santiago Carrillo, con el acuerdo se iba a sacar al país de la crisis en el plazo de un año y medio; mientras que otros personajes del momento aludían al riesgo de un posible golpe de estado si no se alcanzaban unos acuerdos de mínimos.
 
De cualquier manera, mientras los partidos socialista y comunista pudieron implantarse en el nuevo escenario político, el movimiento sindical fue dejado al margen de la reforma, como meras correas de transmisión. Materias cruciales que afectaban a la capacidad de los nuevos sindicatos para reclutar afiliados y negociar fueron subordinadas al establecimiento de la estructura política de la nueva democracia parlamentaria.
 
El Ministro de Economía y Hacienda, Enrique Fuentes Quintana, trató de llegar a un acuerdo con los sindicatos para que aceptasen la moderación salarial y el equilibrio presupuestario y así poner freno el alto nivel de conflictividad social. Incialmente, la UGT y la CNT rechazaron el acuerdo, así como también algunas secciones sindicales de Comisiones Obreras.
 
Consecuencias de los Pactos de la Moncloa
Los Pactos de la Moncloa crearían las condiciones sociales para la Constitución de 1978, que consagraría la inviolabilidad de la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado. Si la futura Constitución tenía una gran importancia en lo que se refería a establecer las reglas básicas del juego político, el pacto social tendría una importancia también trascendental, ya que sería lo que permitiría reconstruir la paz social y la disciplina en el mundo del trabajo español. Algo sin duda imprescindible en un país en donde la clase obrera había adquirido una gran capacidad de autoorganización capaz de sobrepasar a comités y burocracias sindicales, que era consciente de su fuerza real y que había adquirido una considerable experiencia de lucha en las condiciones extremadamente duras de los últimos años del franquismo. El pacto social era la herramienta necesaria para restablecer una situación de sometimiento, imprescindible para afrontar una crisis económica que se pensaba resolver con un ajuste duro que, por supuesto, debían pagar los trabajadores.
 
Hay que destacar que una parte fundamental de estos acuerdos sería como controlar al movimiento obrero y a los sindicatos al margen de CCOO y UGT, es decir a la CNT. Fue aquí por lo tanto donde se creó y preparó la colaboración de clases (concertación social), para lo que se tomó como ejemplo la socialdemocracia alemana. Finalmente se llegaría a un acuerdo sobre la negociación colectiva y la representación sindical con CCOO y la UGT.
 
Con los Pactos nacían los comités de empresa (sindicalismo de nuevo tipo) nefastos para la lucha no sólo en lo económico, sino también en lo organizativo y unitario como clase, ya que parcializaban las luchas empresa por empresa, cuando las luchas y las reivindicaciones eran globales. En realidad, los comités de empresa eran (y son) de naturaleza antisindical, puesto que la actividad sindical sólo consistía en depositar un voto en una urna cada cuatro años, y los trabajadores -supuestamente representados en su conjunto por el comité- no sentían la necesidad de organizarse para luchar por sus intereses.
 
En el terreno político, entre otras cosas, se acordó modificar las restricciones de la libertad de prensa y la legislación sobre secretos oficiales para permitir a la oposición parlamentaria el acceso a la información; se aprobaron los derechos de reunión, de asociación política y la libertad de expresión mediante la propaganda, tipificando los delitos correspondientes por la violación de estos derechos; se creó el delito de tortura; se reconoció la asistencia letrada a los detenidos y se despenalizó el adulterio y el amancebamiento.
 
En materia económica destacaba la flexibilización del régimen laboral, a través de mecanismos de contratación temporal (sobre todo de jóvenes) y mayores facilidades para el despido de personal, reconociéndose el despido libre para un máximo del 5% de las plantillas de las empresas; el derecho de asociación sindical; fijación en el 22% del límite de incremento de salarios (inflación prevista para 1978); reforma de la administración tributaria ante el déficit público y medidas de control financiero a través del Gobierno y el Banco de España ante el riesgo de quiebras bancarias y la fuga de capitales al exterior.
 
Se acordó mantener el aumento de los salarios por debajo del nivel de inflación, lo que supuso un recorte del 7% del nivel de vida de los asalariados. A cambio, se prometieron algunas reformas sociales y económicas las cuales tardarían en llegar y otras nunca llegarían. Este fue el caso, por ejemplo, de la promesa de restituir a los sindicatos el “patrimonio sindical” -el enorme patrimonio acumulado por el sindicato vertical durante casi cuarenta años a través de la confiscación de las propiedades de UGT y CNT y las cuotas obligatorias de empresarios y trabajadores- proceso que se demoraría durante largos años.
 
Con los Pactos de Moncloa se abría una nueva línea de acción sindicial, basada en el acuerdo, pero también en el secretismo de las negociaciones, que hurtaba a las masas el protagonismo condenaba a la marginación a quienes no se sumbaban a estos acuerdos.
 
La CNT se opuso a estos acuerdos desde un primer momento, consciente de que representaban un coste muy elevado para la clase obrera, no sólo por la pérdida de derechos económicos y sociales para los trabajadores, sino también porque pretendían dar por cerrado el proceso de reforma política, poniendo punto final a las aspiraciones rupturistas y revolucionarias. La crítica anarcosindicalista a los Pactos representaba una amenaza tanto para las medidas de reajuste económico, que hacían recaer el peso de la crisis sobre una clase trabajadora combativa como la española, como para el modelo sindical impuesto.
 
Oposición frontal de la CNT
Durante él ultimo tercio de 1977 la CNT fue construyendo una convergencia de las fuerzas sindicales y sociales que estuvieran contra el Pacto de la Moncloa y que en algunos momentos hizo dudar hasta las dinámicas sindicales de los aparatos y las cúpulas de CC.OO. y UGT.
 
En este contexto, el Comité Regional de Cataluña de la CNT tomó la iniciativa de proponer a los Comités de Cataluña de UGT y CC.OO., la formación de una mesa de análisis y discusión crítica conjunta del Pacto de la Moncloa. De estas jornadas que las delegaciones de los tres sindicatos catalanes desarrollaron durante el mes de septiembre y octubre de 1977, surgió el acuerdo de convocar a una manifestación en contra de los Pactos de la Moncloa, que tuvo lugar en Barcelona en octubre, y en la cual participaron 400.000 trabajadores. Fue este el primer y último acto unitario del movimiento obrero durante toda la transición.
 
De lo que se trataba con la manifestación era de desbaratar el pacto entre el estado y el conjunto de la burguesía que pretendía poner en cintura al conjunto del movimiento obrero español y disciplinarle al plan de estabilidad. Es decir, que se resignara a perder todo lo conquistado en la lucha contra el franquismo para recomponer las condiciones de la explotación de trabajo ajeno. La burguesía sabía que sin este consentimiento del movimiento obrero, la transición al chollo de la democracia era imposible.
 
Y la gravedad del asunto no estribaba tanto en el propio radicalismo de la CNT, sino en que ésta había conseguido que su razón política gravitara sobre las secciones catalanas de UGT y CC.OO, haciendo posible que esa cualidad reivindicativa suya se trocara en cantidad superando las limitaciones ideológicas y organizativas del movimiento obrero en Cataluña. Por lo que ante la manifestación de 400.000 personas recorriendo las calles de Barcelona en octubre de 1977, saltó la alarma entre la patronal de que lo ocurrido en Cataluña se extendiera por el resto del país como una mancha de aceite. Fue cuando la partidocracia burguesa de derecha e izquierda se puso a temblar, decidiendo cortar esta movida a sangre y fuego, utilizando todos los medios, incluidos los ilegales, para evitar que el movimiento obrero a escala nacional se alzara unido contra el proyecto de la burguesía y del gobierno.
 
Las protestas en contra de los Pactos de la Moncloa tuvieron una gran extensión, reflejando la oposición de los trabajadores a pesar del papel que jugaban las direcciones sindicales de UGT y CCOO fuera de Cataluña. A lo largo de todo el mes de noviembre se celebraron grandes manifestaciones en las principales ciudades del país.

Pancarta: No al Pacto de la Moncloa. Sindicato del Metal.
Manifestación en Valencia contra los Pactos de la Moncloa.
 
Así fue cómo lo primero que acordaron hacer los demócratas cerrando filas en torno al gobierno postfranquista, fue aislar a la CNT para conseguir que las disidentes cúpulas catalanas de UGT y CC.OO. volvieran al redil de la transición pactada. Los dirigentes de CCOO no tardaron mucho en seguir vergonzosamente la postura de Carrillo, haciendo todo lo posible por desmovilizar y desilusionar a los trabajadores. La dirección de UGT, que inicalmente había rechazado la idea de un pacto social, tanto antes como después de las elecciones de junio de 1977, comenzó a retroceder, manteniendo una postura más ambivalente y afirmando que el PSOE había obtenido mejoras en las condiciones de los acuerdos.
 
La CNT se estaba quedando sola en la batalla y pasó a ser el único gran sindicato que nucleaba un frente contra el pacto social en el que se agrupaba buena parte de la izquierda radical, otros sindicatos de corte asambleario y algunos movimientos sociales. Pero lo que convertía a la CNT en un peligro potencial no era su fuerza en aquel momento, sino su posible capacidad para encauzar el descontento social que inevitablemente iba a producirse.
 
En estos años creció desorbitadamente el desempleo y se produjo un fuerte incremento de la carestía de la vida. La calidad de la vida de los trabajadores y de las clases populares sufrió un importante deterioro, que no tenía la debida respuesta porque las fuerzas mayoritarias de la izquierda ya habían aceptado el pacto político y social y no deseaban poner en peligro lo logrado. En estos momentos se percibía con claridad la posibilidad de un golpe de estado militar que devolviera al pais a la situación anterior. Ante esa disyuntiva la izquierda mayoritaria prefirió pactar para conservar lo conquistado y el precio fue hipotecar la fuerza de los trabajadores y renunciar a la posibilidad de crear un sindicalismo fuerte y autónomo.
 
En diciembre de 1977 el gobierno de Suárez decretó la nueva ley de elecciones sindicales para determinar la representatividad de los sindicatos. La no delegación de las responsabilidades a través del voto llevaba a la CNT, lógicamente, a no aceptar las elecciones sindicales, que además constituían (y constituyen) la puerta de entrada a toda la corrupción sindical: subvenciones, liberados, cargos remunerados, ejecutivismo, etc.
 
CNT lideraba un gran movimiento social y cultural que no encajaba en el sistema que se estaba configurando. Al mismo tiempo, las organizaciones sindicales CC.OO. y UGT, en perfecta sintonía con los criterios del PCE y el PSOE, terminarían asumiendo los Pacos de la Moncloa incluso con entusiasmo y hasta lo proclamarían como una gran victoria de los trabajadores. Por todo esto, no se podían dejar cabos sueltos que pudiesen poner en peligro el programa económico pactado por los partidos políticos y poco después asumido por sus sindicatos correspondientes.
 
Y entonces llegó el 15 de enero de 1978, día en el que la anarcosindical había convocado una nueva manifestación en Barcelona contra los Pactos de la Moncloa y las elecciones sindicales y a la que acudirían unas diez mil personas.
 
Manifestaciones contra los Pactos de la Moncloa.

Poco después de finalizar la manifestación, la sala de fiestas barcelonesa “Scala” comenzó a arder a causa de un artefacto explosivo; cuatro empleados fallecieron, de los que tres eran afiliados a la CNT. No pasó mucho tiempo hasta que los servicios de polícia acusaron al movimiento libertario de estar detrás del incendio, lo que dio comienzo a una campaña de acoso, desprestigio e intoxicación contra la CNT, amplificada por los medios de comunicación.
 
El caso Scala marcaría un punto de inflexión para el anarcosindicalismo y con el comenzaría la crisis de la CNT y del anarquismo español en general. La pesadilla había comenzado.
 
Pero para el sindicalismo subvencionado la fiesta no había hecho más que conenzar con el primer reparto del pastel. Al día siguiente de la manifestación, entre el 16 de enero y el 6 de febrero de 1978, se celebrararon las primeras elecciones sindicales a comités de empresa -CNT mantendría su acuerdo de no participar- donde CCOO y UGT obtuvieron en conjunto más del 70% de los delegados. Aún así, se produjo una notable abstención, mucha de la cual provino del boicot que la CNT realizó. La abstención se calculó entre un 20% y una 60% en Cataluña según el ramo, entre un 20% y un 40% en Valencia y de un 20% a un 30% en el resto del país.
 
A través de la financiación estatal que recibían por la representación obtenida, los privilegios concedidos como “sindicatos más representativos” y la restricción creciente de los derechos democráticos internos de la afiliación, se fue fortaleciendo una burocracia dirigente, cada vez más independiente de la base afiliativa y de los trabajadores, y más dependiente del aparato estatal y de la patronal. Las huelgas, a diferencia del período anterior, se daban ahora sólo por motivos económicos y, a pesar de que las direcciones sindicales habían aceptado los topes salariales, muchas movilizaciones se enfrentaron a la pérdida de poder adquisitivo provocada por los Pactos de la Moncloa. Se produjeron varias huelgas generales en la construcción y en el metal. Sin embargo, el número de jornadas de huelga disminuyó sensiblemente en relación con los años anteriores.

jueves, 17 de julio de 2014

Curso impartido por Julia Casanova: Todo lo que debes saber sobre la guerra civil española


 
16/7/2014
Todo lo que debes saber sobre la guerra civil española
El historiador Julián Casanova nos cuenta en 7 lecciones todo lo que necesitamos saber sobre la guerra civil española.

Más información: http//www.ed-critica.es

sábado, 12 de octubre de 2013

“Ejecuciones, mutilaciones, violaciones”, así fue la Conquista de América


El conquistador Hernando de Soto torturando a los jefes nativos de Florida
Entrevista con Antonio Espino autor de "La conquista de América"

El confidencial.com - Javier Zurro 12/10/13
Masacres, asesinatos, amputaciones de manos y pies, heridas curadas con aceite hirviendo, violaciones… semejantes crímenes parecen sacados de una mente perturbada. Sin embargo esto era el día a día en las batallas que tuvieron lugar durante la conquista de América. Un periodo de nuestra historia que tiende a mitificarse obviando sus pasajes más oscuros. El catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Historia Militar, Antonio Espino López, según cuenta a El Confidencial, propone una mirada sin prejuicios de la colonización hispana en su libro La conquista de América: Una revisión crítica (RBA Ediciones). En su obra, Espino se sirve de los testimonios dejados en las numerosas crónicas de Indias  para describir con precisión las armas, tácticas, batallas y sangrientas prácticas que 'héroes' como Hernán Cortés llevaron a cabo.

¿Cuándo surge su interés por revisitar la conquista de América?
Desde siempre me he preocupado especialmente por cuestiones relacionadas con la historia de la guerra. Poco a poco fue surgiendo el interés por explicar mejor a mis alumnos las estrategias y tácticas militares empleadas en la conquista de América y ello me llevó a releer un número importante de Crónicas de Indias. Allí descubrí numerosos testimonios de las técnicas utilizadas para someter a las poblaciones aborígenes, todas ellas basadas en el terror, la crueldad y la violencia extrema. Una realidad muchas veces obviada por otros historiadores.

¿Por qué se tiene mitificada la conquista de América por parte de, sobre todo, la ficción?
Por un puro y simple desconocimiento histórico. Aquellos que se dedican a ello pueden conocer algunos datos, pueden tener algunas nociones, pero carecen habitualmente de una perspectiva historiográfica del asunto. Y, en buena medida, los culpables somos los historiadores, claro.

Por una cuestión de patriotismo mal entendido siempre se ha negado cualquier exceso cometido en América ¿En qué son culpables los historiadores?
Una amplia mayoría, hasta hace muy pocos años, apenas se había atrevido a mostrarse crítica con el imperialismo hispano en las Indias, en América. Hay que tener en cuenta que, durante mucho tiempo, se había considerado que mostrarse crítico con las hazañas hispanas era sinónimo de ser un mal español, me atrevería a decir; de hacerle el juego a todos aquellos que habían fomentado la famosa “leyenda negra”. Me da la sensación que, por una cuestión de patriotismo mal entendido, siempre se ha negado cualquier exceso cometido en América o se ha querido justificar como una típica “acción de guerra” que, además, en el caso que nos ocupa duró muy poco tiempo.

¿Cree que existe miedo a reconocer la crueldad que usted describe en su libro?
En realidad todo el mundo es más o menos consciente de que tenemos una factura pendiente con los descendientes de las poblaciones aborígenes. Pero no sólo los españoles, sino todas las potencias europeas imperialistas en las épocas moderna y contemporánea. No hay que tener miedo a la hora de reconocer que cualquier imperialismo es expansionista y agresivo por definición, y prácticamente todos ellos usaron de la crueldad. Lo mejor es tenerlo claro, estudiarlo y aceptarlo para encarar cualquier crítica que se pueda hacer. No somos ninguna excepción. No somos ni mejores ni peores que los demás. Hay que entender este tipo de realidades, conocerlas y procurar erradicarlas en nuestro presente y en el futuro.

Nuestros conquistadores muchas veces son mostrados como héroes
Una vez más, esa imagen es fruto del desconocimiento o la falta de reflexión. Es fruto de la idea tan generalizada de que los aborígenes ganaron mucho con la presencia hispana en sus tierras. Por lo tanto, si a la larga resultaron beneficiados, las “molestias” causadas eran asumibles y, en el fondo, poco importantes. Por otro lado, los conquistadores siempre se presentaron a sí mismos como héroes, sus ejemplos eran los antiguos hacedores de imperios: Alejandro Magno, Julio César… Los intelectuales de la época jugaron un papel importante transformando sobre todo a Hernán Cortés, y en menor medida a Francisco Pizarro, en nuevos héroes a la altura de los mencionados. Esa imagen fascinó y convenció a lo largo de los años, sobre todo en un país en el que no hubo grandes “héroes” a partir del siglo XVII.

¿Existe algún conquistador que destacara por su compasión?
Yo diría que nos encontramos en general con personas que utilizan la crueldad sólo cuando era necesario, el problema es que lo fue muy a menudo teniendo en cuenta las características de la conquista hispana de las Indias: contingentes hispanos muy reducidos, necesidad de imponerse sobre grandes poblaciones aborígenes, necesidad de demostrar firmeza ante los amerindios aliados…

¿Considera que fueron excesivas las medidas que se tomaron?
Las medidas que se tomaron fueron muy duras. La conquista de América fue un proceso terrible, muy alejado de la imagen idílica que habitualmente se tiene. No fue en absoluto un conflicto de baja intensidad. Fue una guerra muy dura bajo el paraguas jurídico-religioso del derecho hispano a su presencia en aquellas tierras con el único interés por la civilización y la evangelización de sus habitantes, cuando más bien lo que se escondía era un deseo brutal por obtener riquezas. Como se ha afirmado, la codicia fue el verdadero motor de la conquista. Leyendo numerosos testimonios de la época es evidente que fue así.

Todo el mundo es más o menos consciente de que tenemos una factura pendiente con los descendientes de las poblaciones aborígenes¿Cree que la conquista del territorio podía haberse llevado a cabo de una manera menos sangrienta?
Sinceramente, creo que no. Creo haber demostrado en mi libro que existió toda una tradición bélica a la hora de enfrentarse a un enemigo diferente, distinto, al europeo. En sus razzias en el norte de África, en la guerra de Granada, en la conquista de Canarias y en los primeros años de presencia hispana en las Antillas (y Panamá), los españoles fueron perfeccionando unas formas de enfrentarse a dichas poblaciones que culminarían en las conquistas de México y Perú. Se trataba de usar el terror para imponerse de manera contundente a un enemigo difícil que podía, en un momento dado, complicar mucho las cosas.

¿Culturalmente cree que la colonización fue positiva?
Claramente, de la atomización cultural aborigen imperante antes de 1492 se pasó a una cierta uniformidad cultural, pero una y otra vez se nos quiere dar a entender que sólo por la adquisición de un idioma europeo el beneficio obtenido puede justificar cualquier exceso cometido, y hay quien duda de que se cometieran excesos. En el caso de América, el etnocidio cultural cometido durante y después de la etapa colonial hispana es evidente.

Respecto a ese tema Carmen Iglesias, miembro de la RAE, declaraba hace poco que A veces, la leyenda negra predomina, pero les dejamos una herramienta de unidad como es el español”. ¿Qué opina de ese punto de vista?
Es la típica reacción de aquel que, conociendo los muchos excesos cometidos, tiene que buscar una justificación adecuada. Y el idioma, por lo que vemos, es esa justificación. Sería algo así como la herencia amable recibida.

¿Cuántas tribus indígenas pudieron perderse o esclavizarse?
No soy especialista en etnología y, por lo tanto, no puedo ofrecer respuestas concretas. Lo que está claro es que numerosos grupos humanos sufrieron mucho con las guerras de conquista: hubo no sólo matanzas, sino también desplazamientos humanos importantes y ello tuvo consecuencias. Dicha circunstancias alteraban los equilibrios de poder en diversas regiones y todo ello tenía sus repercusiones en forma de nuevos conflictos. También es conocida la táctica hispana de usar los conflictos interétnicos en su provecho: se obtenían indios aliados y se les incitaba a la lucha contra sus enemigos aborígenes. Es de sobra conocido como poblaciones enteras en las islas Bahamas, La Española (Haití y República Dominicana actuales), en la costa de la actual Venezuela, en Panamá, en Ecuador y Colombia actuales, etc., resultaron muy mermadas.

Por otro lado, si bien la Monarquía procuró evitar en la medida de sus posibilidades la esclavitud del indio, lo cierto es que casi todas las poblaciones aborígenes sufrieron un trato equivalente al de la esclavitud

En el libro se citan muchas fuentes, basadas en testimonios, pero muchas de ellas se contra dicen en las cifras, ¿qué es más normal en los documentos históricos la exageración o el esconder los hechos reales?
Siempre hay exageraciones a la hora de presentar, por ejemplo, los efectivos del enemigo, porque de esa manera justificamos y magnificamos no sólo la victoria conseguida, sino también las medidas terribles que se hubiesen podido tomar. Por otro lado, he detectado algunos casos en los que hubo una clara voluntad más que por esconder, por reducir a la baja las consecuencias de determinadas conductas basadas en la crueldad, en el terror. El problema es que numerosos historiadores de las últimas décadas, tanto españoles como extranjeros, han exhibido una cierta voluntad por “maquillar” mediante el lenguaje utilizado algunos pasajes de la conquista bastante conflictivos. No me atrevería a hablar de autocensura, pero estaríamos en el límite de la misma. Por otro lado, creo haber detectado entre algunos hispanistas un verdadero esfuerzo por justificar la conquista hispana de América de la mejor forma posible, dado que eran muy conscientes de los excesos cometidos por la denominada “leyenda negra”, un conjunto de opiniones que, en general, se caracterizan por ser muy burdas intelectualmente hablando.

domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Quién fue el responsable del "millón de muertos" de Hernando?

Franco y Mola
Ante las declaraciones del portavoz adjunto del PP en el Congreso sobre la II República, 'Público' ha contactado con cuatro historiadores de conocido prestigio para explicar por qué hubo una Guerra Civil y quién fue el culpable de las más de 500.000 víctimas mortales que causó el conflicto bélico.

Público - Alejandro Torrús 01/09/2013 
Rafael Hernando, portavoz adjunto del PP en el Congreso, acudió al programa de televisión La mañanas de Cuatro con una estrategia clara: comparar la apología del fascismo y de la dictadura de Franco con el apoyo a la Segunda República. Ante la insistencia del presentador para que contestara a la pregunta de si aboga por expulsar a los jóvenes de Nuevas Generaciones (NNGG) que muestren símbolos franquistas, Hernando perdió los papeles y acabó diciendo que "las consecuencias de la Segunda República llevaron a un millón de muertos".

El argumento no es nuevo. A la hora de justificar la Guerra Civil, que acabó en genocidio, diversos políticos conservadores, como Esperanza Aguirre o Manuel Fraga, así como historiadores neofranquistas, han utilizado como argumento el fracaso de la II República. "La II República fue un auténtico desastre para España y los españoles", escribió Aguirre en un artículo publicado en ABC. Fraga fue aún más lejos y en una entrevista concedida a El País en el año 2007 señaló: "Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!", dijo.
Para aclarar esta cuestión y con la intención de evitar que a base de repeticiones se pueda terminar convirtiendo en verdad, Público ha contactado con cuatro historiadores de reconocido prestigio en el campo de la historiografía de la Guerra Civil repitiendo una única pregunta: ¿Quién fue el responsable del millón de muertos de la Guerra Civil? Estas son sus contestaciones.

Julián Casanova
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza
La Guerra Civil es resultado de un golpe de Estado y de una sublevación militar. Sin ese golpe de Estado habrían pasado muchas cosas pero nunca se hubiera abierto una Guerra Civil. No se puede decir nunca que la República provoca un millón de muertos. Primero porque la Guerra Civil cuenta 600.000 muertos más 50.000 asesinados después de la guerra por el régimen. De esos 600.000 muertos, 130.000 son asesinados en las zonas controladas por los rebeldes y unos 55.000, en la zona republicana. El resto muere en el frente de batalla.
"La República, que llega por un proceso de elecciones libres, no tiene ningún plan de exterminio"
Además, la República, que llega por un proceso de elecciones libres, no tiene ningún plan de exterminio. A la República, como dice Azaña, le obligan a hacer una guerra. Es obvio que por abajo hubo un sector de gente que aprovechó la situación para tratar de eliminar al que consideraba su enemigo, pero la República paró esa dinámica en diciembre de 1936 y eso se puede ver perfectamente en el registro de defunciones. En bando franquista, sin embargo, las voces dirigentes, incluidas la Iglesia católica, defienden hasta el final el exterminio del contrario. Las fuentes históricas son muy claras respecto a este tema, pero este país nunca ha tenido educación histórica en las aulas y la educación política es como es.

Mirta Nuñez
Directora de la cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense de Madrid
El señor Hernando ha bebido de leyendas franquistas. Por varios motivos. Como ya está más que demostrado, nunca hubo un millón de muertos aunque evidentemente la guerra fue sangrienta, terrible y triste. Lo que debería saber el señor Hernando es que lo que causó la guerra fue un golpe de Estado encabezado por militares insurrectos que tenían en su cabeza al general Mola y al general Franco. Por tanto, al millón de muertos, como él dice, se les puede poner cara. Cabe decir también que la República fue el primer régimen democrático de España.
"El odio de los insurrectos hacia la democracia se puede probar"
Fue el primero en salir de unas urnas limpias y el primero en llevar una reforma progresista del Estado en forma de revolución burguesa, tantas veces frustrada en España. Además, fue una reforma que se intentó hacer desde la ley y el Parlamento por lo que fue un proceso mucho más lento de lo que hubieran querido muchos sectores sociales. Las investigaciones han mostrado también como los llamados rebeldes, de modo frecuente, elaboraban en pueblos y ciudades listas de miembros de partidos políticos o sindicatos dando lugar a una brutal represión, a veces legal y otras veces irregular. No hay que olvidar que los enemigos de los insurrectos no eran sólo los partidarios del marxismo sino también los demócratas. El odio de los insurrectos hacia la democracia se puede probar.

José Luis Ledesma
Historiador e investigador. Coautor de Violencia roja y azul
Las declaraciones de Hernando lo retratan mejor que una descripción. El problema es que no se le debería prestar ninguna atención si no fuera por el cargo que ostenta. Desde un punto de vista histórico, político y moral, sus declaraciones son aberrantes. Sus declaraciones, además de falsas y contrarias a un 99% de los historiadores, son aberrantes moralmente. Si tenemos que discutir sobre quién causó "el millón de muertos" no son los republicanos sino los que provocaron la Guerra Civil, es decir, una parte del Ejército español que se sublevó contra la legalidad, contra un Gobierno legítimamente constituido y el fracaso de ese golpe de Estado provocó la guerra.
"Los argumentos rancios del PP proceden de la propaganda del régimen"
La única participación de la República en aquella guerra fue defenderse. Sus afirmaciones muestran como una parte del Partido Popular utiliza aún hoy argumentos rancios que proceden de la propia propaganda del régimen franquista. Sus declaraciones son tan aberrantes como decirle a Alemania que la República de Weimar provocó el holocausto judío. Lo más grave es que su afirmación busca absolver de cualquier tipo de responsabilidad al otro bando y justificar la Guerra Civil.

Francisco Sánchez Pérez
Profesor Historia Universidad Carlos III. Coordinador de  Los mitos del 18 de julio
Las declaraciones de Hernando responden a un patrón habitual de mezclar la Guerra Civil y la República. Esta es una manera frecuente de deslegitimar la democracia que hubo en este país antes de Franco, es decir, la República. La Guerra Civil es producto de un golpe de Estado militar que contó con el apoyo de civiles de extrema derecha. De todo esto, la República no tiene ninguna culpa. En otros países hubo tensiones similares y no se resolvieron con un golpe de Estado ni una Guerra Civil. En España tenemos el problema de quién ganó la Guerra Civil.
"En Europa no puedes hacer símbolos nazis, aquí dirigentes de NNGG se hacen fotos con símbolos fascistas" 
Mientras en Europa las democracias liberales y el comunismo ganaron al fascismo, en España, la Guerra Civil la ganó el fascismo doméstico. En Europa no puedes hacer símbolos nazis, aquí hasta dirigentes de NNGG se hacen fotos con símbolos fascistas. Este es un problema histórico que tenemos en este país. La derecha española tiene el problema de que reivindica la derecha antiliberal que existió durante la República, la derecha de Gil Robles o Calvo Sotelo. No citan a Alejandro Lerroux o Alcalá Zamora. Beben de la derecha más extrema. La República tuvo sus problemas, pero los muertos tienen que ver con los que estaban en contra de la República y no aceptaron el juego democrático. Su argumento es completamente insostenible. El problema de todo esto es que la frase la ha dicho el portavoz adjunto del Congreso del PP. Estaría bien saber qué libro de referencia sobre la República y la Guerra Civil tiene Hernando. Sería interesante ver qué ha leído sobre el tema. Esta es una incógnita que ocupa muchas conversaciones entre los profesores.

domingo, 18 de agosto de 2013

Julian Casanova sobre la historia

Julian Casanovas 18/8/13
La historia es una fuente de búsqueda e investigación. ¿Todo vale? ¿Cualquiera puede hacerlo?

Mucha gente cree que la historia consiste en compilar listas de nombre, fechas, lugares y acontecimientos. Pero es mucho más que eso. La historia es una disciplina compleja y los historiadores un grupo muy diverso. Pero siempre localizamos, organizamos y evaluamos una amplia variedad de fuentes para hacer preguntas y responder sobre las ideas y hechos que configuraron las vidas y creencias de los hombres y mujeres del pasado. Tener perspectiva histórica ayuda además a ser críticos con nuestras propias culturas y sociedades.
Con leer y pensar, sin embargo, no basta. Al final, hay que comunicar con precisión y elegancia. En caso contrario, somos personas ajenas a la sociedad. Por eso esta profesión es tan difícil y apasionante a la vez. E incómoda.

viernes, 16 de agosto de 2013

Niños mártíres de Acosta Ñu

     Niños martíres paraguayos de Acosta Ñu .  16 de agosto de 1869
Alexandra Cachafeiro Camiña 16/8/13
Me da verguenza decir como argentina, y con 51 años, que no sabía que en Paraguay no se festeja el Día del Niño, sino que se conmemora (juro que jamás lo vimos en historia ni argentina ni latinoamericana) niños mártíres de Acosta Ñu de la llamada Guerra de la Triple Alianza. El 16 de agosto de 1869, se produce la heroíca batalla de Acosta Ñu, donde a falta de soldados, los niños fueron disfrazados con barbas postizas para que el enemigo los tome por adultos y les presente combate; "Seis horas resistieron las cargas de la pesada caballería brasilera, que vengando el engaño acabaría incendiando el campo de batalla con sus oponentes infantiles". Según cuenta el historiador argentino José María Rosa en su libro "La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas".

Dijo Juan José Chiavenatto en su libro: "Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando para que no los matasen. Pero eran degollados en el acto". "Después de la insólita batalla de Acosta Ñu, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer a los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres." Su orden era matar "hasta el feto del vientre de la mujer".

El Hospital de Piribebuy fue incendiado luego de que se cerraran todas las puertas y ventanas con 600 heridos, médicos y enfermeras dentro. El Archivo Nacional de la República fue sacado a la calle y con los documentos históricos se hicieron fogatas. La sangre corría por las calles como agua de lluvia, cuando se degolló a 900 prisioneros.

La Batalla de Acosta Ñu fue algo que en las batallas bélicas del mundo no tiene comparación, no existen antecendentes de otros ejércitos integrados completamente por niños. 

En la batalla de Acosta Ñu, aproximadamente 3.000 niños paraguayos enfrentaron a 20.000 soldados del ejército brasilero, lo que se conmemora como un acto de heroísmo sin igual. Por la masacre producida, hasta la actualidad en Paraguay se recuerda la "batalla" de Acosta Ñu como un episodio de gloria. Y para conmemorarlo, todos los 16 de agosto se festeja el Día del Niño.

lunes, 24 de junio de 2013

En apoyo al periodista imputado por una Querella de Falange

Convocatoria: Concentración Simbólica

El próximo 25 de junio, está llamado a declarar como imputado el periodista Gerardo Rivas, denunciado por Falange por la publicación de un artículo, el 22 de marzo de 2012, en el que decía que Falange cometió crímenes contra la humanidad. Ahora se enfrenta a una querella por "menoscabar públicamente la fama y el honor de dicha organización".    
                        
La imputación de Gerardo Rivas ha provocado una campaña de denunciada liderada por colectivos memorialistas e historiadores/as, por considerar que la implicación de Falange en los crímenes del franquismo es una “verdad científica cimentada en decenas de investigaciones que no admite discusión”.

Más de 450 nombres de reconocido prestigio, la mayoría historiadores/as han suscrito el Manifiesto por la verdad histórica y la libertad de expresión. Entre los firmantes están los historiadores Ángel Viñas, Paul Preston, Josep Fontana, Ian Gibson o Francisco Espinosa. Lo suscriben también: Enric Sopena, director de El Plura.com, donde Gerardo Rivas publicó el artículo denunciado y la escritora Rosa Regás; el sociólogo Vicenç Navarro. (La lista entera puede consultarse en este enlace: Manifiesto por la verdad histórica y la libertad de expresión

Convocamos a los medios de comunicación a la concentración que se celebrará el próximo martes 25 de junio en Madrid en los Juzgados (de Instrucción) de la Plaza de Castilla (Madrid).

Concentración en Madrid

Acto: Concentración en apoyo al periodista Gerardo Rivas denunciado por Falange
Lugar: Juzgados de Instrucción de la Plaza Castilla. 
Fecha: Martes, 25 de junio de 2013
Hora: 10:00

Estarán disponibles para hacer declaraciones:
Edurne Rubio, en representación de los colectivos memorialistas.
Eduardo Caliz, abogado de Gerardo Rivas, al finalizar las declaraciones.
Mirta Núñez, directora de la Cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense de Madrid.

sábado, 23 de marzo de 2013

Diez falsos mitos del franquismo y de la derecha

La obra 'Los mitos del 18 de julio' repasa las leyendas sobre la República y la Guerra Civil construidas ya en la misma contienda por los golpistas y rejuvenecidas en democracia por sus herederos naturales que culminaron en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia. 

Memoria Pública - Alejandro Torrús - Madrid 23/03/2013
Llegó la hora de la respuesta, de “dejar las cosas claras respecto al origen inmediato de la guerra civil” y contrarrestar el revisionismo de derechas que descalifca la República para legitimar la rebelión de militar de 1936. Todo comenzó en la primavera de 2011 cuando la Real Academia de Historia (RAH) sorprendió con la publicación de los primeros volúmenes del Diccionario Biográfico Español. Los mitos y leyendas construidos durante los años posteriores a la Guerra Civil por los golpistas y rejuvenecidos por parte de la derecha española durante la democracia se disfrazaron de verdad absoluta bajo el manto de la RAH a cargo de los Presupuestos Generales del Estado (6,4 millones de euros). Más que un diccionario, la obra pareció una burla de proporciones históricas.

En tal diccionario nunca se definió a Franco como un dictador y sí como un “valeroso militar” y el franquismo fue calificado de “autoritario, pero no totalitario". El golpe de Estado del 18 de julio fue denominado “alzamiento” y la Guerra Civil fue sustituida a menudo por otros términos como “cruzada” o "guerra de liberación". Pero el revisionismo fue aun más lejos. A la salvaje represión ocurrida en Badajoz tras ser conquistada por los franquistas se la denominó "normalizar la vida ciudadana". En definitiva, todo un panfleto digno de ser firmado por el mismísimo Fraga durante sus años como ministro de Información 

La historiografía española, agraviada ante el despropósito financiado por el erario público, se puso desde el primer momento manos a la obra para desmontar las afirmaciones y falacias que el diccionario vierte. En abril vio la luz En el combate por la historia (Editorial Pasado y presente) y esta semana ha llegado a las librerías Los mitos del 18 de julio (Crítica), “uno de los mayores y más completos esfuerzos de demolición de ciertas interpretaciones sobre el golpe, y la guerra civil que sobrevino a continuación”, según escribe en el prólogo Francisco Sánchez Pérez, coordinador de la obra, en la que también participan los historiadores Fernando Puell de la Villa, Julio Aróstegui, Eduardo González Calleja, Hilari Raguer, Xosé M. Núñez Seixas, Fernando Hernández Sánchez y José Luis Ledesma. 

La obra trata de sintetizar y esclarecer las razones que propiciaron que el golpe de Estado se produjera exactamente el 18 de julio, el papel que desarrollaron en la sublevación el cuerpo civil y militar, la idea revolucionaria de las izquierdas y la contrarrevolucionaria de las derechas, el peso de la defensa del catolicismo y de la nación entre los sublevados, la presunta amenaza comunista y la realidad de la España de 1936. En definitiva, un libro que planta batalla al revisionismo de derechas que descalifica la República para legitimar la rebelión militar. 

A modo de decálogo pueden enumerarse una lista de diez falsos mitos creados por el franquismo y sus herederos ideológicos con el propósito de justificar el golpe de Estado militar.

1. La II República no fue un desastre. “La República no fue un fracaso que conducía inexorablemente a una guerra” sino que fue “destruida por un golpe militar” que, al contar con la connivencia de un país extranjero y no triunfar en buena parte del país y en la capital, se encaminó automáticamente a la guerra civil. La República fue una democracia de entreguerras de nueva creación y como otras muchos democracias europeas de Europa tuvo que lidiar por un lado con la derecha autoritaria, fascinada por la experiencia fascista, y con la izquierda obrera que consideraba, de manera habitual, que la democracia era incompatible con el capitalismo.  

Durante los años de dictadura franquista, el régimen justificó el golpe de Estado por “el peligro comunista”. Sin embargo, las justificaciones conservadores han ido evolucionando de manera que es cada vez más habitual oír a los políticos de derechas nombrar el supuesto fracaso de la República como causa directa y sustancial de la guerra y nunca culpar de la misma el golpe de Estado militar que degeneró en una guerra civil. 

Como ejemplo sirve la entrevista que Manuel Fraga concedió a El País en 2007 en la que aseguró: “Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!”. En esta misma línea se manifestó Esperanza Aguirre en un artículo publicado recientemente en ABC en el que afirmó: “La "II República fue un auténtico desastre para España y los españoles (…). Muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas -en algunos casos, absolutamente totalitarias- a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo".

Las justificaciones de la guerra civil de la derecha ya no son los rojos y marxistas sino los mismos políticos republicanos y su escasa habilidad y operatividad.  

2. El asesinato de Calvo Sotelo no precipitó nada. El hecho de que el golpe de Estado se produjera el 18 de julio no tiene nada que ver con el asesinato de Calvo Sotelo, que se produjo el día 13 de julio de 1936 y conocido el día 14. Su muerte, señala la obra “no precipitó nada” y “no tiene nada que ver”

De hecho, hubo un proyecto de atentado terrorista contra la vida de Azaña, como respuesta al asesinato de Calvo Sotelo, que fue abortado por los militares golpistas que se encontraban en la capital. “Prohibido terminantemente. Todo está preparado en Madrid y eso podría echarlo a perder”, le dijo el coronel Ortiz de Zárate a Eusebio Vegas Latapié, cabecilla del proyecto. 

3. La fecha del golpe dependía del apoyo fascista. La fecha de inicio del golpe está ligada a la promesa de intervención de la Italia fascista de Mussolini, con la que los monárquicos, liderados por Calvo Sotelo, suscribieron el día 1 de julio un acuerdo para la compra de una “espectacular cantidad de material bélico de primer nivel”. Estos contratos de venta de armas y promesa de intervención fueron firmados en Roma por Pedro Sainz Rodríguez con el apoyo personal de Antonio Goicoechea y “el más que probable conocimiento de Calvo Sotelo”. 

De hecho, la obra reproduce tales contratos, conseguidos por el historiador Ángel Viñas, que hasta ahora estaban inéditos, a pesar de encontrarse en archivos españoles, “quizá negligentemente olvidados o convenientemente evitados”, explica el coordinador Francisco Sánchez. 

4. No existen las dos Españas destinadas a enfrentarse. El hecho de que la ejecución del golpe de Estado dependiera de la llegada del armamento italiano permite al historiador Ángel Viñas desmontar otro mito repetido cientos de veces: la guerra civil no se produjo simplemente por cuestiones internas sino que contó con la connivencia de la Italia fascista, sin la cual “aquel golpe medio conseguido, medio fracasado” no se hubiese transformado en una guerra civil. 

La participación italiana no se produce, por tanto, una vez iniciada la contienda sino que su apoyo previo al golpe fue fundamental para las esperanzas golpistas. Los contratos conseguidos por Viñas muestran como Italia facilitó a España “más de 40 aviones, miles de bombas, gasolina etilada, ametralladoras y proyectiles” sin los cuales los militares sublevados no hubieran podido iniciar una guerra civil.   

“Esta tesis desbarata completamente la idea apocalíptica que ha acompañado durante décadas, y que creó cuerpo historiográfico, de las dos Españas destinadas a enfrentarse, del guerracivilismo como una realidad endémica del país y en particular de que hubiese una guerra civil no declarada dentro de la sociedad española en los años treinta”, escribe Sánchez. 

5. Los civiles monárquicos jugaron un papel crucial. El golpe del 18 de julio no solo fue obras de militares sino también de civiles, en particular de los monárquicos de Calvo Sotelo, que tuvieron un papel sustancial para que el golpe triunfase, y no meramente de apoyo. “Sin la trama civil interna, en una palabra, los militares golpistas quizá no hubiera tenido existo”, escribe Viñas. 

La importancia de los civiles radica en tres aspectos. En primer lugar, sin el apoyo del partido alfonsino, Renovación Española liderado por Calvo Sotelo, los golpistas probablemente nunca hubieran conseguido el apoyo armamentístico de la Italia fascista. En segundo lugar, la trama civil, según argumenta Viñas, fue fundamental para la preparación de la sublevación de Franco en los términos exactos que este había diseñado para Canarias. 

En tercer y último lugar, la trama civil fue esencial para crear las condiciones necesarias y suficientes para que pudiera florecer el movimiento insurrecional. La responsabilidad, en este caso, recaía en políticos y grupos de acción directa que debían conseguir “la deshumanización del adversario político”, “la provocación sistemática de la izquierda” y el estímulo y excitación de los propios partidarios”. 

6. La defensa de la Iglesia y del catolicismo no existió en el diseño y ejecución del golpe. Entre las motivaciones alegadas por los militares en sus bandos de guerra iniciales de julio de 1936 (incluido el del propio Franco) no se cita ni una sola vez la recurrente “persecución religiosa” ni tampoco hay clérigos entre los conspiradores. “Nadie se creía en julio de 1936 que los militares rebeldes comenzasen semejantes fusilamientos masivos en defensa de la religión”, opina Sánchez. 

No fue hasta bastantes días después cuando la propaganda de los rebeldes utiliza la defensa de la religión para justificar la guerra civil. Otra cosa es la postura de la mayoría de los obispos, que apoyaron el golpe casi de inmediato, ofreciendo un respaldo ideológico formidable motivados, en su mayoría, por la defensa de sus privilegios casi feudales. Los obispos españoles fueron los encargados de bautizar a la guerra como cruzada, pero cabe recordar que ningún papa utilizado el término cruzada para referirse a la guerra civil.

Mucho más que la religión, la justificación invocada por los golpistas era la amenaza de la revolución comunista y la de defensa de la nación española frente a los separatismos. La defensa de la religión no se sitúa en el mismo escalón que la defensa de la patria hasta el 8 de septiembre cuando fue publicado en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa de Burgos.

7. No había ninguna revolución comunista en marcha. Durante 39 años de dictadura franquista, el régimen señaló repetidamente que la sublevación militar fue la respuesta aun inminente levantamiento comunista. El anticomunismo sirvió a Franco para legitimar la insurrección contra el gobierno legítimo, presentándola como una contrarrevolución preventiva. 

Basta para desmentir estas teorías conspiratorias la propia declaración del entonces embajador estadounidense, Claude Bowers, que recoge la obra: “A aquellos que fuera de España después tuvieron que escuchar con machacona insistencia la calumnia fascista de que la rebelión era para impedir una revolución comunista, puede sorprenderles saber que durante tres años y medio nuca oí semejante sugestión de nadie, mientras, por el contrario, todos hablaban confidencialmente de un golpe de Estado militar”. 

Los motivos que llevaron a la sublevación a los militares fue frenar en seco las reformas progresistas, y democráticas, diseñadas en el primer bienio de la II República. Es decir, la reforma agraria, los estatutos de autonomía y la reforma militar.  De hecho, a pesar de la existencia de muchos discursos revolucionarios en la España de los 30, no solo obreros sino también burgueses, ninguna organización republicana u obrera se puso manos a la obra para subvertir el orden constitucional en la primavera de 1936. 

8. El golpe de Estado militar sí que prevé un plan de conquista del poder y de la guerra. Las derechas contrarrevolucionarias o antiliberales y ciertos sectores militares sí se pusieron manos a la obra para subvertir el orden constitucional y recabaron con éxito la intervención internacional de la Italia fascista antes del golpe, es decir, hicieron todo aquello de lo que acusaban falsamente a la izquierda republicana y obrera. Prueba de ellos son los contratos anteriormente mencionados; los planes de Mola que hacían referencia a una sublevación “sangrienta” que debía llevar a las tropas desde el extrarradio de la península a Madrid, ya que como predijo el propio militar: el golpe fracasaría en Madrid y Barcelona. 

9. En la primavera de 1936 no existía el terror rojo. “No había ninguna dinámica de exterminio ni liquidación de los enemigos de clase que pudiera continuarse después del 18 de julio, es decir, no se asesinaba a las gentes de orden”. Para demostrar esta afirmación y desmontar el mito del terror rojo en la primavera del '36, el coordinador de la obra Francisco Sánchez recurre a los datos. El número de empresarios y propietarios que fueron asesinados en los meses anteriores al 18 de julio es ínfimo y el de religiosos inexistente. “Por lo que sabemos murieron más empresarios entre 1919 y 1923 en toda España que en la primavera de 1936”, asegura Sánchez, quien añade que en 1923 fue asesinado un arzobispo y un cardenal (Soldevila). “Lo que no ocurrió en toda la República”, sentencia. 

10. La URSS o la Komintern no planeaban ninguna intervención en España. La Unión Soviética, en contacto directo con el PCE, no tenía previsto una intervención revolucionaria en España. De hecho, en ningún lugar de Europa entre 1918 y 1939 triunfó ninguna revolución obrera ni hubo ninguna “expansión comunista”, pues el comunismo “no puedo o no supo salir de la URSS”. 

Las pruebas que en este sentido ofrecieron los conspiradores fueron una serie de documentos cuya autoría se desconoce a “ciencia cierta”, pero que “diversos indicios permiten endosárselas al propio Mola”. Estos documentos venían a señalar el inicio de una revolución soviética en el verano del '36.  No obstante, una vez iniciada la guerra, esos documentos que habían sido el hazmerreír de muchos cuando se hicieron públicos, se transformaron en una de las principales herramientas propagandísticas del bando franquista. “Y sorprendentemente, todavía hoy continúan siendo esgrimidos por algunos para justificar la rebelión militar”, sentencia Sánchez.

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