15 de enero de 2014

Estimada Mª José ... recuerda que aunque a veces hay malas experiencias, nunca debes retroceder ni rendirte, quien persevera alcanza.
Joan Busquets i Verges. Exmaqui libertario del Berguedá 28/12/2013
"Muero contento, porque equivocado o no, muero por una idea" Manuel Barreiro dos días antes de ser fusilado 12/3/1939

domingo, 12 de julio de 2009

Los obispos vascos consuman en una misa su desafío a Rouco Varela

Los prelados homenajean a 14 religiosos fusilados por el franquismo pese a la oposición del cardenal. El funeral, celebrado en Vitoria, subraya que los curas ejercían su "ministerio" sin hacer política
12/07/2009 ANA GARBATI No hubo representantes de la Conferencia Episcopal en el solemne acto religioso con el que ayer se rehabilitó en la catedral nueva de Vitoria a 14 religiosos vascos fusilados por las tropas franquistas. La ceremonia, organizada por los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria con el propósito de "purificar la memoria, servir a la verdad y pedir perdón", confirmó como "inaceptable" el silencio con el que "medios oficiales de nuestra iglesia" han envuelto durante años la muerte de los 12 sacerdotes, un misionero claretiano y un carmelita descalzo.
Porque nunca hasta la ceremonia de ayer hubo una oración pública por José Adarraga, Gervasio Albizu, José Joaquin Arin, José Ariztimuño, Leonardo Guridi, José Iturrikastillo, Martín Lekuona, José Marquiegui, Alejandro Mendikute, Zelestino Onaindia, José Otano, José Ignacio Peñagarikano, José Sagarna y Román de San José Urtiaga. Todos ellos estaban destinados en puntos del País Vasco y todos fueron ejecutados entre julio de 1936 y junio de 1937 por quienes vencieron en la guerra civil.
JUSTICIA REPARADORA La diferencia entre estos 14 y el resto de sacerdotes y religiosos ejecutados en ese mismo periodo --se cifran en más de 70-- es que los recordados ayer quedaron excluidos del reconocimiento como mártires. La protesta que esta exclusión generó entre familiares y fieles de Euskadi llevó a la jerarquía de la iglesia vasca a efectuar una reflexión sobre lo sucedido, que desembocó en el funeral de ayer. "Estamos reunidos para vivir juntos un acto de justicia reparadora y reconciliadora", afirmó en la homilía el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi. Quiso explicar que la celebración servía para "purificar la memoria" y no rebajó ni un ápice el tono autocrítico al defender que el "largo silencio" en torno a los trágicos hechos no solo fue una "omisión indebida", sino una falta contra "la verdad, la justicia y la caridad". Por eso, consideró que el funeral saldaba "una deuda" con quienes fueron apresados y luego fusilados cuando ejercían "su ministerio sacerdotal con dedicación y entrega".
TAREA EN DUDA Esta afirmación rompe con el recurrente argumentario de que los curas hacían política. La propia jerarquía eclesiástica lo ha dado por bueno en más de una ocasión con el fin de poner en duda la tarea que desempeñaban en sus respectivos destinos los sacerdotes homenajeados.
A lo largo del oficio funeral se recordó a "todas las víctimas" de la guerra civil "de uno y otro bando". La homilía no mencionó a Franco, pero sí renegó de una "contienda" que, se aseguró, "jamás debió producirse". En un claro vínculo con la realidad actual vasca, además, el obispo de Vitoria abogó durante la ceremonia por un futuro en el que la sociedad tenga la "fuerza necesaria" para lograr rechazar la violencia "como medio de resolución" de diferencias.
Cientos de fieles asistieron a la ceremonia presidida por Asurmendi. Le acompañaron los prelados de Bilbao, Ramón Blázquez y Mario Iceta, y de San Sebastián, Juan Maria Uriarte. También asistieron al acto el obispo emérito José María Setién y más de 200 sacerdotes.
Familiares de los 14 curas fusilados ocuparon un lugar preferente. En nombre de todos ellos, Andoni Lekuona, sobrino de uno de los presbíteros ejecutados, recitó al final unos bertsos (versos normalmente improvisados y cantados en euskera).
En el exterior de la catedral alavesa se concentró un grupo que trabaja en la recuperación de la memoria histórica. Los integrantes del colectivo dijeron que no participaban en el acto porque en su seno hay gente de distintas "sensibilidades" religiosas y porque, además, en el interior del templo hay un gran escudo franquista.

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