15 de enero de 2014

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domingo, 23 de noviembre de 2008

Un auto para hacer justicia a la memoria

El último escrito de Garzón sorprende por su narración al detalle de los crímenes

"Cuando las reclusas volvieron del patio, sus hijos ya no estaban"

MIGUEL ÁNGEL MARFULL - Madrid - 21/11/2008 21:41
"Es el libro más apasionante que he leído en muchos años". El hispanista Ian Gibson elogió así el último auto del juez Baltasar Garzón. El fondo del escrito deja en manos de los juzgados ordinarios la investigación de los crímenes del franquismo, pero su forma relata de manera pormenorizada el terror que siguió a la Guerra Civil e incide en la necesidad de condenarlo. Debería ser "un anexo" de la Constitución, defendieron el pasado jueves los intelectuales firmantes de un manifiesto en apoyo al intento de recuperar la memoria colectiva que ha abierto el magistrado de la Audiencia Nacional.

"Los hechos son los que son, y este instructor no los ha inventado", escribe Garzón. Alejado de la ininteligible retórica judicial, el auto del juez explica por qué la dictadura franquista constituye una larga colección de crímenes contra la Humanidad. La locura nazi se juzgó en Nuremberg entre 1945 y 1949. El discurso de apertura de ese proceso, a cargo del fiscal norteamericano Robert H. Jackson, arranca también la esencia de los argumentos del juez Garzón: "Los pueblos, si callaran, participarían de estos crímenes, porque el silencio sería consentimiento".

El manifiesto de apoyo a la causa iniciada por el magistrado pide al Gobierno, precisamente, que hable, que se pronuncie con hechos para que "cumpla con su obligación de proteger a las víctimas".

Nuremberg contra el olvido
A lo largo de 152 páginas, Garzón repasa el nacimiento de la dictadura, que se saldó con más de 110.000 desaparecidos. El discurso de Nuremberg "era y es perfectamente aplicable a unos hechos ocurridos unos años antes en España, enmarcados en una actuación sistemática que la acción totalitaria de la época impuso en España, Italia y Alemania contra todos aquellos que tenían una ideología diferente o se integraban en grupos contra los que se dirigió el exterminio", explica el juez.

"Si el fiscal Jackson, en su acta de acusación contra los criminales nazis, hubiera utilizado el criterio que aplica el fiscal de la Audiencia Nacional [contrario a la iniciativa de Garzón], Nuremberg no habría existido", defiende el magistrado en su escrito.

El auto describe la represión franquista como una "actividad planeada y sistemática de desaparición y eliminación de personas por razones ideológicas". Garzón acusa en su texto el rechazo de los sectores más reaccionarios a la causa de la reparación de la memoria: "Las víctimas no se merecen una resolución que desconozca sus derechos ni la escenificación que cínicamente se está haciendo desde algunos sectores con una frivolidad difícil de calificar, apelando a los más bajos instintos y tratando de resucitar fantasmas de confrontación, cuando tan sólo se pretende dar una respuesta judicial demandada dentro del ámbito que se le reconoce en su derecho", escribe Garzón.

La impunidad y el olvido
¿Quedan impunes los criminales de la dictadura? "No es lo mismo declarar extinguida la responsabilidad de los principales cabecillas, por fallecimiento, que otorgarles la impunidad, el perdón y el olvido judicial", responde el juez. "Que una investigación sea difícil no significa que sea imposible", se justifica. El tiempo, y los 62 juzgados que heredan su causa, dirán.

El delito existió, y permanece, según Garzón. "¿Pero, y los posibles responsables?, estarán entre los 90 y 100 años, o muertos", responde. "¿Por qué los posibles represores españoles vivos deben ser de mejor condición que los nazis, cuando los hechos son similares, el tiempo es similar, y las víctimas corresponden al mismo segmento de población, nacionalidad e ideología? Realmente incomprensible", se lamenta el magistrado.

Eugenesia nazi en versión española
"En 1938, algunos miembros de las Brigadas Internacionales presos en San Pedro de Cardeña (Burgos) y mujeres presas republicanas en la Prisión de Málaga fueron sometidos a test físicos y psicológicos extraños", relata Garzón en su auto. La eugenesia nazi tuvo su versión española en el delirante intento del "psiquiatra en jefe de Franco, el doctor Antonio Vallejo Nájera para identificar las raíces psicofísicas del marxismo". "La enorme cantidad de prisioneros en manos de las fuerzas salvadoras de España permite efectuar estudios en masa", escribe Vallejo Nájera en 1938. Años después, este psiquiatra alertaba "sobre el daño que podía hacer el ambiente democrático en los niños", recuerda Garzón. En su escrito explica la idea franquista de "combatir la propensión degenerativa de los muchachos criados en ambientes republicanos, debiendo ser segregados en centros adecuados". Estas ideas "tendrían aplicación práctica inmediata en la posguerra, específicamente sobre los hijos de las presas republicanas encarceladas por motivos políticos", explica el magistrado.


Una dictadura de 40 años en 152 folios

La represión

"Los hechos son los que son, y este instructor no los ha inventado"
(Pág.130) Garzón defiende en su auto que "la acción criminal" desplegada por la dictadura fue "general y sistemática". "Por eso la Justicia debe actuar", señala.

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