
La dotación la componían 40 hombres y solo hubo tres supervivientes. El resto todavía descansa dentro del pecio , a 70 metros de profundidad, en el lugar que los pescadores conocen como el “Bajo del Submarino”. Surgieron diversas versiones sobre el siniestro. Como la que afirmaba que el mando republicano que ordenó salir a navegar al C-3 era un traidor. Que sabía que los alemanes lo estaban acechando y que en el deplorable estado en que estaba- sin electricidad para sumergirse y con un motor renqueante (el otro estaba a reparar en Almería)- se convertiría en un blanco seguro. También se barajó la hipótesis de que dada la escasa potencia de la explosión ( la mayoría de los testigos coinciden en esto) no hubiera sido torpedeado. Que el hundimiento fue por otras causas y lo que hubo fue una reacción química del ácido de las baterías en contacto con el agua del mar.
Pero el mensaje que el comandante del U-34 envió ese mismo día al mando alemán no deja lugar a dudas sobre las causas del naufragio : “Hundido submarino rojo tipo C frente a Málaga” . El silencio y oscurantismo que rodeó el caso hizo que las familias pasaran años sin saber que había sido de los suyos y convirtió al C-3 en un submarino fantasma. Fue en 1996 cuando unas manchas de de aceite y gasoil ( todavía hoy en día afloran a la superficie) guiaron a un pescador deportivo hasta el lugar exacto donde reposa el pecio. En el año 1998 , 62 años después del hundimiento, una formación de buques de guerra , encabezada por el portaeronaves “Príncipe de Asturias” , rindió por primera vez en la historia honores al C-3. Un gesto significativo aunque insuficiente para estos héroes de nuestra Armada. Tenemos la obligación moral de reflotar el submarino. No solo como parte de nuestra historia, sino también para intentar compensar a unas familias que han sufrido durante toda su vida el estigma de ser viudas y huérfanos de “rojos”. Unas familias que nunca han podido dar sepultura a sus seres queridos, ante la pasividad e incomprensión del Ministerio de Defensa . No olvidemos que son marinos de guerra españoles y que perdieron sus vidas defendiendo a su país. Por eso, es deber del Gobierno Español rescatar el submarino C3. Para que su dotación pueda descansar en paz y restaurar su dignidad. O, mejor dicho, para devolvérsela a los que nunca la han perdido.
No hay comentarios :
Publicar un comentario